Mi hija se quitó el cinturón de seguridad, se deshizo también del mío y se sentó a horcajadas sobre mis piernas. De nuevo, una erección instantánea. Apenas había espacio, así que la tenía muy pegada a mí, sus pechos quedaron aplastados contra mi torso mientras que yo no sabía dónde colocar las manos, aunque ideas no me faltaban. A escasos centímetros de mi cara, sus ojos me miraban con ese vicio tan característico que tenía mi hija. Parecía estar pensando de qué modo atacarme para asegurarse de que no tuviera ninguna opción de negarme. Tenía los labios carnosos, brillantes por el gloss, daban muchas ganas de besarla, pero eso lo volvería todo aún más extraño. Ella debió de pensar lo mismo, porque su boca no se dirigió a la mía, sino que fue directa al cuello. Su forma de besármelo me pro

