Capitulo 5

1905 Palabras
RENATA Estoy tirada en mi cama dándole vueltas a lo que acababa de suceder en el café. Tengo que aceptar que jamás esperé esa respuesta de Valentino; fue tan inesperada y a la vez tan graciosa. Pero lo que más me intriga es lo que dejó en mi bolsillo, así que tomo la tarjeta y la miro muy atenta. Me sigo preguntando qué es lo que quiere de mí, qué es lo que quiere hablar, si entre nosotros dos ya todo está dicho hace años. Me siento en la cama y sacudo un poco mi cabeza para dejar de darle tantas vueltas al asunto, pero de pronto la puerta de mi habitación se abre. —¿Qué haces, René? Yo lo miro con los ojos entrecerrados. Sabe que odio que me diga de esa manera. Ah, por cierto, de pie frente a mí está el idiota más idiota de los idiotas de este mundo. Sí, mi querido hermano Elián. Había olvidado que soy la hermana menor y estoy completamente segura de que en cualquier momento por esa puerta entrará Theo, aunque tengo que aceptar que adoro a Theo; los dos son insoportables. —Mierda, Elián, podías haber tocado. Además, ¿qué haces aquí? No se supone que tienes que estar con la insoportable de tu novia. Yo me pongo de pie y, muy discretamente, guardo la tarjeta que aún mantengo en mis manos, pero obvio, mis hermanos me conocen perfectamente. Así que, sin que lo espere, él se acerca a mí y me la arrebata. Yo volteo y lo miro bastante molesta, pero a él le parece muy gracioso. —¿Qué escondes, pequeño renacuajo, hija del diablo? Si es algo malo, prometo que le diré a papá y a mamá. Juro por Dios que estos piensan que tienen 10 años, pero el idiota casi tiene 30 y aún no puede madurar. Empieza a saltar como un loco, como si de verdad yo, un adulto maduro y responsable, estuviera a punto de lanzarme encima de él para poder quitársela. Así que solo me cruzo de brazos y lo miro con una ceja alzada. —Deja de portarte como un idiota. No me iré encima de ti. Haz con ella lo que quieras, no me importa. Él me mira no muy convencido y me sonríe, pero conozco perfectamente esa sonrisa cuando está a punto de leerla. Hago lo que cualquier hermana madura haría, así que me lanzo encima de él. Sí, lamento decepcionar a todas las personas que pensaron que era una mujer madura, pero no puede enterarse de lo que es. Así que caemos a la cama y él empieza a gritar como loco mientras yo muerdo su mano para que suelte la tarjeta que Valentino me dio. —¡Mamá, mamá! René esconde algo y me está mordiendo. ¿Me podrías ayudar, por favor? Cuando por fin logro quitar la tarjeta de su mano, me bajo de encima de él, acomodo mi ropa y lo miro demasiado molesta. —De verdad, ¿tienes que llamar a mamá? ¿Acaso no eres un hombre que puede controlar a su hermana? Dios mío, sigo preguntándome qué haces aquí. ¿Por qué no estás en la empresa o con la estúpida de tu novia? Lárgate de mi recámara. Yo me doy la vuelta y camino hacia mi escritorio, abro el cajón que tengo con llave y de inmediato la guardo ahí antes de que el idiota quiera intentar quitármela. Él se siente en la cama y masajea un poco su mano. Cuando la ve bastante roja, me mira con los ojos entrecerrados, pero vamos, tampoco es tan grave una pequeña mordida, solamente. —No me mires así. Tú tomaste algo que me pertenece. ¿Por qué siguen haciendo eso? Soy una persona adulta, saben, ya no soy la pequeña Renata que tenían que estar cuidando. Además, jamás, jamás me meto en tus asuntos. O acaso has dejado a la idiota de tu novia, que por cierto es una pesada, ¿no? ¿Verdad? Entonces, ¿qué quieres aquí? Algo que tengo que aceptar es que mis hermanos, desde que soy pequeña, soy su adoración y, aunque no lo quiera reconocer, los amo más que a nada en este mundo. Aunque sigo diciendo que a veces se comportan como idiotas. Pero él se queda completamente serio, agacha su cabeza, suspira y cuando me mira a los ojos me pregunta: —¿Cómo estás? Sé que Valentino volvió a la ciudad y a mí no me puedes decir que te encuentras bien porque sé que eso no es verdad. ¿O ya se te olvidó que cuando llegaba de la universidad yo era tu paño de lágrimas? Yo sonrío al recordar esos tiempos. Es verdad, cuando llegaba el fin de semana amaba que ellos llegaran a casa. Nos encerrábamos en mi cuarto, veíamos películas y cuando por fin me quebraba, ellos se quedaban a dormir conmigo mientras yo lloraba con el corazón partido. Pero eso ya pasó y ahora ya no duele, al menos no como aquella vez. Así que me encojo de hombros como si de verdad no me importara. —Elián, estoy bien. Te juro que estoy bien. Ya no soy esa chiquilla a la que tenían que consolar. Papá me dijo que tenía que trabajar con él y así lo haré. Te prometo que no volveré a pasar lo que sucedió hace años, así que no tienes nada de qué preocuparte. Y si te sirve de consuelo, yo también te amo, aunque en estos momentos quiero que te largues de mi recámara. Él se pone de pie y se acerca a mí, me abraza. Yo sonrío porque soy tan pequeña y ellos están gigantes que mi cabeza queda en su pecho. Cuando se aleja un poco, toma mi rostro entre sus manos y me sonríe. —Yo también te amo, pequeño renacuajo, pero si de igual manera necesitas un paño de lágrimas, aquí estoy. Y después de venir a consolarte, ahora sí le iré a partir la cara. Yo suelto una carcajada y niego. Le señalo la puerta para que se vaya y él levanta sus manos en rendición, aún con una enorme sonrisa en el rostro. Definitivamente, mis hermanos están locos, pero como dije, así los amo. Cuando por fin Elián sale de mi habitación, me doy la vuelta, saco la tarjeta y la vuelvo a ver. No sé cuántas veces la he leído, pero aún no estoy segura si es lo correcto ir hacia donde está Valentino. Me miro en el espejo y sonrío. Un hermoso pantalón n***o pegado completamente a mi cuerpo no deja nada a la imaginación, una blusa de tiras blancas, una chaqueta de cuero negra, mis zapatos favoritos Jimmy Choo rojos y mi pequeña cartera, obviamente roja. Termino de pintar mis labios a rojo carmín, mi cabello largo un poco rizado en las puntas y creo que estoy perfecta. Me miro de arriba a abajo y cuando llego a mis ojos, de inmediato niego. No, no puedo ir, es una locura. Creo que esto está mal. Sí, mejor me voy a dormir. Estoy a punto de quitar mis hermosos zapatos cuando la puerta de mi habitación se abre. Mi madre, con una bandeja en sus manos, me mira con los ojos muy abiertos. Ella se acerca a mí y besa mi frente, camina hacia la pequeña mesita de noche y coloca la bandeja. Cuando se da la vuelta, aplaude como loca. —¡Wow, mi cielo! Te ves preciosa. Dios, ¿a dónde vas? Bueno, eso no importa. Yo te traía tu cena, pero por lo que puedo ver, tú ya tienes otros planes. Estoy por decirle que no, pero ella toma mis manos entre las suyas y me pone de pie, como si de verdad supiera que me estoy arrepintiendo de lo que pensaba hacer. Coloca mi bolso en mi hombro y besa mi mejilla. —Cariño, será mejor que te vayas de una vez porque si tu padre o tus hermanos te ven vestida de esa manera, no te dejarán salir de aquí. Así que, ¡andando! —Mamá, no creo que sea una buena idea. Me he arrepentido, mejor me quedo en casa. Ella empieza a negar y casi me lanza fuera de la habitación. Empieza a decir un montón de tonterías que la verdad no quería saber. —No, no te puedes quedar aquí. Mira cómo te ves, preciosa. Yo en mis tiempos, en mis buenos años, no sabrías lo que yo hubiera hecho a esta hora. Ya eres una joven, eres hermosa. Tienes que divertirte, conocer muchachos, traerme a un novio de una vez por todas. Bueno, con el sexo esperemos un poco, pero si de verdad es un muchacho que te gusta, disfruta esta noche. Te ves increíble, de verdad, mi cielo, mereces divertirte un poco. Cuando llegamos por fin a la puerta de la casa, yo volteo y veo a mi madre completamente sorprendida. Creo que ahora sí quiero salir de aquí lo más rápido posible, así que beso su mejilla y le sonrío antes de irme. —Sabes, madre, hay cosas que no me gusta saber de cuando tú eras joven. Adiós, mamá. De inmediato me doy la vuelta y casi salgo corriendo hacia mi coche. Ella está a punto de decir algo, pero no quiero que sea otra estupidez, así que de inmediato subo al coche y lo enciendo. Coloco la dirección en el GPS y empiezo a conducir hacia ese lugar. Después de aproximadamente unos 15 minutos, estoy parada afuera de un edificio. Tengo que decir que es hermoso y bastante exclusivo. Sabía que los padres de Valentino tenían dinero, pero jamás pensé que una fortuna tan grande. Bajo del coche y tomo una respiración profunda. Camino hacia el lobby del edificio y varias personas se encuentran ahí trabajando. Me acerco a la recepcionista y le pregunto por Valentino. Ella me sonríe y me dice algo que me sorprende. —Puedes subir, el joven Valentino te está esperando. El último piso es donde se encuentra el departamento. Yo asiento y camino hacia el elevador. Tengo que aceptar que mis piernas tiemblan cuando las puertas de este se abren. De inmediato ingreso, me miro en las enormes paredes metálicas y niego como una tonta. No sé qué diablos estoy haciendo aquí, definitivamente es una locura. Así que trato de presionar el botón del lobby para regresar, pero obviamente eso no es posible. Y cuando llegamos al último piso, apenas las puertas del elevador se abren y ahí está él, apenas con un pantalón de pijama. Sabía que su cuerpo se había tonificado aún más, pero no pensé que tanto. Lo miro de arriba a abajo, completamente sorprendida, pero cuando llego a sus ojos, él me sonríe y niega. —Por lo que puedo ver, te gusta lo que ves. Espero también te guste tocar. Abro la boca, sorprendida, pero él ni siquiera me da oportunidad de decir nada. Me toma de la mano, me saca del elevador y apenas sus puertas se han cerrado, me presiona sobre ellas. Su respiración golpea mi rostro, muerde su labio y susurra: —Me encantas y he soñado con esto durante tanto tiempo. Esto parece realmente un sueño cuando sus labios se unen con los míos en un beso completamente fuera de la realidad. O al menos, yo jamás me lo imaginé de esta manera.
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