Un portal se abre y empieza a cubrir todo el espacio donde combatiremos hasta trasladarnos a un espacio vacío. Lo conozco muy bien, este es el espacio tiempo, un lugar que solo se usa para combates, uno donde solo sales muerto en el caso que pierdas el combate. Es un lugar donde la gravedad se hace notar, donde no existe el suelo y solo tu ser y el de la otra persona, un lugar donde hay tensión en el ambiente, un lugar que pinta un color rojizo oscuro, como el de la sangre. Un lugar de batalla o muerte.
Sin dejarme siquiera empezar, siento una gran energía acercarse a mi y, por reflejos, la esquivo moviéndome hacia arriba.
- ¡Maldita!
Otra gran energía, convertida en círculo, me rodea de una forma rápida y extraña.
- ¡Qué hacen! ¡Sáquenme!
- Jajaja. Nos desafiaste, ahora la única de salir de aquí es estando… muerta -aprovecho su distracción para armar un plan y salir del encantamiento con Orión-. ¡Muerta! ¡Eso es que lo mereces por esconder a un niño no puro! ¡La muerte!
- ¡El no le hace daño a nadie!
- ¡Pero es una amenaza! ¡Así que merece morir!
Mi sangre hierve con escuchar aquello-. ¡Quién eres tú para decir eso!
- ¡Soy el que se encargará de enviar a ese niño al otro mundo!
- ¡Cállate! -mis puños duelen por los apretados que los tengo, mis dientes chocan y tiemblan, todo mi cuerpo se agita y mis ganas de matarlo para que no diga que Nayan va a morir fluyen-. ¡Tú eres el que va a morir aquí! -siento una gran energía, pero no le presto atención, la ira me consume, el odio se apodera de mí, la maldad me hace no pensar en algo bueno, en un combate limpio, sino en uno donde acabe con los cuatro muertos-. ¡Tú eres la amenaza! -y sin pensarlo, lanzo una gran ráfaga de energía que nunca antes había sentido, aquella logra impactarlos, pero no matarlos como quería. Una energía misteriosa empieza a rodearme, pero en estos momentos no me importa nada más que matarlos, así que abro mis puños a los lados y me elevo haciendo un arco con mi cuerpo-. ¡Tú y tus siervos son personas repugnantes! ¡Personas que deben morir y dejar de existir! -una oleada de calor me invade y me empiezo a sentir más ligera.
- ¡La única que saldrá muerta de aquí eres tú, maldita hechicera! ¡Y luego de eso voy a gozar la tortura que el pobre chico recibirá! -sus palabras, cada que habla alimenta mi ira-. ¡Lo gozaré tanto que será el mejor día en toda mi vida!
- ¡Qué te callaras! -mi cuerpo empieza a quemarme, un gran resplandor me hace cerrar los ojos por reflejos, no se de donde viene, y tampoco sé porque siento que mis fuerzas en cualquier momento se acabarán-. Yo, Freya Saturno -pronuncio cada palabra con la misma rabia y odio que siento en estos momentos-, me declaro protectora de aquel chico, y le declaro la guerra a cualquiera que le quiera hacer daño. ¡A cualquiera! -mi energía crece de una forma inexplicable, como si fuera toda la que tengo, pero algo me dice que esto es malo, que todo lo que siento me consume, y no me importa, no cuando se trata de protegerlo a él-. ¡Nunca más te atrevas siquiera a decir que el merece morir! -y con eso último, desprendo todo lo que recargaba por dentro de una forma rápida, pero dolorosa.
Y lo último que escuché fue que alguien decía mi nombre de una forma desesperante.
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- ¡Freya!
-hummm…
- ¡Freya, despierta!
- ¿Qué pasa…? Tengo sueño.
- ¡Freya!
- ¿Qué pasa? -me siento en la cama y me froto los ojos al mismo tiempo que bostezo-. ¿Qué quieres Orión?
- ¿Te sientes bien? ¿No te duele algo? ¡Me tenías preocupado!
- ¿Me tendría que doler algo? -lo miro pensativa-. ¿Por qué me despiertas?
-Como no te despertabas creía que estabas muerta.
- ¿Muerta? -lanzo una carcajada-. Solo dormí un poco, no fue para tanto.
- ¿Dormir tres lunas seguidas es poco para ti?
- ¿Dormí tres lunas seguidas? -asiente-. ¿Por qué dormí tanto?
-Creo que fue por la batalla, todas tus energías se agotaron -pone su mano en su cuello o lo rasca-, aunque no es para que durmieras tanto.
- ¿De qué hablas? ¿Cuál batalla?
-La que tuviste con las gárgolas, ¿no recuerdas?
-No -me intento levantar, pero un dolor en los brazos no me deja apoyarme en la cama-. ¿Qué me pasó? -reviso y veo quemaduras leves-. ¡Orión! Estoy… ¡Estoy quemada! -chillo asustada.
-No te alteres, estuve curando tus heridas, por eso ya casi no se ven.
-Pero ¿por qué tengo esto?
- ¿Recuerdas la batalla donde todo de ti cambio, te hiciste más fuerte, tu energía esa difícil de describir y te hiciste ira? -niego varias veces-. ¿En serio?
-Ya te dije que no lo recuerdo -mofo.
- ¿De verdad no recuerdas cuando las gárgolas dijeron que iban a matar al hijo de l reina solo porque es una amenaza? -una electricidad llega a mi mente al escucharlo, y rápidamente los recuerdos vienen a mi mente-. Oh, veo que lo recuerdas muy bien.
-Espera.
¡Pero es una amenaza! ¡Así que merece morir!
¡La única que saldrá muerta de aquí eres tú, maldita hechicera! ¡Y luego de eso voy a gozar la tortura que el pobre chico recibirá!
¡Lo gozaré tanto que será el mejor día en toda mi vida!
-Freya… creo que es mejor que descanses -duda de sus palabras, como si tuviera miedo-. ¿Freya?
- ¿Sí?
-Tus puños… -dirijo mi vista hasta mis manos y me doy cuenta que las tengo muy cerradas y temblando-. Los recuerdos de ese día te ponen así…
-Yo, no, solo me alteran, es todo -trato de calmarme, pero los recuerdos le dan vuelta a mi mente haciendo que gruña-. Orión, trae a Nayan.
-Creo que no es un buen momento para traerlo, él no puede verte así.
-Él es el único que puede calmarme, si lo veo toda mi ira abandonará mi cuerpo -digo, y muevo mi cuello de atrás hacia delante respirando hondo-. Tráelo -el asiente y sale corriendo en cuatro patas.
¿Qué es esto? ¿Por qué estoy reaccionando de esta manera? La ira no s algo que sienta frecuentemente, pero esta ira es algo irreal, esto me hace querer matar. Si no hubiera hecho nada aquel día en estos momentos mi misión habría sido un completo desperdicio. La reina estaría devastada y decepcionada. Pero lo que más me pone curiosa es saber que fue lo que hice para poder ganar contra ellos con un simple movimiento, lo que haya pasado luego de eso me tiene angustiada porque no recuerdo absolutamente nada.
- ¿Freya?
- ¡Nayan! -le extiendo los brazos y él corre a sentarse a mi lado para envolverme en su aroma.
- ¿Dónde estabas? Me tenias muy preocupado.
-Eso no importa ahora, solo quería saber si estabas bien.
-Yo estoy bien, solo preocupado.
-Estoy bien… ¡Auch! -mi brazo, mis quemaduras.
- ¿Te duele algo? -me revisa y nota el rojizo en mis brazos-. ¡Quién te hice esto!
Orión y yo nos damos una mirada nerviosa hasta que respiro y le cuento-. Fue un chico.
- ¡Un chico!
-Si, pasaba por un edificio y el chico lanzó agua caliente, no me vio y me quemó -miento.
-Ese imbécil, ¡como pudo hacerte esto!
-No es para tanto, solo…
- ¡Como que no es para tanto! ¡Tienes quemaduras muy graves!
-Tranquilo, el chico pagó los daños y gracias a eso ya casi no tengo nada -sonrío.
Suspira y agacha la cabeza, pone sus manos en sus piernas y me mira-. Estaba muy preocupado, no te veía en tres días, dijiste que estaríamos en contacto, pero no fue así -agarra mis manos y me da una sonrisa sin mostrar sus dientes, yo me sonrojo por su mirada y miro a un lado-. Al menos me lo hubieras dicho -su voz tan suave me saca de la realidad.
La pregunta viene a mi cabeza, y la digo-. ¿Por qué te preocupaste por mí? Antes eras egoísta y arrogante, ¿por qué cambiaste?
-Porque eres mi amiga.
Amiga…
-Pero estoy bien.
-Lo sé, me quedaré un rato más hasta ir a clase, no tengo nada que hacer y ya me acabé la goin -niego y lo fulmino con la mirada-. Me quedaré contigo, ¿puedo?
-Si puedes.