El Juego de las Apariencias El pasillo de la planta ejecutiva nunca me había parecido tan largo. Sentía que cada cámara de seguridad era el ojo del chantajista y que cada sonrisa de los empleados escondía un secreto. Maximilian me había dado una orden clara antes de salir de su oficina: "Actúa como si fueras la dueña, no la víctima". Pero era difícil cuando sentía el peso de esas fotografías quemándome mentalmente. —Señorita Moretti, la junta para la firma de Silicon Valley comienza en cinco minutos —anunció Elena, mirándome con curiosidad—. ¿Se siente bien? Está un poco pálida. —Solo es el café de esta mañana, Elena. Gracias —mentí, ajustando mi chaqueta negra de Alexander McQueen. Mi armadura para el día. Entré en la sala de juntas. Maximilian ya estaba allí, sentado a la cabecera,

