- Muy bien Danae, ¿has visto este campamento? — preguntó Vulcano colocando sus manos sobre la mesa de madera
- Sí, lo hemos visitado en distintas ocasiones para espiar y adelantarnos a algunos hechos
- Perfecto, necesito que me expliques la estrategia que planteas para entrar
Danae, Haru y Vulcano se encontraban reunidos en medio de un salón, acompañados de más ninfas portadoras de espadas y arcos. Se discutía el cómo atacar y cuando atacar, estaba a punto de amanecer y tanto Haru como Vulcano estaban totalmente dispuestos a ayudar con la causa de las dríades.
- Por las mañanas suelen regresar de sus saqueos, estos los realizan durante las madrugadas cuando el sitio al que van a atacar duerme — explicó Danae
- Ahora mismo deben estar por llegar a su campamento — dijo Haru interviniendo en la conversación
- Es posible — respondió Danae
- Entonces podríamos atacarlos ahora que están cansados — comentó Vulcano mirando a la chica
- No, no podemos hacer eso
- ¿Por qué? — Haru preguntó dudosa, en teoría estarían todos cansados así que no habría ningún problema
- Los ogros son criaturas con mucha energía, estos no estarán cansados
- ¿Qué propones entonces?
- Atacarlos cuando el sol se esté poniendo, justo antes del anochecer
- Así podremos tomarlos por sorpresa en su preparación a explorar
- ¿Cuántas personas estimadas habitan este campamento?
- Humanos podría decir que veinte o más, ogros lo desconozco pero lo último visto por mi guardia se estima que sean más de diez
- Yo me encargaré de los ogros, Haru de los humanos
- Yo iré por su líder — agregó Danae al plan
- Danae tu permanecerás en la aldea junto con las demás ninfas
- No, yo haré parte del ataque junto con mis guerreras — manifestó Danae con seriedad
- Iremos en nombre de nuestras compañeras caídas en batalla, señor — interrumpió una de las ninfas que allí se encontraban, respaldando a su líder Danae
- Prepárense, esta noche correrá sangre y no va a ser la nuestra — sentenció Vulcano tomando su espada de la mesa y saliendo del salón
Haru lo siguió y caminó junto a él hasta la cabaña donde estaban alojados. No hubo conversación alguna más que unas simples miradas. Vulcano quería mantenerse tranquilo sin conversar mucho, sea como sea estaban a pocas horas de ir a una batalla.
- ¿Está bien sentir miedo? — Haru preguntó sentándose en una de las sillas
- Serías una tonta si no sintieses miedo, Haru
- Espero sea una tarea fácil, aparte nunca he tomado la vida de nadie
- Deberás encontrar tu coraje, no será tu primera vez asesinando a alguien
La chica agachó su cabeza y respiro hondo, exhalando una gran cantidad de aire. Se recostó en la silla y puso sus manos sobre sus piernas, reposando un rato. Comenzaba a calmar su mente, preparándose para lo que estaba por venir, hasta que fue interrumpida por Danae la cual entró buscando a Vulcano, Haru al darse cuenta de esto se levantó y dedicándole una sonrisa a la dríade abandonó la cabaña dirigiéndose a las afueras donde se acercaría a un grupo de ninfas que allí platicaba.
Vulcano levantó su mirada encontrándose con la de Danae, una tensión se sintió entre los dos en el instante. La chica no habló, se sentó al lado de Vulcano y le tomó la mano.
- Jamás pensé que pelearía a tu lado, Vulcano
Este puso su mirada en la mano de Danae, colocando su otra mano por encima, cubriéndola.
- Eres tan terca como la primera vez que te conocí — dijo en voz baja
- Es mi pueblo, necesito dar la cara por él
- ¿Y morir por él?
- Si es necesario, sí
- Es la cosa más tonta que se puede llegar a pensar
- Alguna vez pensaste morir por Fujin, estoy segura que sí — le comentó mirándolo a los ojos
- Son tiempos pasados Danae — Vulcano se levantó del borde de la cama, acercándose a la mesa que estaba al lado de esta y llenando dos copas de vino — Tiempos los cuales no volverán
- Tu corazón es de guerrero, vives por tu espada, estoy segura de que muy en el fondo logras entenderme
- Quizá
- Aún te amo, ¿sabes?
Vulcano se giró y le entregó una copa llena de vino.
- ¿No me vas a decir nada? — preguntó tomando la copa de la mano de Vulcano
- No es necesario decirte nada Danae, mi corazón te pertenece. Así te lo juré
- Así como yo a ti
- Prepárate y descansa, pronto partiremos para posicionarnos
Danae se levantó del borde de la cama y asintió con su cabeza, bebió hasta la última gota de su vino dejando la copa en la mesa de donde Vulcano la recogió. Salió al exterior observando todo el panorama, su pueblo. ¿Estaba dispuesta a morir por él? Por supuesto, esta aldea había sido su lugar desde que era una niña, daría su vida por salvarlo sin dudar un segundo.
Aunque en su mente abundaran los pensamientos de muerte, trataba de evitarlos y concentrarse en no fallar con la misión que ahora tenían que enfrentar. La idea de expulsar a estos saqueadores y asesinos era su única meta, de lo contrario no podrían vivir en paz nunca más. Haru y Vulcano estaban allí para ayudar, esto la calmaba un poco.
Bajó las escaleras de la cabaña y se dirigió hasta el salón de reuniones en el que se encontraban antes.
Haru estuvo un rato hablando con las ninfas de las cuales rápidamente se hizo amiga, su afinidad con las criaturas parecía aumentar a medida del tiempo, estas la trataban como si fuese una de ellas con tan naturalidad que a Haru le sorprendía sentirse tan querida en cuestión de horas.
- ¿Alguna de ustedes es arquera?
- Yo, princesa Haru — respondió una de las ninfas levantando su mano
- ¿Cómo es tu nombre?
- Maya, princesa Haru
- ¡Oh! Basta de formalidades, no soy ninguna princesa. Llámame Haru ¿vale?
Maya afirmó con su cabeza mientras sonreía
- ¿Tienes algún arco de sobra y un par de flechas?
- Sí, ¿lo necesita señorita Haru?
- Por favor, me gustaría acompañar al grupo de arqueras que atacará el campamento
- Enseguida lo traigo — manifestó Maya levantándose del tronco donde estaba sentada y corriendo en dirección a una de las cabañas
Haru continuó conversando con las demás un largo rato, pensaba en su tía Astraea que a lo largo de su vida en Syna le enseñó todo lo que se le pudo enseñar respecto a los combates, sobre todo cuando se trataba de un arco. A pesar de no traer el regalo que le había entregado su adorada tía, sabía que con cualquier arco podría llegar a hacer lo que podría hacer con aquella arma dorada que con mucho cariño se le fue obsequiada.
Pasados unos minutos Maya regresó con el arco en sus manos al igual que con una bolsa de flechas.
- Aquí tiene señorita Haru, espero sea de mucha utilidad — dijo con respeto y entregándole en las manos a la chica aquel arco
Este arco estaba hecho a mano, la madera era resistente. Tenía un tallado espectacular que se robaba las miradas de las demás chicas que estaban paradas en círculo conversando.
- Muchísimas gracias Maya, te lo devolveré apenas retornemos a la aldea — dijo Haru agradeciéndole el detalle a la ninfa
- Es suyo señorita, es un regalo de mi parte
- ¿Cómo que un regalo? Es tuyo
- Ahora es suyo, es un arco encantado señorita. Está mejor en sus manos que en las mías
- ¿Cómo funciona un arco encantado?
- Funciona en base a tus habilidades — dijo Danae acercándosele por la espalda — en base a los cuatro elementos.
- Entiendo, tengo algo de curiosidad en saber cómo funcionará
- Pruébalo — pidió Danae señalándole un tronco con una diana en el medio.
Haru caminó hasta acercarse y colocarse en una distancia prudente para disparar una flecha. Acto seguido sacó una flecha de la bolsa y la acomodó en el arco para luego tomarlo con su mano izquierda colocándolo en una buena posición, procedió a tensar la cuerda tomando el final de la flecha. Apuntó y dejó ir la flecha, esta salió disparada a una alta velocidad, durante el trayecto una estela de agua la acompañó hasta llegar a la diana, que para sorpresa de las ninfas fue atravesada sin dificultad dejando un agujero perfecto en el tronco.
- Agua — dijo Danae fijándose en la estela que la flecha había dejado
- Así es Danae, agua
- Tienes mucho por aprender de tu técnica elemental, Haru
- Lo sé, sólo que aún no he conocido a nadie que tenga el mismo elemento que yo
Danae estiró su mano pidiéndole el arco a Haru, esta se lo entregó y le ofreció la bolsa de flechas de donde tomaría tres flechas.
Tomaría el arco con su mano izquierda y acomodaría las tres flechas en este, algo que tomó por sorpresa a Haru ya que jamás había visto a nadie hacer esto, incluso ni a su tía Astraea.
- No soy muy buena con las tres flechas, sólo quiero mostrarte lo que puedes llegar a dominar
Tensó la cuerda lo suficiente y la dejó ir, con ella salieron las tres flechas disparadas en dirección al tronco. Una de ellas dejó aquella estela de agua como la de Haru pero simplemente se clavó bastante en el tronco, la siguiente dejó una leve bruma pero al clavarse congeló la mitad de la madera y la última durante su trayecto se pudo notar que soltaba chispas, al enterrarse en el tronco este fue totalmente pulverizado.
- Agua, hielo y electricidad
- Sí princesa Haru, todos están a su disposición para aprender ya que puede dominarlos
- ¿Podrías enseñarme?
- Pero princesa Haru… perteneces a Caelus, dudo mucho que te dejen adentrarte al bosque encantado solo para entrenar
- Lo conseguiré, sólo me gustaría que aceptaras y del resto me encargo yo
- Está bien, acepto
Haru sonrió para luego acercarse hasta Danae tomando de vuelta el arco y dándole un pequeño abrazo.
- ¡Todos a descansar, nos espera el atardecer para manchar y así encontrar nuestra tan ansiada paz! — exclamó Danae levantando su mano formando un puño en símbolo de batalla