Elizabeth todo el viaje se quedó en completo silencio, escuchando los sollozos de la mujer a su lado. No podía moverse y de alguna forma le dolía, porque ella también era víctima del poder de ese hombre y no podían hacer mucho porque si lo hacía en este caso, ella; estaba segura de que no sobreviviría para contarlo. — ¿Puedes llamar a la médica de la familia? —Luego de algunos minutos, la mujer habló, sorprendiéndola. — ¿Ah? —Alexander se hizo el desentendido. Se encontraba en su celular texteando con alguien. — Que si podemos llamar a la médica de la familia. — No. — Pero- — No lo vamos a hacer —la calló—. Ya no nos creerá que fueron las escaleras otra vez. Ella no va a venir. — Pero estoy muy mal —se quejó la mujer y Elizabeth tragó saliva, sintiendo un dolo

