Miguel no cumplió con el horario que le había dado y a los veinte minutos ya lo tenía ante mi puerta, a medio camino entre elegante y hecho un desastre. A mí solo me había dado tiempo a ducharme, no estaba arreglada, únicamente llevaba un tanga debajo del albornoz. Ya que estaba allí, listo para satisfacerme, no lo iba a echar. - Te dije que vinieras dentro de una hora. - No podía esperar más. - Aún no estoy vestida. - ¿Qué más da? Si la ropa te va a durar puesta cinco segundos. - Visto así... - ¿Tenemos todo el fin de semana? - No lo sé, Tobi no me ha asegurado que se vaya a quedar los dos días. - Dudo que se atreva a decirle a su padre que se va antes de tiempo. - Qué bien lo conoces. - Claro, ahora soy su padrastro. - Mejor que no te oiga diciendo eso. - Pues entonces dejemo

