Llegados a este punto, seguro que muchos estáis pensando que la historia se encamina sin remedio hacia una recaída con mi hermana, pero no fue así. De hecho, en cuanto pude alquilé un piso para vivir yo solo, al menos hasta que pudiera arreglar las cosas con Melania, porque esa era la esperanza que aún conservaba. No hubo forma de conseguirlo. De nada sirvió recurrir a los ruegos en las súplicas, prometerle el oro y el moro ni recordarle que ella también fue joven y seguramente cometió errores. Me mantuvo alejado de ella, cosa que con el tiempo dejó de ser tan doloroso, pero lo que no lograba superar era lo poco que me dejaba ver a mi hija. Al principio me permitía verla con cierta frecuencia, luego las visitas se iban espaciando en el tiempo y para cuando la niña ya tenía cierta capacid

