Me quiero dirigir a todo el que piense que un error no te puede perseguir eternamente para decirle que está muy equivocado. Todas las meteduras de pata, incluso esas de las que casi ni nos acordamos, tarde o temprano, regresan para sacudir los cimientos de lo que puede ser una vida tranquila. Las consecuencias pueden ser leves, pero también devastadoras. Como cualquier joven, estaba convencido de que mis actos no tenían consecuencias, al menos si nadie salía perjudicado por ellos. Fue por eso por lo que conseguí salir adelante sin problemas a pesar de haber hecho algo que a ojos de cualquiera resultaría, como mínimo, moralmente reprobable. Quizás me beneficiaba que fuese una carga compartida. No tener ningún remordimiento me permitió llevar una vida normal, hacer cosas tan corrientes com

