-Creo que mejor nos quedamos un rato más -se le acerca y lo vuelve a sentar de un solo empujón-, y podríamos hacer, no sé, otras cosas más interesantes. Como… - ¡Hola, mi amor! -abro la puerta de un solo manotón mientras mi mirada cae en ella como si hiciera que cometiera un pecado, como si fuera una psicópata a la que trataban de quitar del camino-. ¡Te he extrañado mucho! Es la primera vez que lo digo con tanta emoción y satisfacción. Es la primera vez que espero que no me aísle entre sus palabras y apenarme por ello, sino, hacerlo retroceder aislándolo yo a él. -F-freya… -titubea como si hubiera visto al mismísimo demonio reencarnado-, digo, mi amor. Y funciona. - ¿Qué pasa? -pregunto, mientras observo como ella se tensa-. ¿He llegado en un mal momento? -No. Yo ya iba a verte,

