CAPÍTULO 13

722 Palabras

El Arte de la Indiferencia Pasaron dos semanas. Catorce días en los que me convertí en un fantasma de eficiencia y frialdad. Me levantaba a las cinco, entrenaba hasta el agotamiento y llegaba a la oficina antes que nadie. Mi escritorio, antes desordenado con notas personales, ahora solo contenía carpetas de cuero con el sello de Moretti Global. Había bloqueado el número personal de Maximilian. Si necesitaba algo, debía pasar por mi secretaria o hablarme en las reuniones de gabinete. Esa mañana, la junta directiva estaba en plena ebullición. Estábamos discutiendo la adquisición de una firma tecnológica en Silicon Valley. Yo estaba sentada al extremo opuesto de Maximilian, analizando unos gráficos en mi tableta sin levantar la vista ni una sola vez hacia él. Podía sentir su mirada clavada

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