Compruebo con una sonrisa maligna que me duele cada milímetro de mi cuerpo. No quiero despertar aun, no quiero que todo acabe aquí y ahora. Cierro los ojos y empiezo a rememorar lo sucedido unas horas antes. Paseaba por el puerto sin prisas, disfrutando del frio que estiraba la piel de mi rostro, dispuesta a aprovechar ese fin de semana en soledad. Una hora después, regresé al hotel, sin prisas. Subí a mi lujosa habitación y me desnudé mirándome en el enorme espejo, este me devuelve la imagen de un cuerpo aun joven y terso. Sonreí al recorrer con mi mirada las curvas, algo excesivas para mi gusto, me paso media vida a dieta. Mientras me sumergía en el agua caliente y espumosa, recordé a Julián. Su sonrisa cuando me quejó de estar gorda y su respuesta instantánea: “estas buenísima, a mí

