Ciro gruñó e intentó lanzarse encima de su socio nuevamente, pero él se movió antes y le señaló con la pistola, para después proceder a dispararle, dándole a uno de los cuadros que adornaba el lugar. — No estoy jugando. — Nosotros tampoco —escupió Ciro—. Suéltalo o te acabo. — ¿Tú? ¿Tú que estás aquí por tu padre? — Cállate. La situación con él era interesante porque si era verdad que su padre lo había metido en todo el negocio cuando era bastante pequeño, pero él se había sabido mantener sin ayuda de nadie. Aunque bueno, Paulo era un amigo cercano de su padre, entonces había sido su protegido durante los primeros años de aprendizaje. Después de eso, había decidido volverlo su socio por todo el potencial que veía en él. Pero ese era un tema completamente aparte, que no te

