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Mi amor verdadero

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Descripción

Gabriel es un joven que ha tenido todo en su vida, sin embargo, las cosas cambian y él debe enfrentarse a la vida sin el apoyo económico de sus padres. Él, que está acostumbrado a tener a cualquier mujer a sus pies, debe enfrentarse al rechazo de una mujer de las que no está acostumbrado.

Alice es una mujer madura, que está viviendo feliz con su familia. Ella descubre que su matrimonio es una mentira y que debe enfrentarse a la realidad. Ella decide volver a empezar sin importar lo que piensen los demás.

Alice le cambiará la vida por completo a Gabriel, dándole tranquilidad y estabilidad. Enseñándole que con amor todo es diferente, mientras tanto, él le da a ella una nueva oportunidad para amar. Los estereotipos de la edad quedan a un lado, mientras ellos luchan por ser felices.

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Un mal día
Gabriel. Me ubico frente a la pizarra que tiene las notas del semestre, llevo mis manos hasta la cabeza, mientras sale de mi frente pequeñas gotas de sudor, mi corazón se acelera después de ver tan malas notas, bajo mi cabeza y lo primero en llegar a mi mente son las imágenes de las caras de mis padres. Respiro profundo para luego dar media vuelta e ir directo hasta el parqueadero de la universidad, lleve mi mano hasta el bolsillo y saqué la llave de mi motocicleta, la encendí de inmediato para dar marcha, lo único que quiera hacer era ir únicamente al bar, ya que mi cuerpo gritaba por una gota de alcohol, no sé que mentira esta vez le iré a decir a mis padres, en especial luego de la última advertencia que me hicieron. Al entrar, me saluda la chica de la barra, esa que me sirve de compañía muchas veces, pero hoy realmente no me interesa. En ese momento me entra la llamada de Violeta, ella es una novia o amiga especial, eso depende de la ocasión. —¿Bueno? —Hola amor, ¿dónde estás? ¿Por qué se escucha ese sonido tan fuerte? —Mira Violeta, te digo que no tuve un buen día, así que será mejor que hablemos luego —le dije en un tono frío y de manera distante. —¡Espera Gabriel!, no termines la llamada, quiero verte… No le dije palabra alguna terminando la llamada para continuar con mi camino, solo quería emborracharme hasta caer inconsciente. —¡Hola cariño!, que bueno verte, —voltee la cabeza y la chica de la barra me estaba hablando, la mire directo a los ojos y le sonreí. —Sirve lo mismo de siempre —ordené. Ella asintió con su cabeza, luego puso su mano sobre mi hombro. El alcohol se volvió mi compañía, en especial cuando me decepcioné de mi padre, cuando lo vi engañando a mi madre, pero preferí callar y cargar con la cruz, en especial por la salud de mi madre. Mi vida cambió por completo al darme cuenta que todo es una mentira. —Aquí tienes tu bebida, disfruta de tu botella, recuerda que estaré atenta y disponible para tí, ¡claro está si lo deseas!, te puedo acompañar toda la noche —dijo mientras me sonreía y me guiñaba uno de sus ojos. —No gracias, lo único que deseo es estar solo, destapa la botella y déjala sobre la mesa, luego te puedes retirar. Vi una mujer joven, bebí un sorbo más y me puse de pie para poder acecharla, caminé hasta donde ella. Me dejó impactado con su belleza. —¿Y si nos conocemos? mucho gusto, mi nombre es Gabriel. —Olivia, pero no me interesa conocer a nadie. —Eso es lo que dices ahora… —Ella rodó sus ojos, dio media vuelta y pidió algo de beber. —¿Te ayudo en algo o tan solo te sentaste a mí lado para quedarte viéndome como si yo fuese un bicho raro? —hablo con un tono de voz dulce, mientras que yo no podía dejar de verla a los ojos. —La verdad, solo estaba sentado allá y te vi sola así que quise hablarte e invitarte una copa —le dije en baja voz. La verdad quería sonar lo más complaciente posible. —¿Qué te hace pensar que quiero que me invites una copa, y más aún que yo necesite de tu compañía? Sonreí, pero en ese momento llegó un hombre e hizo que ella se pusiera de pie, luego comenzaron a discutir. Cuando vi, que él estaba siendo hiriente con ella, me puse de pie para enfrentarlo, en ese momento él la empuja, aprovecho para darle un golpe. Aquel sujeto me mira de manera desafiante, pero está vez, en lugar de desquitarse conmigo, empuja a la chica haciendo que ella se golpeara en su cabeza. Algunas personas corrieron, mientras que otras miraron la escena. La tomé en mis brazos, la borrachera se borró de mi cabeza. Pido un taxi y la llevé hasta el hospital, a pesar de que no la conocía, debo decir que me siento obligado por estar pendiente de ella. En el camino al hospital, el teléfono de la chica sonaba insistentemente. Tomé el atrevimiento de contestar, al otro lado de la línea una mujer le decía a la chica cosas que yo no comprendía. —Lo siento, no soy Olivia. Soy un amigo, vamos camino al hospital, ella tuvo un accidente. —¿Cómo? —Si desea le puedo enviar la ubicación del lugar a donde la llevaremos. Podía escuchar el silencio sepulcral en el teléfono. No pude dejar de pensar en mi madre, en su angustia si me pasara en algo. —No se preocupe, aquí estoy al menos hasta que llegue usted. Al llegar, a ella la ingresaron a algún lugar, mientras que me quedé allí revisaba mi teléfono. Después de varias tazas de café el tiempo fue pasando y más el efecto del alcohol, la sala estaba un poco tranquila hasta que entra a la sala una señora con el llanto notorio. Ella preguntaba por su hija, Olivia una y otra vez, me puse de pie fui hacía ella para tratar de calmarla porque pareciera que fuera a desmayarse. —Fui yo quien contestó el teléfono de tu hija, a ella la ingresaron, pero no me han dado respuesta alguna. —Ella me miró, limpió sus lágrimas y asintió. —Muchas gracias, de verdad gracias por estar pendiente de mi hija. —No es nada, no la podía dejar sola. —¿De dónde conoces a mi hija? conozco muy bien a las personas que comparten con ella y a tí jamás te había visto, ni siquiera sé tu nombre. —me dijo haciéndose a un lado. —Eh sí, no somos amigos, me llamo Gabriel. La vi por primera vez tan solo un par de horas atrás, en un bar. Vi que un hombre estaba molestando, me metí allí y pasó esto. —Gracias Gabriel, soy Alice. —Familiares de Olivia —habló un doctor con un montón de hojas en sus manos. —¡Yo!, yo soy la mamá —dijo ella corriendo hacia aquel doctor—. ¿Cómo está ella? ¿la puedo ver? —decía mientras sus manos temblaban. —Aún no la puede ver, debido al golpe que tuvo debemos dejarla en observación por un par de días, ella se encuentra consciente y estable, pero lo hacemos con el fin de hacerle exámenes. Le recomiendo que vaya a su casa y descanse, mañana podrá venir y visitarla —le dijo para luego darse vuelta e irse. —Le agradezco. —Ella luego me miró—. A ti también te agradezco. —Vamos por un café, así podemos quedar con la deuda saldada —comenté. —Me da mucha pena, siento que estoy abusando de tu confianza —dijo mientras suspiraba una y otra vez—. Ya es suficiente con lo de mi hija. —No fue nada. —El café lo dejamos para otro día. Debo irme. Ella estrechó su mano conmigo, sus ojos verdes eran alucinantes, a pesar de que me dobla la edad aparentemente, debo decir que es incluso más bella que su hija. Ella retiró su mano y con una fina línea en su boca dio un adiós silencioso.

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