Una misión no es algo que hay que tomarse a la ligera. Una misión es un reto que te ponen para ver hasta donde llegas, si logras culminarla y completarla depende de ti.
Depende de mí la vida de Nayan.
Hace veinte lunas atrás mi idea de cuidar a un mortal era sencilla, solo seguir sus pasos y no dejar que le hagan daño desde cualquier aspecto, pero todo eso cambió cuando me di cuenta que no es tan fácil.
Las Sombras Plateadas nos han estado asustando a Orión y a mi desde que invoqué el hechizo en aquel lugar para ver lo sucedido hace años. Parece ser que en el hechizo que invoqué había una alarma que se activaba cuando alguien intentara revivir los recuerdos de ese día dándole a los malos la señal para ir tras la persona que intentara saber lo sucedido.
Tanto Orión como yo hemos hecho lo posible por cuidar del hijo de la reina, pero los constantes ataques han hecho que Nayan sospeche cada que desaparecemos. Todo a sido difícil, aunque algo me dice que aún no llega ese día donde tengamos que luchar con todos nuestros poderes, siempre doy lo mejor de mí.
Pero, dejando todo eso de un lado, hay algo que me preocupa, y es que esas sustancias dañinas y tóxicas están haciendo de él una persona que está muerta en vida. Sus ojeras, su pile pálida, su delgadez, sus ganas de vivir, y sus constantes decaídas están llegando muy lejos. Muchas veces lo he visto inhalando un polvo blanco y siempre que lo hace termina muy mal. Varias veces le he dicho que eso lo está dañando, pero siempre me responde con un Eso a ti no te incumbe o Vete y déjame solo, todos se van y lo hacen. No he visto una persona más terca que Nayan Dimitriou.
- ¿Otra vez con eso, Nayan?
-hum.
-Eso te daña por dentro. ¿Cuántas veces te lo tengo que recordar?
-Solo vete y déjame solo…
-Todos se van y lo hacen, lo sé.
- ¡Valla! Te lo has aprendido de memoria.
Me siento en el pasto verde mirándolo de frente-. ¿Por qué? -La pregunta deja mis labios sin pensarla.
Deja de un lado la pequeña hoja y se sacude la nariz, pone sus manos a los lados tocando el suelo y suspira-. Porque es la única manera de no sentirme solo -voy a decir algo, pero el me interrumpe y sigue-. Como ya sabes, todos se van y me dejan. La goin me ayuda, al consumirla entro en un mundo muy diferente, uno donde no hay maldad, hipocresía, odio, rencor, lastima. Ese mundo es mi refugio confiable, hay nunca termino decepcionado de las personas o, peor aún, no termino solo.
-Pero tiene que haber otra solución.
-Dime, ¿alguna vez te has sentido sola? ¿O la persona que más amabas te abandonó dejándote completamente solo? Siempre dicen que hay una luz al final del túnel, y no se si aún no termino de recorrer ese túnel o simplemente está cerrado para mí. ES difícil y agonizante no tener a alguien que se preocupe por ti, que te diga lo cuanto te quiere, que te prepare algo de comer y te pregunte si te gusta o le falta algo más. Estar solo no es para nada fácil. Estar solo conlleva a depresión, al abandono, al encierro por la falta de alguien. Trato de dar lo mejor de mí, pero cada vez que me levanto vuelvo a caer por una simple y sencilla razón. ¡Porque vivir ya no está en mis planes! -su voz se rompe en llanto, gruñe y grita del dolor, tiembla y muerde sus labios ahogando quejidos. Verlo así, vulnerable, me duele.
Sin pensarlo, me acerco a él y me siento encima de sus largas piernas-. Mírame -ordeno-. ¡Mírame! -me gano su mirada, sus ojos llenos de lágrimas, sus mejillas todas rojas junto con su nariz-. Yo estoy aquí, no digas que no hay una salida cuando me tienes a mí. No se como se siente estar sola, pero sé que la peor decisión que alguien puede tomar es acabar con su vida. Todos nacimos por un propósito, si el tuyo es cambiar y demostrar que hay vida después de la tormenta, entonces enséñales a las personas que no creen en ti que tú si puedes lograrlo -pongo mis manos sobre sus mejillas y con mis pulgares limpio las lágrimas que aún ruedan por esta. Su mirada pendiente de la mía me hace sonreír-. No estás solo, ¿ok?
- ¿Tú estás conmigo?
La pregunta me toma por sorpresa. Mi corazón se encoge al saber que no me quedaré
-Tranquila, lo sé -saca mis manos despacio de su rostro y se seca las lágrimas de mala gana-. Me tengo que ir -intenta pararse, pero lo detengo poniendo mi cara en su cuello y mis manos alrededor de su cintura-. ¿Qué haces?
Sonrío y le susurro al oído-. Estoy contigo, Nayan.
Sus manos rodean mi cintura, y de un momento a otro ya me encuentro más cerca de él, sintiendo su corazón latir un poco rápido, puedo escuchar su respiración en mi oído y un susurro, tan solo un susurro que me hace dar cuenta de algo.
-Te quiero, Freya.
Si querer es sentir esto, entonces también lo quiero a él.
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- ¿Cómo se llamaba este triangulo viscoso?
-Por Dios, Freya. ¡Es pizza!
-Oh, Ya, sabe rico.
- ¿Cómo es que nunca la habías probado?
-No suelo comer este tipo de cosas.
-Tu vida es un desperdicio, de verdad -niega irritado.
-Miau…
-Hola, Orión.
- ¿Tú otra vez? Ni creas que te daré de comer, ¡es mi pizza! -gruñe.
-Miau…
-Lo bueno es que ya no apestas.
- ¡Nayan!
- ¿Qué? Digo la verdad -rueda los ojos y le da una mordida a la comida.
-Miau…
Oh, no, ahorita no, ¿por qué ahora? Como últimamente las Sombras Plateadas han estado visitándonos, Orión y yo habíamos quedado en que cada que ellos regresen él iría por mi para enfrentarlos de nuevo hasta que se marchen como lo han estado haciendo hasta ahora.
-Nayan, me tengo que ir -me levanto y sacudo mis manos.
- ¿A dónde vas? -su voz tan tierna me saca de la realidad-. Aún queda mucha pizza.
-Tengo algo que hacer.
- ¿Te veo mañana? -su sonrisa, esa que te da miles de años de vida con solo verla.
-Si, nos vemos -me despido de él y camino a paso rápido siguiendo a Orión.
-Freya, ellos lo están buscando, saben que él sigue aquí.
- ¿Cómo dieron con él?
-No lo sé, tenemos que averiguarlo -asiento y caminamos hasta llegar al otro lado del campus, donde no hay nadie.
-Orión, mira.
-Freya, esos no son las…
-Gárgolas.
-Pero ¿las Sombras y las Gárgolas no son los mismos seres?
-Estás en lo correcto, pero las Sombras son las menos poderosas, en cambio las Gárgolas son las supremas. Se diferencian por el símbolo en su frente.
-Esto no me está gustando, mejor no…
-Calma, tenemos que ir, tenemos que cuidar del hijo de la reina, no podemos retroceder -ambos, con miedo, llegamos a paso firme hasta donde están los cuatro seres vestidos de hombres comunes y corrientes-. ¡Hey!
-Oh, a ti te estábamos buscando, hechicera -habla uno de los cuatro, con malicia en su voz.
- ¿Qué es lo que quieren?
-Tú sabes lo que queremos -se acerca y queda muy cerca de mi-. No nos iremos hasta que nos lo entregues.
-Entonces terminarán decepcionados porque no obtendrán nada.
-Sabemos que él está aquí.
-Supongo que también saben que hay alguien protegiéndolo, ¿verdad? -lo desafío con la mirada. Una sonrisa de lado se planta en mis labios.
- ¡Claro! Tú, una simple hechicera, no eres nadie contra nosotros -todos ríen.
-Entonces no tendrás ningún problema en combatir contra mí.
- ¿Es broma? ¿Crees que podrás con uno de nosotros?
-Comprobémoslo -me pongo en posición de ataque, con el pie derecho detrás, semi virada, mis manos abiertas formando un circulo a la altura de mi pecho y Orión a mi lado listo para a****r-. ¿Tienen miedo?
-Por favor, ¡claro que no! -los cuatro se ponen en fila abriendo sus piernas, flexionándolas, poniendo sus puños a la altura de sus caderas-. ¡Combate a muerte! ¡Quién gane se quedará con el hijo de Evanora! ¡Abriremos una dimensión desconocida para llevarlo a cabo!
-No se los dejaré tan fácil.
-Eso lo veremos.