En la fiesta
Una voz resonó en el lugar, haciendo que muchos contemplarán a la familia que se deshacía de su hermoso e íntimo abrazo, el cual fue interrumpido por la intromisión de aquella voz.
- ¿Quién es ella? - pregunto el joven príncipe ante la confusión.
- ¿Madre? - hablo el ex rey, ahora conde de Nortwich.
- Hijo mío - volvió a repetir ahora con alegría.
- ¿Abuela? - hablo ahora el rey de Nortwich con confusión, pero alegría a la vez.
- ¿Creyeron que me perdería el cumpleaños número 15 de mi bisnieto? - dijo la condesa con reproche y burla.
- Para nada - dijeron ambos hombres.
- Ha pasado tanto tiempo, Josep, sin duda has crecido, recuerdo cuando eras tan solo un niño y tu madre vivía regañándote - dijo con alegría la mujer de avanzada edad.
- Abuela, aquellos tiempos han pasado tan rápido, ahora soy yo quien corre regañando a mis hijos, claro, a excepción que mi esposa se ríe mientras lo hago - dice en reproche el rey.
La mencionada lo único que hace es reír al igual que los demás.
- Hablando de ella, muéstramela, quiero verla - pidió la condesa con el ceño fruncido pero con una dulce sonrisa.
El rey miró a su esposa y le extendió la mano, ella con pena, pero con alegría tomo su mano y se posicionó a su lado.
- Abuela, me complace presentarte a la madre de mis hijos, mi esposa Leonor Dankworth Fernsby, reina de Nortwich, mi reina - hablo con orgullo el rey y lo último lo dijo contemplando con adoración a su amada.
- Es un honor por fin conocerte, los rumores son más que ciertos, al fin pude comprobarlos - dijo con satisfacción la mujer.
- El honor es mío, pero dígame ¿Cuáles son aquellos rumores? Me gustaría saber que dicen - hablo la reina con timidez.
- Se dice que la reina de Nortwich es tan hermosa, tanto por dentro como por fuera, su belleza cautiva a todo aquello que camine a su paso que incluso los bebés al presenciarla cesan su llanto - dijo maravillada la mujer.
- Eso es algo exagerado - dijo con confusión la reina.
- Quizás, pero lo que es cierto, es su belleza, es la mujer más hermosa de esta fiesta y todo el reino. - halago la mujer de nuevo.
- Muchas gracias - dijo la reina para después hacer un asentimiento con la cabeza.
Muchos contemplaron la escena, sin embargo, la reina no mostró ni un poco de arrepentimiento al hacer aquel saludo, pues aquella mujer parecía inferior a ella, su atuendo aunque era muy lindo, a leguas se notaba su procedencia.
- Esposa mía, te presento a la condesa Resalí, mi abuela, fue quien cuido de mi padre cuando apenas era un niño - explicó el rey.
- ¡Madre! - se escuchó un grito chillón por el lugar.
- ¿Qué sucede pequeña? - dijo la reina ante la urgencia de su hija.
- Es Jharck - acusó con preocupación.
- ¿Qué sucede con tu hermano, cariño? - se unió el rey ante la conversación que se colocaba cada vez más tensa.
- Es que... - empezó a decir.
- ¿Dónde está Jharck, hermana?- pregunto Jorch con preocupación.
- Una señora se lo llevó - dijo con lágrimas en los ojos.
- ¡¿Cómo?! - pregunto el rey alterado.
- Yo le dije, pero no me hizo caso - hablo entre lágrimas la princesa.
- ¿No estaba con ustedes la niñera? - pregunto con desesperación la reina, intentando no sonar molesta, pues su hija no tenía ninguna culpa.
- Y-yo, no-nosotr-nosotros - intento decir la pequeña, pero las palabras dejaron de salir.
- Tranquila, cariño, traeremos a tu hermano, tranquila, nada malo pasará - intento calmar el rey.
- Hijo lo siento - intento disculparse el rey ante el asunto
- Lo primordial ahora es mi hermano padre - hablo con firmeza el príncipe heredero.
- Bien, tranquila, cariño, lo encontraremos - dijo dándole un beso a su esposa.
- Solo tráelo de vuelta - hablo con dolor la reina.
Unos guardias escoltaron a las condesas, a la princesa y a su reina, incluso el joven heredero, para mantener el orden si algo malo sucediera, era ley aquello y en este momento nadie puede desobedecerla, el rey de Whoshar incluso estaba presente y dispuesto a todo con tal de encontrar a su nieto, igual que el ex rey de Nortwich. Salieron todos dónde se encontraban los guardias ya en filas, dispuestos a obedecer lo que su rey ordenará.
En este momento lo único que importaba era la seguridad del príncipe y aquello lo hizo saber el rey. Su padre.
- La fiesta ha terminado, nadie sale ni entra al palacio, aquel que lo haga será matado a sangre fría, si no cooperan serán obligados, nadie se va hasta que encuentre a mi hijo, todos los guardias saben lo que tienen que hacer, quiero que vigilen todo el palacio e incluso el reino, cada rincón, cada esquina, si no consiguen traer a mi hijo, cabezas rodarán está noche, ¡¿Entendido?! - hablo con firmeza el rey.
- ¡Entendido, majestad! - sin esperar algo más, la gente se reunió, incluso la servidumbre, los guardias partieron a toda prisa, algunos se quedaron protegiendo a la familia y los demás fueron dispuestos a encontrar al príncipe o pagar con sus cabezas si no lo hallaban.
Mucho estaba en juego y todos lo sabían, si esto llegará a ser algún plan de parte de reinos enemigos o incluso de rebeldes, su plan saldría muy mal, pues habrían tocado lo más valioso que tiene el rey, su familia y aquello no se lo perdonaría a aquella pobre persona que ahora estaba en la lista de próximos muertos a manos del rey.
Unas horas antes
Narrador omnisciente:
El pequeño príncipe se encontraba agarrado de las manos con su hermana, ambos vigilados por un guardia y la niñera, les habían dicho que no tardarían mucho afuera y que solo caminarán dónde los guardias pudieran verlos.
Pero como siempre, decidieron hacer travesuras y no obedecer, era la primera vez que desobedecen algo como esto, pero no importo cuando se encontraban en los jardines traseros jugando con los pequeños animalitos que alumbraban con su luz verde, eran tan interesantes para ellos que no se dieron cuenta cuando una figura apareció detrás de ellos.
- ¿Qué hacen aquí, niños? - pregunto aquella persona.
- ¿Quién eres tú? - pregunto el príncipe mientras agarraba a su hermana y la colocaba detrás de él.
- Una disculpa altezas, únicamente quería saber por qué estaban aquí, es muy peligroso - dijo haciendo una reverencia.
- Solamente estábamos jugando, la fiesta es aburrida - respondió el príncipe, mientras la princesa se quedaba en silencio.
- Conozco un buen lugar para jugar, no está muy lejos de aquí - comento casualmente.
- ¿Así? - pregunto con interés el príncipe y haciendo que su ceño se frunciera.
- Por supuesto alteza, es un excelente sitio, si quiere puedo llevarles - insistió amablemente.
- Hermano, debemos irnos, nuestros padres se preocuparán, decidió hablar la pequeña.
- ¿Conoces el camino? - pregunto ignorando a su hermana.
- Cómo la palma de mi mano - recitó.
- ¿Por qué no nos dices y después iremos? - intento negociar el príncipe.
- No sería lo mismo, pueden perderse - insistió.
- Hermano, tenemos nada más hasta las 8 - volvió a insistir la pequeña princesa.
- Nos dará tiempo, vamos, volveremos antes de que se den cuenta - hablo entusiasmado.
- No iré, ve tú - retrocedió empezando a caminar por dónde venían.
- Oh, vamos Elizabeth, será rápido - insistió el príncipe a su hermana.
- No, es mi última palabra - dijo la pequeña cruzándose de brazos y negando con la cabeza, para después alejarse un poco más, pensando que así su hermano iría tras ella, más este no lo hizo.
- Bien, como quieras - dijo resignado, mientras empezaba a caminar con aquel desconocido.
La princesa intentó hacer algo, pero era tarde, su hermano caminaba a unos metros de distancia y aunque gritará él no le haría caso, así que con preocupación corrió adentro del castillo.