1. ❣ Despierta❣
Joshua Garret
— ¡No puedes quedarte dormida!
La desesperación comenzó a hacerse evidente en mis palabras. Mis labios temblaron experimentando una notable tensión en todo mi cuerpo.
—¡Isabella, no te puedes quedar dormida! Es momento de que abras tus ojos. —vociferaba con desesperación.— Te pido que me escuches. No te puedes morir aquí.
Dos horas antes
El amor representa una semilla que requiere ser cultivada diariamente. Se debe atender y cuidar sin imposiciones, simplemente se permite que florezca de forma natural.
Estaba cocinando mientras tarareaba la canción “Locked out of heaven” de Bruno Mars, mientras Isabella se colocaba en contra de la meseta.
Era imposible para mí estar lejos de ella, necesitaba estar a su lado constantemente. Por el rabillo de mis ojos noto como se acercaba sigilosamente, sonreía levemente volviendo a concentrarme en lo que estaba haciendo.
—Cariño, ¿Ya vas a terminar? — Inquiría saber Isabella con impaciencia.
—Ya casi termino. —murmuró con alegría— También depende de qué te apetece para desayunar, estos huevos... o a mí —dije de forma muy coqueta.
Sentía como me rodeaba con sus brazos, depositando delicados besos en mi espalda. Escuchaba su risa suave. Realizaba con destreza movimiento con la espátula para sacar los huevos del sartén intentando impresionarla. Cada día intentaba aprender nuevos detalles para ella queriendo mantener a Isabella expectante de mí. El aroma del tocino y los huevos despertaba mis sentidos, delicioso al punto que me hacía rugir ligeramente mi estómago. Volvía a sentir otro suave beso en mi espalda mientras escuchando un ligero murmullo en su garganta que revelaba su alegría. Aquello, me hizo reír levemente haciéndome sentir relajado.
Esa mañana nos alistábamos para nuestra excursión a Playa Escondida, en tierras mexicanas. Después de encontrar un anuncio en línea, optamos por disfrutar de unas vacaciones de Acción de Gracias previas a la Navidad. Era un CEO dueño de una de las empresas financieras más populares y mejor posicionada en Boston, mientras Isabella se desempeñaba como educadora en un jardín de infancia.
Fue en nuestro último año de secundaria cuando nos encontramos por primera vez. Al principio, nuestra relación de "amistad" era muy tensa, pero de repente, todo cambió y nos enamoramos. En los últimos ocho años he disfrutado de una vida increíble y me sentía agradecido cada día por tenerla a mi lado. Ella tenía mi corazón de diversas maneras, me sentía completamente enamorado a medida que transcurrían más el tiempo al descubrir aspectos suyos que me encantaban. Para nosotros parecía que el tiempo nunca pasaba, muchos decían que el amor se desvanecía con el tiempo, pero para nosotros simplemente crecía aún más.
—Cariño, si continúas apretándome con tanta intensidad, no podré terminar.
Entre leves sonrisas escuchaba como Isabella replicaba que era sencillo lo que hacía, que solo era romper unos cuantos huevos.
—¿Piensas así? Bien, ahora tengo claro qué más puedo romper.
Después de apagar la estufa, me voltee un poco regalándole unos apasionados besos. Tenía una barba crecida desde hace un par de días lo cual le provocaba una ligera sonrisa tras hacerle cosquilla. Nos envolvimos en un abrazo, entregándome a la calidez de sus caricias exclusivas que solo Isabella sabía brindarme.
Con destreza y rapidez, la alzaba sujetándola por las piernas para sentarla en el fregadero, sin interrumpir nuestro apasionado beso. El beso se transformó en una dulce caricia, que a su vez provocó un susurro de placer, este susurro se convirtió en su éxtasis abrumador que culminó en un intenso clímax. Ambos explotamos con una inmensidad de luces de colores donde respirábamos agitados por unos momentos mientras nos recomponíamos. A pesar de que mantenemos una vida s****l activa, optamos por tomar precauciones ya que no nos considerábamos listos para ser padres.
—Cariño, es hora de alistarnos—susurraba con tranquilidad, mi voz sonaba áspera por lo que habíamos hecho. Acomodaba mis pantalones y luego la asistía para arreglarse— No olvides que debemos dirigirnos al aeropuerto.
—Lo se, mi amor. Es hora de alistarnos.
Tras el desayuno, nos dispusimos a encontrar nuestras maletas. Los rayos del sol nos brindaban calor, a pesar de que percibíamos la frescura de la época. Cargaba las maletas en el automóvil y, después de verificar que todo estaba cerrado mientras yo comenzaba a manejar.
—Cariño, ¿tienes en mente qué regalo le compraras a tu madre para la época navideña? —preguntaba curioso.
—Joshua, no estoy completamente convencida. —hizo una ligera mueca de molestia. — La vez anterior que le obsequié esa pintura que tanto anhelaba, terminó guardándola en el garaje.
Mientras manejaba, deje escapar una leve risa. Después de un breve momento, me detuve frente a un semáforo que estaba en luz roja. De manera sorprendente, la circulación de vehículos era inusualmente reducida para la temporada. Desde mi ventana, se podían divisar las aves revoloteando nerviosamente a lo lejos.
—Te recomendé que le regaláramos ese viaje a Italia para que pudiera despejar sus pensamientos.
—Cierto. —suspiró suavemente—Quizás habría sido conveniente prestarte más atención.
Isabella decidió abrir Spotify en mi celular con la intención de escuchar algo de música. Al cambiar la luz del semáforo, aumente la velocidad con delicadeza para seguir nuestro camino. Todo ocurrió de manera veloz. Un sonido agudo de un automóvil retumbó en mis oídos como si fuera un trueno impactando contra el suelo. Volteé velozmente mi cabeza y observé cómo un vehículo se aproximaba incesantemente hacia el asiento del acompañante, donde se encontraba sentada Isabella. La note colocar su mano derecha sobre la puerta de manera instintiva. Por otro lado, yo comenzaba a girar el volante con rapidez intentando evitar el choque.
—¡Joshua! ¡Nos van a chocar! —gritaba con desesperación.
La rapidez con la que ocurrió todo no contrastaba con la sensación de eternidad que experimenté con mis ojos. En un instante, reviví mi vida, colmada de inquietud, angustia y terror, sentimientos que me abrumaban internamente.
Giraba el volante tanto como podia, Isabella lanzaba gritos aterrorizado que me hacía dar cuenta que estábamos en la vida real, anhelando pensar que todo eso fuera una simple pesadilla. Aunque me esforzaba al máximo por evitar la colisión, el desenlace catastrófico parecía inevitable. El coche de color escarlata impactó contra su puerta, el estruendoso ruido invadió mis sentidos. El impacto alcanzó su cuerpo de lleno, provocando que su cabeza chocara con la puerta. Nuestro auto giraba varias veces hasta por fin detenerse.
El dolor en todo mi cuerpo fue tan inmenso que mi cerebro parecía que no lo procesaba completamente, no grite, no hice absolutamente nada, aunque solo pude sentir un extremo cansancio de repente. Notaba a Isabella colocarse la mano en la cabeza como si le doliera, mi rostro debía revelar el intenso terror y pavor al verla recostarse. Intentaba ayudarla, pero así como ella cayo inconsciente…mi cuerpo también lo hizo.
=====♡♥♡♥♡❣♡♥♡♥♡=====
Desperté poco a poco, con una sensación de confusión total al abrir los ojos. Hice un gran esfuerzo por traer a mi memoria los sucesos pasados. Experimentaba dolor en las piernas, una sensación de opresión en la cabeza y temblores en los brazos. Recordé con intensidad la avalancha de sentimientos que me invadió al tratar de evitar la colisión con el automóvil junto a Isabella. Al ver que su cabeza descansaba en la consola del automóvil a mi lado, parpadeé velozmente. Observé cómo su preciosa camisa con estampado de flores se teñía por completo de un intenso color carmesí a causa de la sangre.
—Despierta, cariño —dije mientras movía suavemente su hombro con mi mano.
Continué agitándola con algo de fuerza, sin embargo, no respondió ni despertó. Estaba completamente dormida, mostraba tanta serenidad que nadie imaginaria que había tenido un accidente. Comencé a experimentar sensación de frío en mi cuerpo y mis párpados se movían velozmente. Mi corazón palpitaba con intensidad, mis manos comenzaron a transpirar y mi respiración se volvió algo irregular. Incluso al agitarla con determinación, sentía como si mi espíritu estuviera abandonando mi ser.
—¡Oye, Isabella! ¡Despierta ya! ¡Tienes que despertar! —gritaba con angustia— ¡No puedes quedarte dormida!
La desesperación comenzó a hacerse evidente en mis palabras. Mis labios temblaron experimentando una notable tensión en todo mi cuerpo.
—¡Isabella, no te puedes quedar dormida! Es momento de que abras tus ojos. —vociferaba con desesperación—Te pido que me escuches. No te puedes morir aquí. —volvía a agitarla sintiendo agujas en mi garganta mientras le hablaba. El dolor mental que me estaba causando al imaginar que ella había muerto poco a poco me hacían perder mi cordura—Isabella, no puedes abandonarme. No pienso permitirte irte. —comenzaba a sollozar gritando con exasperación—Tu ausencia seria insoportable para mí.
Percibí un líquido deslizándose por mi cara, sin poder distinguir si era sangre o lágrimas. Sumido en una profunda desesperación al imaginar que mi querida se alejaba de mí irremediablemente. Intentaba liberarme sin poder hacerlo, impotencia invadió mi cuerpo pues no podia hacer nada. Quería sacarla, liberarme, protegerla, pero la carrocería reprimía mi cuerpo a mantenerme quieto.
—¡Te ruego! Mi amor, —hipeaba entre leves lágrimas, mi garganta estaba totalmente seca por querer gritar aun mas— te suplico con todo mi corazón, por favor—con impotencia acaricia su rostro— despierta, Dios bríndame tu ayuda.
Escuché un suave susurro escapar de sus labios, lo cual me hizo inhalar suavemente.
—Hey, ¿todo en orden? Hemos llamado al número de emergencia.
Escuché a alguien gritar en la distancia.
—¡Mi esposa, no logra despertar! —vocifere ansioso—Necesito su ayuda.
Trataba de desplazarme, pero mis piernas estaban aprisionadas debajo del automóvil. Un grupo de personas se acercaron para brindarme asistencia. Después de un arduo esfuerzo en conjunto, lograron finalmente mi liberación. Gracias a su ayuda, logré desbloquear la puerta lateral donde se encontraba Isabella, justo antes de la llegada de los paramédicos.
Un paramédico indicó que no era necesario que la tocaran, ya que ellos se encargarían de la situación.
—Te lo ruego ayuden a rescatar a mi esposa. Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa—Mi voz se quebraba— Necesito que la salves; si no despierta, moriré.
—Por favor, sería conveniente que nos permitiera un poco de espacio.
Retrocedió, viendo cómo la acomodaban en una camilla tras colocarle un soporte cervical. Los acompañé y me uní al equipo médico en la ambulancia mientras trabajaban para que recobrara la conciencia.
—¿Cuál es su nombre?
—El nombre de ella es Isabella Garett.
—¿Qué edad tiene?
—Su edad es veintiséis años.
—¿Cuál es su grupo sanguíneo?
—Tipo sanguíneo AB positivo.
El trayecto en la ambulancia parecía interminable. Mientras los paramédicos se esforzaban por preservar la vida de Isabella, yo era testigo impotente de sus últimos alientos. Cada vez que cruzaba por mi mente que podía perderla, mi corazón retumbaba con fuerza, mi alma también quería salir de mi cuerpo. Al llegar al hospital, los paramédicos se apresuraron a llevarla. Hice el esfuerzo por acompañarlos, consciente de la importancia de estar junto a ellos, aunque algunos doctores me lo impidieron.
—Es necesario realizarte un examen médico.
—Me encuentro bien.—respondía con intensidad en ese instante— Solamente deseo conocer el estado de mi esposa—replicaba ansioso.
—No se puede, es necesario que te examinemos. Quizás la emoción está ocultando alguna secuela.
Después de ser examinado y confirmar mi buen estado, logré dirigirme a la sala de emergencias. En ese lugar observé al conductor que causó el accidente; falleció en la colisión. Al parecer, el automóvil presentó problemas además de que el conductor sufrió un paro cardíaco. Acudí a la sala de emergencias. Permanecí durante un extenso período creyendo que me encontraba bajo un castigo celestial. Los segundos se extendían como si fueran eternidades. Me levantaba, tomaba asiento, recorría el espacio, giraba y regresaba repetidamente, con la sensación de que el tiempo no avanzaba.
En momentos de ansiedad, solía sujetar mi cabello con fuerza, como si intentara arrancármelo por completo. La preocupación me llevaba a creer que perdería el cabello. Una enfermera se aproximó hacia mí, notó mi preocupación y, con una sonrisa genuina y una mirada serena, me dirigió palabras amables.
—He traído algo de té para ti.
Observé el vaso, lo cogí con mis manos y percibí su temperatura, temiendo que mis manos heladas lo enfriaran en exceso.
—Ayudará a calmar tus nervios.
—Agradezco tu atención. ¿Tienes información sobre el motivo de la demora en su operación?
—Aunque no tengo certeza por que tardan, conserva la fe. En el día de hoy, el principal especialista en cirugía se encuentra en el centro médico. Recién llegado de una conferencia en Inglaterra, hoy se encuentra el Dr. Elijah White. Puede estar tranquilo, su esposa está siendo bien atendida.
En el momento en que la compasiva enfermera me brindó optimismo acerca de la cirugía, decidí cerrar los párpados. Después de beber un poco de té, me acomodé en uno de los asientos del centro médico. Comencé a orar con las manos unidas. Solicité a los cielos que mi esposa regresara a mí y que estuviera protegida. Hice una promesa de renunciar a todo lo que pudieran quitarme, pero era indispensable que estuviera viva, a mi lado.
Los segundos se transformaron en minutos, y estos en horas, mientras seguía allí sentado, experimentando una agonía lenta y a punto de desequilibrarme mentalmente. En el momento en que creía que ya no había salida, escuché algo que renovó mi espíritu.
—La familia con la paciente Isabella Garret. —escuchaba a una voz llamando.