Nati lo tenía claro, y yo, por más que quisiera convencerme de lo contrario, también. Con Miguel todo eran ventajas, desde la cercanía, hasta lo muchísimo que me ponía, sin olvidar que él también me deseaba. El inconveniente era Tobi, mi punto débil, la única persona en el mundo a la que no podía fallar. No sabía qué hacer. Lo mejor era cortar de raíz lo mío con Miguel, pero no podía dejar de pensar que, si eso sucedía, ambos nos merecíamos una despedida en condiciones. Podía darle una lección más al amigo de mi hijo y de paso llevarme un orgasmo, quizás el último de mi vida, si no llegaba a entrar a otro que me excitara tanto como él. Para minimizar riesgos, estaba claro que la mejor opción era esperar a que Tobi se volviera a ir un fin de semana con su padre, pero iban pasando los días

