CAPÍTULO 7 - Un encuentro peligroso.

930 Palabras
Por el lado de Jharck Narrador omnisciente El camino se hacía cada vez más difícil y largo, el cielo empezaba a teñirse de tonos naranjas y un azul intenso empezaba a asomarse, la luna con ella también, dando a entender que el sol se estaba ocultando y pronto sería de noche. — ¿Estás seguro de que es por aquí? — pregunto el príncipe con cansancio. — Claro, alteza, no se preocupe, pronto llegaremos. — dijo la persona. — Bien. — hablo resignado el pequeño príncipe. El camino estaba cubierto de muchas hierbas y plantas que habían sido cortadas y estaban muertas. Habían saltado los muros del palacio, dónde habían encontrado unas grietas las cuales les facilitó la salida. Caminaron y caminaron hasta poder estar lejos del palacio, el príncipe no tenía idea de a dónde se dirigía, pero empezaba a tener un sentimiento de miedo y angustia. Incluso pensaba en que su hermana tenía razón y que seguramente si le hubiese hecho caso, estarían comiendo algún postre y muy pronto listos para ir a la cama. Sin embargo, ahora se encontraba cansado, sus pies le dolían y tenía hambre, incluso miedo. — Creo que es mejor regresar. — pronunció con nerviosismo el príncipe que su voz salió temblorosa. — Sea paciente, estamos muy cerca — insistió la persona con prisa. — No, es mejor volver, mis padres me regañarán. — dijo para después empezar a retroceder. — Me temo que no se podrá, alteza, se requiere la presencia de su padre y que mejor que usted para que él venga. — dijo una voz desconocida. Entonces alguien apareció detrás de él, se podía notar que era un hombre alto, el cual le tapo la boca con un pañuelo, el pequeño príncipe intento patear, más no logró nada y termino en la inconsciencia. — Bien hecho. — felicito el hombre a la otra persona. — ¿Y mi paga? — pregunto con brusquedad. — Aquí tienes — dijo arrojando una pequeña bolsa café, el encapuchado la tomo en el aire. — Es una lástima que te dediques a esto, pudimos llegar a un buen acuerdo — dijo el hombre llegando hasta el encapuchado, mientras bajaba lo que le cubría el rostro. — No empieces de nuevo. — advirtió la mujer que ahora estaba expuesta. — Bien, aunque aún no sé tus razones para seguir las órdenes de Hescot — hablo con voz tosca y la curiosidad en sus palabras. — Eso no te incumbe, solo cumple con tu trabajo — respondió la mujer con enojo, volviendo a colocar la capucha en su lugar. — Cómo digas, al final de cuentas eres una D — sonrió satisfecho el hombre al ver cómo la mujer se iba del sitio. — Bien, hora de iniciar con la segunda fase — hablo el hombre a la nada, comenzando a caminar a dónde la mujer se fue. Mientras tanto en la búsqueda... Los hombres se dispersaron por todo el palacio, todos con un objetivo, encontrar al príncipe. El rey por su parte se alió con su suegro y padre, con un grupo de guardias cabalgaron por todo el sitio en busca de algún rastro que diera con el príncipe. Más todo fue en vano, ya que la noche callo y no estaban suficientemente equipados para la búsqueda nocturna. Con resignación volvieron al palacio, sin embargo, algo andaba mal al entrar, los guardias que custodiaban la entrada no estaban en sus puestos, aquello alarmó a los tres hombres quienes con angustia entraron al palacio sin importar su seguridad. — Registren todo. — ordenó el rey Josep a sus soldados los cuales se dispersaron de inmediato. No había rastro alguno, aquello era preocupante, muy pronto amanecería y eso sin duda sería un problema grande para aquellos que intentaron atentar contra la corona, eso sí el rey los llegase a encontrar, todo era incierto, demasiado a mi parecer. — Señor, no creo que sea conveniente tener a todas estas personas aquí. — hablo después de mucho tiempo el consejero. — No es relevante. — dijo restándole importancia. — Josep, no pondré en dudas tus órdenes, pero te aconsejo que no continúes con esto, levantarías sospechas y con ello rumores que llegarían a los enemigos cercanos, podrían encontrar antes al príncipe y aquello traería consecuencias más graves. — ¿Consideras que podrían llegar a ellos?. — No sabría con certeza, pero lo más probable es que si, usted sabe que eso no nos conviene ni a usted cómo padre y mucho menos como rey. Un silencio lleno de preguntas y temor inundó el ambiente, la tensión era notoria, sin embargo, debían caminar con mucha cautela. — Bien, encárgate de esto. — Si señor. — Espera. — Dígame señor. — No quiero que después de esto alguien salga o entre al reino, estará prohibido hasta nuevo aviso. — Lo que usted ordene. Mientras el consejero se marchaba a cumplir las órdenes el rey se mantuvo tenso en su lugar, ¿dónde estaría su hijo ahora?. Era su culpa esto, pues si tan solo no hubiese bajado la guardia él estaría sano y salvo a lado suyo, sin embargo, ahora su familia se encontraba incompleta y por alguna razón esto le parecía ser una advertencia del futuro, pues al final de cuentas el nacimiento de los mellizos no solo trajo alegría al reino, sino también problemas, sobre todo cuando supo que espías del reino de Fharkhen se encontraban cerca de su territorio en busca de algo. Y él sabía con certeza que era lo que tanto buscaban, para desgracia de todos.
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