Hola!
Antes de empezar quiero hacer una especie de advertencia. A ver, está historia va a ser algo diferente a lo que escribo. ¿A que me refiero? Como se habrán dado cuenta, Arwen tiene un caracter muy especial, me atrevería a decir incluso que es peor que Kian. Pesé a que solo tiene 18 años la domina la ambición y ser la mejor, y está dispuesta a todo por conseguirlo. Ama, respeta y adora a su hermano, pero considera que no es el más apto para ser el jefe del clan. Ella no es de las que siguen ordenes, a menos que sean las suyas propias.
Si, va a tener sus escenas con Peter, tanto de relación física a formar un vinculo, una cercanía, pero para ella no va a ser amor a la primera. Para Arwen es amor es un obstáculo en todo lo que quiere lograr.
Quiero aclarar esto porque por ahí leo comentarios que dicen "no me gusta como está yendo la historia o el rumbo que tomo" Es por eso que prefiero "advertirles" con anticipación.
Solo voy a decir que... No hay un solo camino al amor.
Se que por ahí los primeros capítulos son medios repetitivos, porque ya los leyeron desde el punto de vista de Renn, pero de igual forma son necesarios porque son la base de la historia.
De igual forma lo nuevo no va a tardar en llegar. Es tan solo el inicio.
Creo que Arwen será la unica narradora de la historia. Quiero que sea suya. Puede que haya algún que otro capítulo narrado por Peter, pero ella será nuestra protagonista.
*****
A la mañana siguiente me levanto temprano y termino de alistarme para ir a socializar a la universidad. Ya estoy cansada de fingir que me interesa algo de lo que dicen en las clases. Bajo las escaleras y mi madre se apresura a abrazarme, o más asfixiarme entra sus brazos, apenas piso el ultimo escalón.
- ¡Feliz cumpleaños, mi bebé! - exclama con alegría, sin soltarme.
- Ma, si no me sueltas moriré con 18 años y no podré llegar a los 30 siendo una perra empoderada.
Se aparta para mirarme con fastidio. Suspira. - Si eres igual que tú padre.
- ¿Recién lo notas? Además, es tú culpa. Lo hubieras elegido al tío Hardy como el padre de tus hijos.
- Créeme, me lo plantee seguido. Es más cuando apenas los conocí, tuve interés primero en Hardy, antes que tú padre.
- ¿¡Qué!? - exclamo con sorpresa.
- Oh si, era la persona más encantadora que había conocido. Con decepción descubrí que no le gustaban las mujeres. - suspira. - Hubiera tenido hijos bonitos, además de tranquilos y encantadores.
- Ja ja... - digo con sarcasmo.
Ríe y se da la vuelta. - Tú padre quiere verte en su oficina.
- ¿No es temprano para comenzar a regañarme? - digo dirigiéndome hacía allí.
- No seas cara dura, Arwen Marshall, como si tú padre te regañara.
Me detengo cuando llego a la puerta, golpeo con mis nudillos y entro. Lo veo sentado en su silla, detrás de su escritorio.
- Buenos días Arwen. - me saluda con su vista baja en lo que está anotando en un cuaderno.
- ¿Cómo sabías que era yo? - pregunto.
Levanta la mirada por encima de sus gafas de lectura y se le forma una amplia sonrisa en su rostro. - Porque eres la unica que entra sin esperar a que le de la orden.
- Tarde para ponerme los limites. - me siento en una de las sillas que están enfrentadas a su escritorio.
Me observa con esos ojos iguales a los míos y a los de Renn. Cuando era más joven solíamos ser los tres iguales, pero ahora el cabello de mi padre paso de ser n***o intenso a un blanco intenso. Y eso en parte me asusta, porque es una especie de cuenta regresiva, es una señal de que está envejeciendo y temo el día en el que ya no este más.
Sonríe de una forma dulce. - Créeme, mi pequeña, de haberlo querido lo hubiera hecho. - se hace hacía atrás, apoyando su espalda en el respaldo del asiento. - Tú no sigues las ordenes de nadie. Eres como yo en ese sentido.... - dice eso ultimo con cierto aire de preocupación.
- ¿Y eso es algo malo?
- No. Mientras no dejes de lado tú humanidad. Eso es importante. Te lo dice alguien que por mucho tiempo la perdió y eso le trago grandes consecuencias. Tienes ambición, eso es asombroso, porque llegaras lejos.
- Quiero ser mejor que tú.
- Y lo serás, no tengo dudas. - hace una pausa. - Es por eso que te doy consejos, para que no caigas en los mismos errores que yo. Es lo mismo que le dije a Renn cuando él se hizo cargo del clan.
- Podrías haber aguantado un poco, un par de años más, hasta que yo llegara a la edad. - bromeo, aunque en parte lo digo en serio.
Ríe. - Sabes, siempre sentí como que tú eras mis ojos. Trata de ver entonces mi perspectiva.
- ¿Qué sería...?
Suspira. - Mira, te conozco, se que de quererlo vas a llegar a la cabeza del clan Marshall, pero te va a tomar un segundo darte cuenta que te queda chico. Piensas en grande. El clan Marshall no está a tú altura. Nueva York no está a tú altura.
Lo observo con atención. Su mirada tiene un gran brillo de alegría y orgullo cuando lo dice.
- Sabes bien que decirme, no me endulces para que no haga un golpe de estado.
Vuelve a reír. - Lo sabes Arwen, solo necesitas tomar ese empujón. - dice. Ahora sus ojos reflejan melancolía. - Me va a doler verte partir, pero se que es porque harás llegar el apellido Marshall a cada rincón.
Siento mis ojos algo húmedos. - Ay papá... - me paro y voy hacía su lado. Lo abrazo, apoyando mi mejilla en su cabeza. - No iré a ningún lado, no podría dejarte.
Me mira. - Mis dos hijos son mi mayor orgullo, pero tú... tú me has dado todo un sentido nuevo a mi vida.
- Pa, ¿Qué sucede? Ni que me estuviera casando. - lo miro seria. - ¿No me habrás comprometido con un desconocido?
Ríe. - No.
- Más te vale, o te dispararía. - doy la vuelta y regreso a mi asiento.
- Ahora que mencionas eso, no se si sea buena idea darte mi obsequio. -
Me extiende una caja de metal color plateada con unos detalles. Tiene aspecto de ser muy antigua. Tiene una letra M en el ranura donde se abre. La agarro y la apoyo en mi falda. Al abrirla observo que dentro hay un arme. Levanto mi mirada, él me observa con atención. Tomo el arma entre mis manos.
- Papá... - comienzo a decir, pero la verdad es que no se bien que decir.
- Es una reliquia familiar. Era de mi abuelo, el se la paso a mi padre, se suponía que era de Renn, pero ya conoces la historia, así que quedo en mi poder. Y ahora es tuya.
- ¿Mia? - pregunto con sorpresa.
- Así es.
- ¿No se supone que debería ser de Renn? - pregunto, aún extrañada.
- No me parece justo que por ser el primero se quede con todo.
- Que justo eres padre. - bromeo. Pone sus ojos en blanco con fastidio.
- Se que es un regalo un tanto... inapropiado.
- Oh si, espera a que le cuente a mis amigas. - bromeo.
- ¿Prefieres que la cambie por una Barbie?
- ¿Por que no mejor por un descapotable rojo?
- ¿De que marca?
Quedo pensativa. - Un Mercedes.
- Estamos hablando de uno de juguete, ¿no?
- Si, claro. - digo. - Pero si quieres ser el mejor padre del mundo y consentir a tú hija menor que acaba de cumplir los 18.
- Tienes que ganártelo. Y por el momento te has ganado la reliquia familiar.
Sonrío. - Tiene más valor.
También sonríe. - Realmente me has sorprendido Arwen. Has trabajado tan duro estos dos años. Me has demostrado que has nacido para esto. Y quiero que sepas que jamás te he subestimado, siempre te creí capaz de todo. Y eso precisamente lo que me aterra.
- Estaré bien, papá. - lo tranquilizo. - Además, ahora tengo un arma.
- Claro que estarás bien...
- Eres un Marshall. - decimos a dúo.
****
Por la noche vino mi familia entera a festejar mi cumpleaños en casa. A la tarde con mamá decoramos todo con globos y una guirnalda dorada con mi nombre en está. Si, me gusta agasajarme a mi misma. Me gusta celebrarme, mejor dicho. La sala se encuentra repleta de personas, estamos parados, a punto de comer el pastel que mamá está cortando, mientras papá nos da a cada uno una copa de champagne para el brindis que siempre hacemos por el cumpleañero.
Veo a Renn acercarse a mi. - Feliz cumpleaños, hermanita. - me abraza.
Sigo su abrazo. - Gracias, cerebro de ñoqui.
Me mira. - Ayer no tuve la oportunidad de decirlo, pero... Bienvenida al clan. Estoy muy orgulloso de ti y de todo tú entrenamiento en estos dos años. A veces soy duro, pero es solo porque no quiero que nada te suceda. No es por que dude de ti y de tú capacidad, sino que sigues siendo mi hermanita menor. Se que llegarás lejos.
Le doy un leve golpe en el brazo. - Si, porque me entreno el mejor. - por más que trato, no puedo reprimir mi sonrisa de alegría. - Ha significado mucho para mi que hayas accedido a hacerlo, aún más que te hayas impuesto con papá. Mantuviste tu postura, sin importar todas la amenazas que recibiste de su parte.
Mi padre siempre se negó rotundamente a querer entrenarme, es por eso cuando Renn se unió como el nuevo jefe tome mi oportunidad y le pedí que me entrenara. No me sorprendió que accediera, sabía que lo haría porque: A. No iba a parar hasta conseguirlo; B. Él siempre me ha tenido fe en todo, sabe que soy capaz de todo.
Así que cuando papá se entero se formo un gran escandalo, pero mi hermano mantuvo su postura. Y eso me hizo adorarlo aún más.
Se encoje de hombros. - Sabes que esa es mi actividad favorita. Se siente bien estar al borde de la muerte de vez en cuando... desafiar al diablo.
- Has sido el primero en creer en mi.
- Muero por que trabajemos juntos, tú y yo. Los hermanos Marshall.
- No empieces a ponerte cursi, guárdalo para tú esposa.
- Ella también ya se canso.
- Me imagino, le debe dar diabetes a cada rato.
Ríe. - No te metas en problemas, ahora que eres legal.
- No puedo prometer nada, soy una Marshall al fin y al cabo.
- Oh genial...
- Solo te recuerdo que te he puesto a ti como mi contacto si me llegan a detener.
- Carajo...
- Es la tarea del hermano mayor.
- Acérquense todos. - nos llama papá. - Que me gustaría brindar por mi pequeñita...
- Papá... - digo por lo bajo avergonzada. No podré soportar delante de todos otro discurso como el de está mañana.
- Que ya alcanzo su mayoría de edad y.... - se nota que le cuesta seguir hablando. - Y a partir del lunes se va a incorporar como... como un m*****o del clan Marshall. La segunda más joven en unirse...
- Sigo teniendo el récord invicto. - se pavonea Rocco.
- Si... ¡porque mentiste con tú edad, cachorrito! - dice el tío Hayes.
- ¡Solo por un año! - exclama este.
- ¡Suficiente! - grita papá serio. - ¡Qué estaba hablando! - queda pensativo. - ¿Qué estaba diciendo? - le susurra a mi madre.
- La segunda más joven. - respondemos todos a coro.
- Ah, si... - retoma su discurso. - Que nada te frene, hija mía. Llévate el mundo por delante, si hace falta.... y si no, también.
- Gracias por condenarnos, tío Kian. - dice Evan.
- El mundo va a arder de todos modos, prefiero que sea por mano de mi hija.
- ¡Por Arwen! - dice mi padre levantando la copa.
- ¡Por Arwen! - dicen todos a coro.
- ¡Por mi, la futura reina! - digo y tomo de mi copa de champagne hasta el fondo.
Esto recién empieza...