Al día siguiente, luego de haber descansado lo suficiente. Vulcano salió de la cabaña refregándose los ojos con sus manos en forma de puños, la luz resplandeciente del sol le causaban algo de fastidio cegándolo por unos momentos hasta que por fin pudo poner su vista en dirección al pequeño lago que había cerca de la cabaña, allí estaba Haru acostada mirando al cielo con su espada en su abdomen, como si estuviese muerta. Vulcano corrió hasta donde esta yacía para así asegurarse de que estuviese bien pero esta justo antes de que el hombre se le acercara levantó su mano mostrándole el dedo índice deteniéndolo en el acto.
- Buenos días maestro, ¿qué tal la noche?
Vulcano soltó una leve risa y se dio vuelta para volver a la cabaña ignorando la pregunta de Haru, la cual sintió como este se iba alejando debido a sus pasos en el pasto, relajándose nuevamente y concentrándose en su respiración, pero justo cuando retornaba a su tranquilidad en un breve instante abrió sus ojos ya que sintió que estaba siendo elevaba, lo próximo que vio fue el agua cubrirla por completo y en reacción inmediata volvió a salir a la superficie en pánico.
- Buenos días despistada, ¿qué tal el baño?
Haru gruñó y se sacudió en el agua haciendo que esta salpicara a Vulcano el cual estaba parado frente al lado riéndose de la chica que se había descuidado. Este hombre tenía la habilidad de hacer que sus pasos no pudiesen ser detectados por nadie gracias al control de viento perfecto que poseía. Vulcano se agachó y le tendió la mano a Haru, esta la tomó aun con su expresión de enojo y salió del agua.
- ¿Dónde dormiste anoche? — preguntó Vulcano luego de que Haru estuviese en tierra firme
- Aquí, junto al lago — señaló la chica estrujando su cabello para escurrir el agua
- ¿Por qué no entraste a la cabaña?
- No fui invitada, no entro a sitios si no me invitan
- Pudiste morir Haru, ¿acaso no te importa tu vida? — manifestó Vulcano algo enojado
- Como voy a morir en este bosque, es demasiado pacifico
- Haru, este sitio está habitado por criaturas que pueden ser muy peligrosas
- ¿Lo dices en serio o sólo me lo dices para que duerma esta noche en la cabaña?
- No es broma, durante años muchas criaturas fantásticas se han mantenido en este bosque y muchas de ellas suelen ser peligrosas
La chica miró a su alrededor intentando encontrar alguna de esas criaturas pero en vista de nada, simplemente hizo caso omiso a lo que Vulcano le dijo.
- No pienses que estoy jugando niña, es precisamente por eso que te traje a este bosque a entrenar — dijo volteándose y caminando en dirección a la cabaña
- ¿Para que una de esas criaturas me asesine? — manifestó con sarcasmo
- Eso espero, eso me ahorraría mucho tiempo
Haru tomó esas palabras con seriedad, luego de analizar la situación notó que Vulcano no estaba bromeando y que realmente el sitio era peligroso, no debía dejarse engañar por las apariencias fantásticas del bosque en su momento más oscuro. De haber alguna criatura por allí rondando, no tardaría en aparecerse.
Esta se dirigió hasta la cabaña donde Vulcano estaría preparando su mochila donde llevaría algo de comida para pasar el resto del día y regresar en la noche. Cuando estaba por culminar de empacar todo, lanzó una de esas bolsas a Haru, esta la atrapó en el aire con agilidad y procedió a colgársela en el hombro.
- ¿A dónde iremos? — preguntó Haru mirando atentamente a Vulcano
- Iremos de caza — respondió a secas envolviendo sus cosas en una tela
- ¿Qué hay para cazar en este bosque?
- Venados, osos, peces, ogros — continuó respondiendo a las preguntas de Haru con algo de disgusto
- ¡¿OGROS?! — exclamó abriendo sus ojos sorprendida
- Sí, ogros
- Pero ellos no existen, ¿o sí?
- Existes tú, ¿por qué no van a existir los ogros? — le contestó pasándole por el frente y saliendo de la cabeza por su puerta principal sin dirigirle la mirada
La chica lo siguió intentando mantenerle al ritmo, al cruzar por el lago Haru recogió su espalda que se encontraba tirada y la guardó nuevamente. Durante todo el camino Vulcano se mantuvo en silencio, buscando atentamente qué camino tomar y en qué posición ubicarse para comenzar la cacería. Una vez encontraron unos arbustos lo suficientemente frondosos se colocaron detrás de ellos, Vulcano sacó unas bayas de su bolsa y las tiró al medio del camino que allí había.
- Vulcano, quería disculparme si te hice enojar — le dijo Haru en voz baja mientras se encontraba arrodillada junto a él
- Haz silencio — respondió levantando el dedo índice deteniéndola
- Pero Vulcano, en serio discúlpame
- Silencio, Haru. Se acerca alguien — volvió a repetir
- ¿Cómo lo sab… — fue interrumpida por la mano de Vulcano en su boca
Un ciervo se asomó entre los arbustos que se encontraban al frente, con disimulo comenzó a olfatear el suelo hasta que encontró la baya que Vulcano había tirado. Este se mantuvo en silencio mientras le tenía la mano en la boca a Haru aún.
Algo estaba mal, ya que podía percibir que se aproximaban más ciervos pero muy lentamente. Fue alejando su mano de la boca de Haru haciéndole una seña de que se mantuviese en silencio y no se moviera. Así que siguió observando aquella escena del ciervo en medio del camino, olfateando la baya un poco más, segundo después aparecieron más ciervos reuniéndose junto a la carnada.
- ¿Por qué no los cazamos? — susurró Haru acercándosele más a Vulcano
- Si los cazamos, nos cazarán a nosotros — respondió manteniendo el tono bajo para no crear disturbios
Haru lo miró confusa, no entendía como unos simples ciervos podían cazarlos a ellos. Pero ya se esperaba cualquier cosa de Vulcano, era un sujeto extraño con expresiones extrañas que al final terminaban siendo sabias.
- ¿Traes tu espada? — preguntó Vulcano sin alejar su mirada de los ciervos que ahora comenzaban a mordisquear la baya
La chica afirmó con su cabeza tomando el mango de su arma.
- Pase lo que pase, no pares de correr — dijo en voz baja desenvainando lentamente su espada
Los ciervos se mantenían mordisqueando la baya, cuando de la nada varios de estos fueron atravesados por flechas, cayendo al suelo ya fallecidos. Los demás ciervos salieron corriendo despavoridos de la escena evitando un final como el de los demás.
Haru se alertó y también desenvainó su espada con lentitud. Vulcano puso la palma de su mano en el suelo, cerrando sus ojos y concentrándose para así usar su técnica sensorial, percatándose de que varios seres se acercaban lentamente, posiblemente tres o cuatro pensó, levantando su mano y devolviéndole la mirada a la escena de los animales asesinados.
- Se aproximan varias personas, está alerta — le indicó nuevamente en un tono bajo
Así fue, desde las sombras de los árboles se escuchaban los pasos de estas personas pisar las ramas y el pasto seco, pero para sorpresa de Vulcano, no eran personas, eran ogros. Estas criaturas humanoides tenían un tamaño no tan grande, parecían aun jóvenes y sin desarrollarse lo suficiente, estaban gordos, su cabeza era desproporcionalmente grande, un color de piel grisáceo, realizaban sonidos poco agradables para los oídos y se notaban hambrientos.
Poco a poco fueron acercándose más de estas criaturas abalanzándose sobre los cuerpos de los ciervos muertos comenzando a devorarlos con ansia, el sonido que estos emitían era asqueroso, sus mordidas podían ser escuchadas desde la distancia donde se encontraban Vulcano y Haru los cuales observaban asqueados entre los arbustos. La sangre comenzaba a brotar de los ciervos, esta era lamida por los ogros los cuales estaban teniendo un festín en ese instante. Uno de ellos dejó caer su enorme hacha en el cuello del animal para luego con sus dos enormes brazos terminar de decapitarlo, otros continuaban en su actividad de comerse la carne a base de mordiscos.
Sangre y vísceras, era aquella imagen que Vulcano y Haru tenían en su vista.
- Vámonos, están entretenidos — dijo Vulcano en voz baja
Vulcano comenzó a caminar lentamente manteniéndose agachado, sus pasos iban alternándose para no realizar ningún tipo de ruido fijándose muy bien en el suelo, le señalaba a Haru con sus dedos donde pisar y donde no para no causar el más mínimo sonido y así no provocar a la horda de ogros que estaban comiendo a pocos metros.
En un instante estos ogros comenzaron a pelearse por la comida, uno de ellos realizó un grito espantoso que alertó a Haru sacándola de su concentración y pisando un montón de ramas causando ese ruido de crujido alertando a las criaturas que ahora miraban a su alrededor buscando de dónde provino el sonido.
Vulcano se detuvo, se volteó para mirar a Haru la cual tenía una expresión de terror y miedo por haber pisado donde no debía, ahora los ogros estaban en silencio y solo se escuchaba como murmuraban en su balbuceo.
- Tranquila, no pasa nada — susurró Vulcano en voz baja tendiéndole la mano a Haru para hacerla pasar
Esta apretó la mano de Vulcano aceptando la ayuda y colocándose detrás de él. Este se mantuvo alerta con su espada en la mano atento a cualquier movimiento de estas criaturas pero en vista de que estaban tan confundidas decidió seguir caminando lentamente dejando que Haru liderara.
- Debemos alejarnos lo más que podamos Haru, así que pisa con cuidado y atenta a las ramas
Haru siguió dando pequeños pasos manteniéndose agachada, temblorosa con su espada en la mano se abría paso entre la flora del bosque, buscando un camino de salida para así dejar de caminar tan lento. Al llegar a una pequeña colina Haru comenzó a subirla con ayuda de Vulcano el cual se quedó en la parte inferior mientras la chica escalaba, los ogros continuaban alertados aunque ya muchos habían vuelto a comer, aun se mantenían algunos husmeando los alrededores, en su pequeño cerebro cualquier sonido era representativo de comida, algún animal para devorar y es por esto que algunos no desistieron de mantenerse alerta.
Una vez la chica estaba en la cima, Vulcano volvió a dar una pequeña mirada para cerciorarse de que nadie venía, y al hacerlo comenzó a subir la colina lentamente.
- ¡Vulcano! — gritó Haru cuando uno de los ogros se acercaba por detrás de él
Vulcano fue jalado por uno de sus pies, este se agachó evadiendo uno de los golpes del ogro y en un movimiento ágil cortó a la criatura con un tajo en diagonal que lo haría sucumbir ante la espada del guerrero. Rápidamente se percató que los demás ogros se aproximaban, así que realizó un conteo de estos en el breve momento que tuvo.
- Corre en dirección este Haru, no te detengas hasta que llegues al campo de cerezos — exclamó Vulcano desde su posición listo para batirse en combate
- Pero…
- ¡Corre! — le gritó dándole una orden mientras se abalanzaba contra los ogros
El guerrero comenzó a combatir con los ogros los cuales venían excesivamente agresivos logrando golpearlo en un par de ocasiones, el espacio era reducido y Vulcano no tenía muchas opciones. Amputó a un par de esas criaturas pero no paraban de venir, golpes iban y venían, bloqueaba algunos para recibía otros.
- ¡Agh! ¡Malditas escorias!
Vulcano movió su espada ágilmente con su mano, concentrándose en su respiración realizó un par de movimientos acompañados de su técnica de viento, cortándole las piernas a un par de estas criaturas pero aún así se veía superado en números, pero para Vulcano esto solo era un baile más, continuó batallando hasta deshacerse de todas y cada una de estas criaturas.
Parado en medio de los cuerpos deformados de los ogros, Vulcano estaba jadeando, hace mucho tiempo no combatía con nadie y esto le estaba pasando factura. Se agachó frente a uno de los cuerpos inertes y usó parte de sus vestiduras para limpiar la hoja de su espada.
- Malditas basuras, han estado uniéndose con los saqueadores — susurró luego de limpiar su espada.
Los ogros por lo general no mantenían ropa, esto era seña de que estaban asesinando también a humanos o de lo contrario se unieron con los saqueadores. De una u otra forma, el bosque encantado estaba más peligroso que de costumbre.
Guardó su espada y comenzó a subir la colina, poniéndose en camino en la dirección que le indicó a Haru.
La chica escuchó a Vulcano cuando este le ordenó correr y eso hizo, algo preocupada por él durante el trayecto miraba hacia atrás con la esperanza de que este apareciera en cualquier momento pero nunca lo hizo. Siguió corriendo sin parar hasta que fue golpeada de sorpresa en la nuca dejándola totalmente inconsciente en medio del bosque.
Un golpe inesperado mientras huía.