Punto de Ebullición La estrategia de la indiferencia estaba funcionando mejor de lo que esperaba, pero el costo emocional era agotador. Ver a Maximilian cada día y tratarlo como a un mueble costoso de la oficina requería una fuerza de voluntad que no sabía que poseía. Eran las diez de la noche de un jueves. La mayoría de las luces del edificio Moretti estaban apagadas, excepto las de la planta ejecutiva. Un fallo en los servidores de la bolsa de Londres había puesto en jaque nuestra última adquisición, y no podíamos esperar a la mañana para resolverlo. Estaba inclinada sobre una montaña de documentos cuando la puerta de mi despacho se abrió. Ya no llamaba. Nunca lo hacía. —Los abogados de Londres dicen que la cláusula de rescisión es inválida bajo la nueva ley —dijo Maximilian. Su voz

