-Gua-guardia lunar… eso quiere decir que…
-Si, quiere decir que eres y serás una guardiana, compañera de tu padre y, por ende, tus poderes se volverán los más fuertes, podrás liderar a los más jóvenes y, sobre todo, tu armadura dejara de ser la blanca principal y se convertirá en una especial, diseñada especialmente para una jovencita como tú, con ella te protegerás de cualquier hechizo maligno que poseen las Sombras Plateadas.
-Yo… guardiana lunar, ¿me lo dice en serio?
-Estoy tan orgullosa de que seas tú la elegida.
- ¿Elegida? Mi reina, no entiendo a que se refiere.
-Cuando tengas que combatir te darás cuenta, hasta entonces cuida de Nayan.
-Mi reina, yo… -de repente, un dolor de cabeza empieza a molestarme, pero cada vez incrementa hasta el punto de hacerme arrodillar con mis manos sosteniendo mi frente.
Todo empieza a dar vueltas a mi alrededor, me empiezo a sentir mareada, mi respiración se empieza a cortar y mis fuerzas a debilitar. Caigo completamente al suelo, con mis ojos ardiendo, mi vista se vuelve borrosa y mi cabeza duele aun más. Toda mi visión se vuelve negra, y todo a mi alrededor desaparece por completo.
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Siento mis piernas frías, muevo mi cabeza y siento sábanas suaves a mi alrededor, como pétalos de rosas, un ligero viento recorre por mi frente haciéndome temblar.
Abro mis ojos y observo la parte de arriba de la habitación. De mi habitación.
- ¿En qué momento vine aquí? -digo para mi misma mientras un agradable olor roza mi nariz haciendo que me incorpore y quede sentada mirando a la nada. El dolor de cabeza vuelve, haciendo que pegue un quejido de dolor.
- ¡Freya!
- ¿Nayan? ¿Pero qué haces aquí? -lo miro, pero no por mucho tiempo-. ¡Ah! Mi cabeza.
-Tranquila, solo recuéstate -me pasa una almohada por debajo de la cabeza y me ayuda-. Tú me ayudaste cuando estaba mal, ahora es mi turno para devolverte el favor.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué estás aquí? -le pregunto en un tono suave.
-Primero tómate esto -camina hasta tomar una taza con vapor humeante saliendo de ella-. Es un té, esto ayudará.
Tomo la taza entre mis manos y la huelo un poco antes de beberla. Parece agua del manantial Lunar.
-Freya, ¿qué demonios hacías en ese lugar? ¿Por qué fuiste sola? -suena preocupado y a la vez enojado.
-tenía curiosidad -respondo cerrando los ojos para evitar marearme.
-Si no fuera por ese gato en estos momentos no estarías respirando. ¿En qué carajos pensabas?
- ¿Gato? ¿Qué gato?
Voltea los ojos y señala a mi lado-. Ese gato, no se a querido ir, y cada que lo saco vuelve a entrar, no sé cómo ni por dónde.
Observo al pequeño dormido, con una marca en su cabecita que me recuerda a…-. ¿Orión?
-Miau…
- ¿Orión? ¿Eres tú? -me muevo un poco y lo observo hasta que logra verme. Esos ojos, uno dorado y otro rojo, esa marca, eres tú.
-Miau…
- ¡Eres mi Orión! -el se estira y camina hasta mi regazo-. ¡Te extrañe tanto, mi pequeño!
-Miau… -ronronea y hace que sonría de felicidad.
-Ven acá -lo alzo y choco nuestras narices moviéndolas de un lado a otro-. Pero si eres tú, ¿cómo has estado? ¿Me has extrañado mucho?
-Miau…
-Oh, yo también te extrañe mucho -lo abrazo y él me da pequeñas lamidas en mi mejilla.
Alguien se aclara la garganta, Nayan, nos mira con una ceja alzada.
- ¿Ustedes dos se conocen?
- ¡Claro que sí! Él es mi dra… mi mascota -sonrío y dejo a Orión de un lado para sobarle su pancita-. Eres un gato muy hermoso, sí, lo eres.
-Miau…
-Ok… Esto es muy raro, ¿lo sabes?
-Claro que no. Te presento Orión -el nombrado lo mira y se le acerca, Nayan lo aleja y se sacude amargado-. Orión, él es Nayan.
-Miau…
-Es muy tierno, ¿verdad?
-Es muy sucio, da pena.
- ¡Oye! Él no es sucio, solo que… espera, ¿por qué mi gato está n***o?
-A mi ni me mires, lo encontré así, él fue el que me llego hasta verte en el suelo casi inconsciente.
- ¿Inconsciente?
-El que hace las preguntas aquí soy yo.
- ¿Disculpa?
- ¿Qué hacías en ese lugar?
-Ya te dije, solo tenía curiosidad.
- ¿Curiosidad de qué?
-Del lugar, no hagas preguntas, me duele la cabeza y solo quiero dormir.
- ¿Por qué fuiste sola?
-De verdad, Nayan, ahora no estoy para un interrogatorio.
- ¿Por qué no me dijiste que te acompañara?
-Ya te dije todo -suspiro irritada-. Solo déjame dormir.
- ¿Qué demonios hacías allá sola?
- ¡Qué te vayas! -se queda perplejo, con sus labios formando una línea y sus ojos parpadeando muchas veces. Mi voz no salió como lo pensé, fui muy grosera-. Yo… lo siento.
-Tranquila, fui impulsivo.
-No, reaccioné muy mal, perdóname.
-Déjalo así, solo me preocupaba por ti -se levanta de mala gana y camina hasta la salida-. Ya estás mejor, así que ya no me necesitas.
-No, espera -desvía la mirada y sale dejándome culpable de la situación-. Gracias por cuidarme…
-Miau…
-Lo sé, Orión, actué mal -me tiro a la cama y me vuelve a doler la cabeza-. ¡Auch!
-Miau…
- ¡No te rías! ¡Y deja de actuar como un gato y habla normal!
-Lo siento, la situación me dio risa.
-Gracias, ¿no te da pena decir miau?
-No, porque soy un gato, ¿lo olvidaste?
-Solo aparentas serlo, pero no lo eres.
-Para los mortales sí lo soy.
Ruedo los ojos y me tapo con las sábanas-. Como sea, ¿quién te dejó venir?
-La gran reina Evanora.
- ¿Y por qué?
- ¿No te alegra verme? -le doy una mirada cansada y él ríe-. Ella me envió, dijo que ya estabas lista y que necesitabas a tu siervo para complementarte.
- ¿Siervo? Pero si eres mi amigo.
-Es un decir, tonta. Me dijo que venga y esté a tu lado porque ahora que tienes poder van a pasar terribles cosas, también me dijo que te cuide mientras estas en la misión ya que eres la elegida y no te descubres a tu misma aún.
- ¿Elegida?
-Sí, ¿no es interesante? ¡Eres tú!
- ¿Sabes a qué se refería la reina?
- ¡Por supuesto! ¿Tú no? -niego-. Qué pena.
- ¡Tarado!
-Ya, ya. Me dijo que no te diga nada porque tienes que descubrirlo por ti misma.
Orión, mi gato, amigo, hermano, y compañero de combate, es una de las personas más importantes en mi vida. No es un simple gato, él habla y cuando es hora de combatir se transforma en un increíble dragón rojo con diseño dorados, una criatura magnifica, solo lo eh visto convertido una sola vez, fue cuando yo tenía apenas quince años, lo recuerdo tanto, la Luna estaba siendo atacada por las Sombras Plateadas y él me salvó, somos muy unidos.
Lo quedo mirando hasta ponerlo nervioso-. Te quiero -le confieso con la voz más dulce que tengo, y es que es cierto, lo quiero más que a nada.
-No te pongas sentimental, luego me pones como una flor de otoño -se ruboriza-. Yo también te quiero, mi quería ama.
- ¿Otra vez con eso?
-Pero si es la verdad, soy tu sirviente.
-Eres mi amigo, eres mi hermano y ya deja de llamarme así, sabes que me incomoda.
-Está bien, Freya.
- ¿Por qué estás sucio?
-No te rías, pero me caí tratando de buscar a ese chico raro.
- ¿Te caíste?
-Sí.
- ¿En dónde?
- ¡En tierra! -chilla como niño-. ¡Y lo peor es que había otros gatos mirándome! ¡Mi reputación quedó mal!
-Ya pasó -lo consuelo-. Solo olvídalo y báñate.
-Lo sé, apesto.