Hola de nuevo, sigo contándoos como mi jefe me convirtió en su zorrita. Cada día me gustaba más serlo, ese hombre me proporcionaba más placer del que nunca soñé siquiera. A veces me deja sin habla, es como si dentro de él hubiera dos personas, totalmente diferentes, cuando estamos solos, soy su puta aunque no me folle y cuando salimos fuera me trata como a una princesa. Siempre hay regalos para mí sobre el escritorio. Ropa, zapatos, ropa interior, cheques de tiendas y a veces para que me sienta más puta, cuando acaba de follarme, me tira un par de billetes y me dice “cómprate algo bonito” eso me excita muchísimo. Hemos reajustado la rutina, por la mañana pasamos varias horas en la oficina y luego me marcho, si no como con mi madre, el me lleva a comer y por la tarde voy un par de horas

