Capitulo 11

2163 Palabras
Elizabeth estaba abrazada a la puta cabrá mientras yo esperaba a su lado a mi hermano que viniera con una furgoneta para llevarnos a la maldita cabra a mi casa para el sábado llevarla a un refugio, el tiempo suficiente para volver loco al otro colegio y para que la chica loca de las cabrás me deje tranquilo, y quizás haga algo de caso a mi hermano, todo ventajas, no comprendía bien porque mi hermano se hubiera fijado en ella, es una persona demasiado rara, es fría y hace cosas que nadie entiende, no comprendo como una persona es capaz de secuestrar una cabrá sin una razón aparente. —¿Como haces para que no te pegué?—le pregunte demasiado curioso. La chica me miro, era demasiado raro que la cabrá no cogiera y le pegara una patada para poder irse, pero no la cabrá estaba de lo más tranquila en los brazos de la chica como si nada pasará, como si todo estuviera bien, como si las cosas fueran lo mejor del mundo estando en sus brazos, quizás esa chica tenía esa capacidad de hacer sentir a la gente segura a su lado, por su gran personalidad que daba demasiada energía. —Me ama—comento la chica, la mire demasiado sorprendido porque su actitud era demasiado insoportable—Llevo meses trabajando en esto—me aviso. La mire sin entender nada, y levante una ceja sin entender nada. —¿Enserio lo has planeado?—. Ella me miro en silencio analizando si debía responderme o que me podía contar, no soy una persona que pueda entender muy bien las cosas de la vida, ella no es una amiga para mi, no es una de las personas con las que tengo mejor relación, se que nunca tendré una relación sana y normal con ella, no creo que por mucho que hablemos podamos tener una relación demasiado normal, una relación con sentido, ya que somos demasiado diferentes, quizás lo único que tenemos en común es que los dos tenemos dinero pero no es una cosa que hagamos nosotros, sino que lo tenemos por nuestros padres. Pero si analizamos nuestra personalidad, no tenemos nada en común, puede que los dos seamos rubios, pero mientras ella es demasiado coqueta y segura de si misma, mientras que yo evitaba llamar la atención, aunque era raro porque era parte del equipo de futbol y no podía negar que era algo demasiado extraño. —He intentado que mis padres me dejen adoptar cabrás por meses—comento. Arrugué mi nariz demasiado sorprendido. —¿Cuántos animales tienes?—le pregunte con demasiadas dudas. Con todas las veces que mi hermano ha espiado a esta chica creo que la conozco mejor que nadie en su vida, incluso quizás mejor que ella misma, era algo demasiado raro pero es que no puedo hacer nada, mi hermano habla demasiado de ella, no se calla, es como si fuera de lo único que sabe hablar, en ocasiones es incomodo. —Mi gato, dos conejos, un perro y varios pájaros—dijo como si nada—Hasta hace poco teníamos un mono—comento la chica. Estaba demasiado impresionado, se que las personas, en su mayoría aman los animales, creo que poca gente no ama a los animales, pero por mucho que amemos a los animales la gente no estaba tan loca como para tener muchos animales en su casa, por mucho que fueran la mejor cosa del mundo, nadie puede mantener tantos animales en casa, nadie los quiere tanto como para tener tantos animales y seguir con la vida como si nada. —¿Te dejan tener tantos animales?—le pregunte. Ella cerro sus ojos apretando todos los músculos de su cara como si le molestaran las preguntas o como si algo no le gustara, la chica se sentó en el suelo, y ato a la cabrá al poste de alado, me tense a su lado y la mire sin saber porque actuaba así. —Son todos recatados, animales que van a matar—me dijo. La mire en silencio. —No les pido permiso, cojo al animal y voy a casa llorando, intento que este mi hermano en casa para que colabore en el asunto, muchas veces solo me dejan hasta que le encuentre un refugio, y de ahí hago que amen al animal—me explico. Buena táctica pero seguramente si aparezco con un animal en casa, me maten a mi y después al pobre animal, mis padres no son muy amantes de los animales, hacen campañas para salvarlos y dan dinero a refugios, pero no aceptarían un solo animal en casa por pequeño que fueran, porque odian la responsabilidad que ellos dan, los animales, para ellos la única responsabilidad que valía era la que te daba tu trabajo, que era la importante y la que valía, lo demás eran distracciones que solo nos distraerían de nuestro objetivo de ser los mejores. Enfrente nuestro paso una pareja de dos chicos. Eso me hizo pensar ¿Era lógico evitar a Ryder? No me sentía demasiado ajusto con no verle ni poder hablarle a la hora que me diera la gana, con no jugar videojuegos con él para mi era una de las cosas que menos me gustaba en el mundo, estar con Ryder era una de las cosas que más me gustaba en el mundo, me gustaba en la forma que no necesitaba hablar para que me entendiera, para que supiera que necesitaba y eso era algo que me gustaba, porque odiaba con todo mi ser hablar de mis emociones, es algo que me incomoda, que me hace sentir un idiota porque no hay palabras que expresen todo lo que siento, pero con él no necesito hablar, no necesito poner nombre a las cosas, solo debo estar. Quiero que sea parte de mi vida, quizás sea algo que necesite pero no se como hacer con todo esto, se que mi hermano me decía que agarrara y me declarara, sin miedo pero había muchas cosas de por medio, muchas cosas que podían joder nuestra amistad y era lo ultimo que quería. —¿Puedo preguntarte algo?—le pregunte. Ella me miro en silencio. No estaba seguro de lo que estaba haciendo pero mi cabeza me dijo que seguramente que alguien a quien no le importe opine del tema ayude en algo- —No somos amigos—me dejo claro. Era una cosa que tenía demasiado claro y no quería ser su amigo. —Quizás esa sea la mejor parte—. Ella me miro sorprendida. —Tras lo que voy a contarte necesito que hagas como que no sabes nada, como que me odias—le pedí. Río. —Eso no será muy difícil—. Respiré profundamente y cerré mis ojos mientras pasaba mis manos por mis piernas acariciándolas, estaba nervioso, no estaba lo suficiente como para vomitar o huir pero estaba en camino de estar en esa situación, hacía demasiado poco que había hablado de mis emociones con la gente que me importarla para ahora hacerlo con Elizabeth Henderson, la chica que peor podía caerme del mundo. —Soy gay—. Su cara no cambio, se quedo sin demostrar nada tras mi declaración, era como si se lo esperara si como no le sorprendiera que me gustarán los chicos, pero era imposible que alguien lo hubiera notado. —¿Y eso por que es importante?—. Me sorprendió demasiado su pregunta. Su cara no era de indiferencia sino que simplemente ella no veía algo malo en mis palabras, eso me tranquilizaba demasiado, es una cosa que me da demasiado miedo, por mucho que la sociedad haya avanzado y avance todos los días, no se puede nunca estar cien por cien seguro de donde reside el odio de la gente, por mucho que ahora las personas se llenen la boca con las frases de que amar es libre, de que nadie puede impedirte ser quien eres, la gente muere todos los días por esas mismas razones. —Me gusta un chico—. Seguí. Ella simplemente acarició a la cabra sin nada, sin alterarse ni emocionarte. —Si todo esto es porque te gusta algún amigo, supéralo—me dijo haciendo que la mirara sorprendido—Tienes solo dos opciones, la primera es decirle que eres gay y ver su reacción, que sea el quien te diga algo o sino, olvidarlo y liarte con todos los tíos que puedas hasta que lo olvides o venga el suplicando estar contigo—. Esas eran las dos opciones que mi mente había barajado pero no eran tan sencillas de llevar, el dolor que daba ser rechazado, el dolor que daba que las personas que querías no estuviera a tu lado era algo demasiado complicado. —¿Y si me rechaza?—le pregunte. Ella me miro molesta. —Pues te vas de intercambio un año para olvidarlo—. Me quede en silencio, se que mi padre quería demasiado que alguno de los dos cogiéramos y nos fuéramos a un país Europa a estudiar unos meses para agrandar nuestros conocimientos, ya hacía demasiada fuerza en que domináramos varios idiomas, era demasiado pesado con que estudiáramos demasiadas cosas, cuanto más mejor. —Las cosas no son tan fáciles—me queje. Ella me miro. —Nada en esta vida es fácil y mucho menos si merece la pena—me dijo y la mire en silencio—¿Ese chico merece la pena? Porque sino lo hace, lo mejor es que le olvides y te vayas a buscar algo en la vida que haga que al despertarte cada mañana sea un deseo para poder verle, que pensar que en esa persona sea demasiado hermoso, sea lo ultimo y lo primero que haces en tus días, eso debe ser el amor—. Bien. Estaba claro que esa chica sabía dar buenos consejos. Ryder, era un buen amigo, era una buena persona, era una persona que solo con su presencia me hacía feliz. El día que sabía que le iba a ver, me levantaba de mejor humor. Pensaba mucho en él, no se si porque era mi amigo y la persona que me ayudaba en muchos de los problemas de mi vida o porque las cosas que me hacía sentir, eran amor. La electricidad recorriendo mi cuerpo. Los nervios que me dan cuando se acerca a mi. La necesidad de tocarlo casi siempre. Molestarme porque este con otro. Querer oler su pelo. Vale, quizás eso ultimo no porque parece de un psicópata acosador. Mi hermana llego en ese momento haciendo que la conversación no pudiera dar más de si, simplemente nos tuvimos que callar porque él aparco el coche delante nuestro, bajando la ventanilla para mirarnos. No es que no confié en mi hermano, pero no podemos exponernos a que mi hermano sepa que estoy confiando en una persona lejana a mi antes que en él, no es que no confíe en mi hermano, confió demasiado pero su deseo de que este feliz es mayor a cualquiera, a decirme lo que en realidad necesito, y ella, Elizabeth, al odiarme más que otra cosa me dará un gran consejo. —¿Por que tienes una cabrá?—pregunto mi hermano sin darse cuenta de con quien estaba. —Abre la puerta del maletero—le ordeno Elizabeth a mi hermano. La cara de mi hermano cambió, se puso demasiado nervioso al ver a la chica que le gustaba ahí, parada a mi lado, como si nada, como si fuéramos amigos, mi hermano me miro con cara de querer matarme ya que iba en chándal y seguro en su mente no iba suficientemente bien vestido, para mi hermano la apariencia era demasiado algo demasiado fundamental, era una cosa que nadie entendía, pero para él que la chica que le gustaba le viera así era demasiado duro porque no quedaba bien, aunque ya te dijo que a esta chica le importa bien poco lo que haga, o como este, solo le importa la cabra del demonio. —Venga—grito la chica al ver que mi hermano no reaccionaba. Mi hermano abrió el maletero y ella en silencio metió la cabra al maletero. —Me envías fotos de todo, y la dirección de el refugio al que le vayas a llevar que quiero visitarle—me aviso. Sin decir nada más, como si la conversación que tuvimos no hubiera pasado, se fue, mire a mi hermano en silencio demasiado sorprendido y creo que como yo sin entender muy bien que estaba pasando, quitando las veces que mi hermano a dejado algún regalo en la taquilla de Elizabeth o que ha intentado hablar con ella por el pasillo, su comunicación no existe, por lo que se que tiene muchas dudas, quizás más que yo mismo. —Cállate—le ordene cerrando el maletero sabiendo que nada se podía complicar más en mi vida.
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