Elijah White
Caminaba con pasos certeros por el pasillo del hospital. Mientras mi mente estaba completamente ausente, observaba el constante trasiego de enfermeros, médicos y pacientes a mi alrededor. Al no tener compromisos agendados, era muy probable que acabara yendo a mi oficina para ocuparme de algunas tareas administrativas. Mientras deambulaba por el corredor, observaba a una mujer con melena oscura y mirada intensa conversando con una enfermera... la identifiqué al instante.
Como podria olvidarla.
La notaba hablando de manera provocativa. Se comenta que las personas podían mostrar un aura a su alrededor, y la suya era la de una serpiente... pero no una serpiente cualquiera, sino una mamba negra. La vi marcharse después de entregarle una tarjeta a la enfermera, lo cual despertó mi curiosidad. Me aproximé a la enfermera con una sonrisa serena y amable.
—Doctor White. —saludo está moviendo levemente su cabeza.
—Señorita Ressoni, la señorita de hace unos momentos ¿Puedo saber que le estaba preguntando? —mi mirada se dirigió hacia el camino que esta caminaba.
La miraba caminar con unas caderas muy marcadas y un porte imponente, no resultaba extraño que varios hombres se volvieran al verla pavonearse con elegancia. Seguro ella era consciente de su belleza y disfrutaba exhibiéndola, como si le resultara entretenido.
—La señorita que acaba de irse me hizo unas preguntas algo inusuales.
—¿En serio? ¿Que le pregunto? —suavizaba mi tono para aparentar indiferencia.
—Dijo que quien podia facilitarle información sobre exámenes de ADN y quien era el encargado de los resultados.
Al oír eso, levanté ligeramente una ceja. Por lo general, una persona común solía preguntar sobre la duración de los resultados y los lugares donde podía obtenerlos... sin embargo, la pregunta que hizo sobre el encargado acerca de la entrega de los resultados fue bastante extrañas. Eso activó todas mis alarmas, y de repente, vino a mi mente aquel suceso de aquella noche.
Joshua permanecía en mi memoria como estaba esa noche sumamente inquieto, extremadamente ansioso, con un parpadeo acelerado. Desde mi mesa lo note acelerado, lo odiaba…demasiado…pero era un médico. Daba prioridad a salvaguardar vidas por encima de mis propias emociones. Por ser una persona ética en mi profesión, me puse de pie de la mesa en la que estaba con mis amigos para acercarme y averiguar qué le ocurría, momento en el que lo divisé.
En ese preciso momento, Joshua salía del bar cuando percibió a aquella dama con una peluca pelirroja. Sin dudarlo, se apresuró hacia ella con paso decidido. Observé cómo la mujer se despojaba velozmente de la peluca, ejecutando el gesto con tanta destreza que parecía premeditado. Acto seguido, tomó su teléfono, continuó su camino con total naturalidad, permitiendo que Joshua la empujara sin inmutarse.
Cuando lo vi por primera vez, me invadió una sensación de confusión leve, no lograba entenderlo. La forma en que la besaba era tan apasionada que resultaba imposible de describir, sin entender porque en vez de detener esa escena solo decidí hacer un video. Moví la cabeza suavemente tratando de olvidar esa escena que resultaba un tanto inquietante. Me obligue a volver a la realidad mirando a la enfermera.
—¿Podría facilitarme la tarjeta que recibió?
—Por supuesto, — me entregaba su tarjeta—Mencionaba que si alguien en esa zona requería dinero, podía comunicarse con ella.
Al oír eso, mis dudas se activaron. Observé la tarjeta y noté el nombre en ella, lo cual me hizo sospechar que ella tenía la intención de modificar un examen de ADN. Sin embargo, me preguntaba cuál sería la razón detrás de esto. Y lo más relevante, ¿con qué propósito? Mientras me sumergía en mis reflexiones, diviso a un enfermero aproximándose hacia mí.
—Doctor White, que bueno que le encuentro. El Doctor Binchi tuvo una emergencia y no puede atender a su paciente que esta por salir de su terapia ¿Le gustaría hacer su cita?
—Claro, dame sus documento y yo me encargo.
Cuando recibía la información en mi pantalla notaba que estaba el nombre de Isabella. Un suave palpitar acompañado de desilusión hacia mí mismo se apoderó de mí sin que pudiera evitarlo. Me dirigí hacia la habitación donde se encontraba, como si estuviera siendo atraído por algún tipo de fuerza magnética que me llevaba hacia ella.
Que no decir de ella…
Siempre fue esa joven que rondaba a mi alrededor y a la que no le había prestado atención por ser prima de Lorenzo, a quien consideraba como una hermana... pero a medida que crecía, su atracción hacia mí aumentaba al igual el que yo sentía por ella.
No se si me gustaba porque la amorde en lo que me gustaba.
No se si me gustaba cuando entre leves sollozos se entrego a mi esa noche esa primera vez.
No se si fue cuando sus palabras de amor me derritieron.
Sin embargo, todo aquello fue arruinado a causa del temor, la falta de decisión y un fallo que todavía me atormenta.
¿Cuánto tendría?
Probablemente en este momento estaría celebrando su noveno cumpleaños.
¿Habría sacado mis ojos o los de ella?
Quien sabe, siempre me quedare con esa duda.
Al enterarme de que Isabella esperaba un hijo mío, me puse muy nervioso y asustado, ya que apenas había comenzado mis estudios en la facultad de medicina. Mis convicciones estaban firmemente arraigadas en mi deseo de ser médico y no podía permitir que la llegada de un hijo me detuviera.
No podia.
Pero esa decisión acabo con Isabella. Presencié su llanto, su deterioro, su autoinculpación, y al descubrir que todo se debía a mí, simplemente me dio la espalda. Le supliqué su perdón, le pedí que me escuchara, que nos diéramos otra oportunidad juntos... pero rechazó mi solicitud de manera categórica.
Experimentaba una gran carga de culpa y hasta el día de hoy sigo reflexionando sobre aquel error que cometí creyendo que beneficiaría a los dos por ser jóvenes.
Todavía resonaban en mis oídos sus gritos llenos de ira y rabia, anhelando mi muerte... y, francamente, después de lo ocurrido, yo también ansiaba que eso sucediera.
¿Por qué?
Yo había sido el causante del aborto de Isabella.
Como estudiante de medicina, tuve acceso a las pastillas para interrumpir un embarazo. Ella tenia aproximadamente un mes y medio, solo necesitaba adquirir los medicamentos mifepristona y misoprostol. Escondí una de ellas dentro de su postre favorito, el delicioso pastel de manzana. La administración de la segunda pastilla resultó más difícil ya que era necesario colocarla debajo de la lengua. Logré persuadirla de que se trataba de un suplemento vitamínico para nuestro hijo. Le di las instrucciones sobre cómo debía ser y confió en mí.
Después de eso el reloj comenzó a marchar y en un par de horas, todo dio inicio...
Empezó a derramar sangre. Se sentía muy inquieta y temerosa al preguntar si todo estaba en orden cuando me llamaba para preguntarme... no fui sincero... le aseguré que todo estaba bien.
Con el propósito de calmarla, decidí llevarla de excursión durante tres días para acampar el fin de semana y así pudiera capturar la belleza del paisaje en fotografías. Jamás podré olvidar la belleza de su sonrisa, siempre estará en mi memoria.
Ella se encontraba llena de felicidad sin sospechar que yo había causado la muerte de nuestro hijo.
Pero mi más grande secreto dio un gran giro inesperado. Fue a través de una charla con un amigo que se enteró de todo, lo cual la llevó a distanciarse de mí. Sus gritos resonaban con intensidad, especialmente cuando me reprochaba que hubiera preferido que le hubiera sido infiel, como sucedió en el pasado.
Entre lagrimas me perdono mi infidelidad cuando apenas empenzabamos pero sabia que le dolía. Habia cambiando por ella. No tenía interés en otra persona, pero al visualizarme como padre sin estar listo, tomé una decisión apresurada sin pedir su opinión... ya que sabía que ella deseaba ser madre.
Con calma, giraba la manija de la puerta del consultorio. Levantó su rostro y nuestros ojos se encontraron. Aparté suavemente la mirada hacia sus labios, anhelando besarlos. Lucía tan radiante que deseaba tenerla solo para mí, completamente para mí. Tenía la esperanza de utilizar la pérdida de memoria a mi favor para conquistarla de nuevo, pero incluso en esa situación, sería imposible, ya que, a pesar de rechazar a su marido físicamente al principio, sus ojos reflejaban amor al mirarlo.
Por eso, mi plan era separarlos, solo tenia que asegurarme que no recordara lo que paso el día de su boda y todo estaría bien.
—Elijah, ¿por qué estás aquí? —inquirió saber de forma brusca.
—Tu medico tuvo una emergencia. —cerraba la puerta—Así que yo vengo a leerte tus informes por hoy.
—No quiero que lo hagas.
—Tranquila, soy el mejor neurólogo del hospital. Quiero lo mejor para ti.
«Para nosotros»
—No quiero tener problemas con Joshua. —Inclina su mirada ligeramente hacia abajo.
«Joshua, siempre Joshua»
—¿Tu esposo el infiel? —preguntó con una sonrisa leve, tratando de sembrar la duda en su mente.
—El no fue infiel.
—Si eso dices. —con fingida indiferencia comenzaba a revisar la computadora. No soportaba que ella depositara más confianza en él que en mí durante nuestro tiempo juntos. —Isa, vamos a concentrarnos en nuestra tarea principal.
Lo detestaba.
Mientras consultaba la computadora, repasaba los más recientes avances registrados por sus terapeutas y el especialista en neurología que tenia su caso, observando detenidamente los apuntes sobre su evolución.
—Isa, —expresaba con una serenidad —estos informes que estoy revisando son los que auguran tu recuperación. Si puedes observar aquí, —movía la pantalla para mostrarle—tanto tus terapeuta y tu neurólogo están apuntando que tu cerebro se esta recuperando ya que aunque tu accidente fue catastrófico no daño permanentemente tu cerebro. Los resultados son favorables y las terapias están contribuyendo a acelerar tu proceso de sanación. Es un indicio positivo.
Observo la pantalla con interés. Su sonrisa me provocó una emoción intensa y única. Se aproximó a la pantalla y percibí a través de mis fosas nasales un aroma dulce, a ella siempre le encantaron ese tipo de fragancias. No pude resistirme ante su fragancia, la cual despertó mi lado más primitivo.
Sentía la tentación de morder su cuello, quería escucharla susurrar mi nombre como solía hacerlo. ¿Sería diferente en la intimidad? No me importaba volver a evaluarla en esa área. Deseaba contemplar la expresión de satisfacción en sus ojos al pronunciar mi nombre. Quería verla suspirar, jadear, sollozar. Me acerqué suavemente a su cuello, sintiendo un nudo en la garganta. Quería morderla, iba a hacerlo.
—Eso es bueno, ¿no? —me preguntó sacándome de mi nube de excitación.
Me alejé lentamente de ella, carraspeando para mantener cierta distancia. Se me había pasado por alto que nos encontrábamos en la sala de consulta del hospital.
—Claro, es muy favorable. Estimo que podrías tener todos tus recuerdos para antes de que llegue diciembre.
—Ya veo. —la noto juguetear con la tela de su blusa inconscientemente—. Pero, tengo una duda…
Al observarla, no pude contener una leve risa, ya que solía hacerlo cuando estaba muy concentrada en sus pensamientos.
—Claro, Isa, ¿Cuál es tu duda? —La miré con atención, listo para escucharla.
—Me doy cuenta de que se me están escapando detalles que ya tenía presentes —prosiguió—, como los nombres de mis alumnos o tareas cotidianas que tenía planeado realizar.
—Entiendo —respondí, anotando sus comentarios en la computadora—. Es algo común durante este proceso de sanación. Sin embargo, podría coordinar una reunión para analizar esta situación en mayor detalle.
Isabella asintió con la cabeza, reflejando cierto grado de tranquilidad en su expresión facial.
—¿Cuándo empezaste a notar eso? —le pregunté.
—Hace alrededor de tres semanas que esto empezó —comentó, mostrando su frustración en el rostro.
—Lo tomaré en cuenta —explique escribiendo la fecha en el informe médico—, pero quédate tranquila Isa, no creo que sea algo de que preocuparte. Es probable que esto se deba a lo ajetreada que estás por el trabajo y al cúmulo de información nueva que estás procesando. Recuerda que hace poco volviste a trabajar.
—En eso tienes razón Elijah.
Observo cómo inhala profundamente mientras sonríe con cierta fragilidad. Por un momento pensé, que tal vez le daba miedo olvidar todo de nuevo. Pude ver sus ojos iluminarse, como si un pequeño peso se hubiese levantado de sus hombros.
—Gracias, Elijah.
—No tienes por qué agradecer. —Finalizaba mis informes poniéndome de pie. —Aguarda a que la enfermera te entregue la documentación necesaria para tu salida.
—Esta bien.
Estando levantando la observaba, notando en su mano como brillaba su anillo de matrimonio. Me habría gustado ser yo quien la acompañara hasta el altar.
—Isa, recuerdas cuando te propuse fugarnos juntos aquella ocasión..
—No lo haré, Elijah —me interrumpió con una mirada penetrante—. Si no tienes nada más que añadir, puedes marcharte.
—El te fue infiel Isabella.
—¿Y? Si es así, llorare, gritare, me levantare y seguiré mi camino. —la veo mirar su anillo de matrimonio y juguetear con el —Pero por ahora te pediré que si no tienes mas nada que decir además de eso ya puedes retirarte.
La mire por unos segundos sintiéndome ligeramente derrotado.
Salía del consultorio sin decir mas nada pasando por el pasillo notando de reojo a Joshua con un ramo de flores de lirios esperando en la sala de espera.
Si…
Esas flores se volvieron sus favoritas después que ella se entero que tras el aborto que le cause le regalaba rosas para hacerla sentir mejor.