Tras saludar al conserje fui hacia el ascensor oyendo el repiquetear de mis tacones en el mármol del suelo. Pulsé el botón y unos minutos después abría la puerta de aquel apartamento con mi propia llave. Esta no estaba prendida a nada, ni llavero, ni cinta, nada… solo el frio metal descansaba ahora en mi puño, la apreté con fuerza como si sentir algo en la mano aplacara el calor que recorría mis entrañas… esa sensación que sentía siempre que le esperaba. Era una mezcla de deseo, temor a que no viniera y nervios por la anticipación. Como ya era costumbre me quité los vaqueros, la camiseta, mi ropa interior y tras doblarla y dejarla en el armario de la entrada junto a mi bolso y mis zapatos, recorrí completamente desnuda el pasillo que me llevaría a la habitación que tan bien conocía. La

