Él volvió a tumbarse a mi lado en el jacuzzi, durante un rato nos relajamos sin hablar solo apaciguando nuestros cuerpos. Unos minutos después cogí un gel aromático de un cesto que habíamos tirado en pleno éxtasis y tras enjabonarme hice lo mismo con él que se limitaba a mirarme y sonreírme agradecido. Salí del jacuzzi y me sequé mientras el salía, luego se secó y yo fui hacia la cama, tiré la toalla al suelo y me lancé sobre la mullida cama. -Pareces una chiquilla… eres una chiquilla. -Ya no te gusto –hice un puchero exagerado abrazándome las rodillas flexionadas- -Me enloqueces criatura –dijo sentándose con cuidado en la cama- Me lancé a su espalda e hice que se tumbara mientras le daba besitos por todo el cuerpo subida sobre él, sin buscar sexo. Él me dio un par de palmadas en el

