-Te oí roncar -dice sin previo aviso, metiéndose un poco de sopa a la boca. Casi escupo todo lo que tenía. - ¡¿Me has oído?! -mi cuerpo se pone de puntas, mi alerta roja se activa tan apenadamente ya sin siquiera querer verlo a la cara por la vergüenza que siento. -Sí -asegura, moviendo la cuchara en su comida como si dudara en probarla de nuevo. Él cocinó, lo entiendo. ¿Pena? ¡Más que eso siento en estos momentos! ¡Dios! ¡Tierra, trágame! -Nayan, ¡qué vergüenza contigo! Dios, ¡¿por qué no me despertaste para dejar de hacerlo?! No, es que ni siquiera puedo mirarte por lo roja que debo estar. ¡Lo siento! ¡Debiste estar burlándote de mí por como sonaba! ¡Eres muy malo! -me tapo el rostro con mis manos para no empezar a hacer el ridículo. -No lo hice por que de lo contrario te hubiera

