Ni se me había pasado por la cabeza la posibilidad de que aquello hubiese sido una trampa de mi hija, quizás con la colaboración de su madre, para sacarme el dinero. De ser cierto, me plantearía la opción de acudir a la justicia, lo que con toda probabilidad dejaría la pensión en menos de la mitad. Además, no volvería a darle ni un solo céntimo a Silvi. Por suerte, o no, era cierto que mi hija quería ir a una universidad privada y necesitaba el dinero. Lo supe porque volvió a ponerse en contacto conmigo y aceptó venir a verme de nuevo. Por su tono, tuve la sensación de que me decía la verdad y además estaba bastante desesperada por conseguirlo. Esperaba tener la opción de negociar un poco antes de ceder ante todas sus peticiones. Para que se sintiera menos presionada, le propuse vernos e

