Capitulo 1
RENATA
Había regresado a la ciudad después de un largo viaje de trabajo. Sí, trabajaba con papá, pero tengo que admitir que no era sano, al menos no para mí. Y no porque él fuera un mal jefe, sino porque yo era la princesa de la casa y solía ser demasiado holgazana. Odiaba levantarme temprano; me encantaba estar tirada en la cama, comiendo chuches. Las palomitas y las papas eran mis preferidas, pero eso se había terminado justo el día que ingresé a la universidad. Sí, había decidido que era tiempo de cambiar, y no solo hablaba de mi físico, sino también de mi corazón, ese corazón que estaba completamente destrozado. Mi mente me seguía preguntando si había hecho bien en no decir nada.
Aún a pesar del tiempo, eso seguía dando vueltas en mi cabeza, sobre todo él: Valentino Anderson, el hombre que por mucho tiempo robó mis suspiros y sueños, pero que en estos momentos odio con todo mi corazón. Ese mismo corazón que dejó completamente destrozado el día que se marchó sin despedirse y sin aclarar el porqué de su partida. Pero en estos momentos, esas explicaciones ya no son necesario en mi vida; es completamente diferente y tengo que decir que me encanta.
Salgo de mis pensamientos cuando escucho el grito de mi madre. Sí, amo a mi madre, pero es tan intensa como mi padre.
—Renata, mueve tu lindo trasero, muñeca, que ya es tarde. Tu padre está a punto de salir de su despacho y sabes que no le gusta llegar tarde al trabajo, así que ¡andando!
Yo por fin termino de colocar mi labial rojo carmín y tomo un gran suspiro.
—Sí, mamá, estoy por bajar. Espera un poco.
Tomo mi bolso y coloco mis zapatillas Jimmy Choo, que amo con el alma. Sí, soy adicta a comprarlas. Me doy un último vistazo en el espejo y sonrío, pues quedé completamente complacida con lo que veo. Pero mi sonrisa se borra, pues justo en ese momento mi madre me vuelve a llamar. Lo extraño de todo esto es que su forma de llamarme es un tanto melosa.
—Renata, cariño, ¿podrías bajar? Te ha llegado una sorpresa muy linda.
Yo frunzo el ceño, completamente confundida. Una sorpresa para mí y mi madre hablando de esa manera es demasiado extraño, así que no soporto más la intriga y, de una vez por todas, salgo de mi recámara demasiado apresurada. Cuando lo veo ahí, de pie al final de la escalera, con esa hermosa sonrisa que moja bragas, que solía utilizar en bachillerato con todas las chicas.
Me quedo en completo shock al verlo, pues tengo que reconocer que no me lo esperaba. Él está un poco más alto. Sus bíceps, a pesar de su traje, puedo ver que han crecido bastante. Yo cierro los ojos y sacudo ligeramente la cabeza para sacar esas estupideces de mi mente. Él me mira de arriba a abajo; parece que está mucho más sorprendido que yo, pues sí, Valentino, ya no soy aquella chica torpe, gorda, con gafas y acné, llena de inseguridades.
Ahora soy una ejecutiva reconocida, hermosa, más segura que nunca. De aquella chiquilla que conociste no queda absolutamente nada.
Cuando su mirada se cruza con la mía, yo sonrío de lado, mientras él se ve completamente confundido. Así que, con toda la elegancia que me caracteriza (que la verdad tengo que reconocer que no es mucha, pero eso él no tiene por qué saberlo), empiezo a bajar las escaleras tan lentamente, pues a pesar de que amo mis zapatillas Jimmy Choo, aún soy un poco torpe al utilizarlas. Pero, obviamente, él no tiene por qué darse cuenta.
Me faltan solamente dos escalones para llegar al final de las escaleras cuando él menciona mi nombre.
—Tatis, en verdad eres mi Tatis.
Y estoy segura de que justo esas palabras hacen que mi torpeza vuelva, pues mi tacón queda enganchado con el escalón. Y Dios mío, ¿por qué me tienen que pasar estas cosas a mí? Tan vergonzosas, y lo peor de todo, frente a él. Así que solo cierro mis ojos, esperando el golpe directo en mi cara, pero este nunca llega. Por el contrario, me siento como si estuviera flotando, y obviamente eso no pasa.
De inmediato, vuelvo a abrir mis ojos y, sí, como lo esperaba, él está con una estúpida sonrisa burlona, mientras yo estoy en sus brazos, que, tengo que aceptar, se siente realmente bien. Pero no, este idiota no hará que caiga de nuevo a sus pies. Estoy a punto de empezarlo a golpear, pero lo que hace me deja completamente helada, pues se acerca a mi rostro y deja un pequeño beso en la comisura de mis labios. Cuando se aleja, aún con su enorme sonrisa, muerde su labio como si quisiera saborearlo. De pronto, toma un gran suspiro y susurra:
—Por supuesto que eres mi Tati, como en los viejos tiempos, ¿cierto, pequeña?
Yo abro los ojos, completamente sorprendida por cómo me ha llamado, y de inmediato golpeo su pecho repetidas veces, lo que hace que de inmediato me suelte y se vea completamente confundido.
Cuando estoy de pie frente a él, lo miro a los ojos, lo señalo y le digo con los dientes tan apretados que estoy segura de que en cualquier momento se podrían quebrar:
—No soy tu Tatis, no soy tu pequeña, y tú y yo no somos nada. Ni siquiera sé qué diablos haces aquí. ¿Acaso se te ha olvidado que tu casa está muy lejos de este lugar? ¿A qué has venido, Valentino?
Él abre y cierra su boca como si quisiera decir algo, pero de ella no sale absolutamente nada. Mi madre se acerca a nosotros, bastante molesta.
—Renata, no seas grosera con Valentino. ¿Acaso no ves lo mucho que te ha extrañado? Dios, niña, apenas ha aterrizado, ha venido hacia acá y tú lo recibes de esa manera. ¿Qué diablos te sucede?
Yo me encojo de hombros, como si de verdad no me importara lo que mi madre está diciendo, p miero mi mirada jamás se aparta de la de él. Empiezo a negar y creo que mi respuesta le duele demasiado, pues su rostro cambia completamente al de hace unos momentos.
—Lamento que pierdas tu tiempo, Valentino. No te hubieras tomado tantas molestias; al final, tú y yo no somos ni amigos, simplemente conocidos, y te agradecería que no vuelvas a llamarme de esa manera. Soy Renata, Renata Miller.
Mi madre trata de decir algo, pero él de inmediato levanta su mano y empieza a negar.
—Está bien, señora Miller, no se preocupe. Creo que en estos cinco años perdí a mi amiga. Pensé que cuando regresara aquí estaría esperándome, pero parece que me equivoqué. Lo siento, Renata, no quería incomodarte. Te prometo que esto no volverá a pasar, aunque no prometo que no nos volveremos a ver, pues para tu desgracia, trabajaré junto a ti.
Mientras él dice esto, me sonríe. ¿En qué momento decidieron que él podía trabajar con nosotros? Así que, cuando escucho la puerta del despacho de mi padre, de inmediato volteo a verlo, bastante molesta.
—Papá, ¿podrías explicarme de qué diablos está hablando Valentino? ¿En qué momento decidimos que él trabajaría en la empresa?
Mi padre se acerca a nosotros con una enorme sonrisa, le extiende la mano a Valentino y él de inmediato la toma. Incluso un abrazo es el gran saludo entre ellos.
—¿Cómo estás, muchacho? Bienvenido de nuevo. Hace tantos años que no te veía. Me da gusto que hayas regresado.
Yo estoy a punto de hacer una pataleta, pero mi padre voltea a verme y aún sigue sonriendo.
—Lo lamento, cariño. Ayer te vi tan cansada que decidí no molestarte con más trabajo, pero justo te lo diría ahora, por eso mi urgencia de llegar temprano a la oficina. Así que, ¿ya estás lista?
Yo volteo a ver, bastante molesta, a Valentino. Él solo me guiña un ojo y acaricia su barba. De verdad, tendré que trabajar al lado de este idiota después de todo lo que sucedió entre nosotros. No, no puede ser. Esto será un completo martirio. Quisiera decirle a mi padre que me niego, pero él simplemente me mira esperando una respuesta. Así que yo me acerco a él y beso su mejilla.
—Sí, papi, ya estoy lista.
Él asiente y empieza a caminar hacia la salida. Valentino extiende su brazo para que yo camine delante de él, pero voy a darle una buena lección. Así que empiezo a caminar delante de él, moviendo un poco más de lo normal mis muy bien proporcionadas caderas, que por cierto tengo que agradecerle a mi madre por eso.
Cuando llegamos hasta el coche, mi padre se sube en este. Después lo hago yo y estoy a punto de cerrar la puerta cuando Valentino me lo impide. Yo lo miro con una ceja alzada y le pregunto:
—¿Qué haces?
Él sigue sonriendo burlonamente. Me gustaría darle una bofetada para que deje de reírse de esa manera, pero obviamente no puedo hacerlo.
—¿No es obvio? Subir al coche.
Yo suelto una carcajada y empiezo a negar.
—No, no, lo lamento, aquí solo caben dos personas y, si te das cuenta, ya somos dos. Así que toma un taxi y ve a la oficina. Te vemos allá.
Mi padre me mira molesto y me reprende.
—Renata, ¿qué rayos te sucede? ¿Acaso tú y Valentino no son los mejores amigos? Acércate conmigo, que él vendrá con nosotros.
Yo volteo los ojos con fastidio y hago lo que me pide. Cuando él toma asiento a mi lado, pasa su brazo por encima de mis hombros. Yo lo veo con los ojos entrecerrados y le digo en susurros:
—¿Podrías, por favor, retirar tu brazo?
Él discretamente acaricia mi hombro, se acerca a mi oído. Está tan cerca que su aliento me golpea y puedo sentir su calor.
—Lo lamento, soy demasiado grande y, si lo quito, estaría muy incómodo. Y tengo que aceptar que me gusta estar así, tan cerca de ti. O acaso, ¿quieres que le diga a tu padre?....
Yo ni siquiera lo dejo terminar de hablar, así que simplemente cierro mis manos en puño y lo miro con ganas de matarlo.
—Ya no importa, falta poco para llegar a la empresa y para que te alejes de una vez por todas de mí. No te quiero cerca, Valentino. Te quiero lo más lejos posible de mi vida.
Él sigue sin alejarse y, sutilmente, sin que mi padre se dé cuenta, vuelve a acariciar mi hombro. Pero esta vez, miles de mariposas revolotean en mi abdomen y tengo que admitir que no me gusta, aunque parece que a él incomodarme le fascina.
—Lo lamento, dije que no te volvería a llamar Tatis, pero jamás dije que me alejaría completamente de ti. Por el contrario, he vuelto, no por trabajo, sino para estar contigo, y eso es lo que haré. Pero esa conversación la tendremos tú y yo más tarde.
Juro por Dios que quisiera gritarle que se aleje, que no lo quiero cerca de nuevo, que ni siquiera una charla tendremos entre nosotros dos, pero estoy segura de que si hago eso será aún peor. Así que simplemente volteo a ver a mi padre, le sonrío, tomo su mano y la entrelazo con la mía. Él la besa y yo solo pienso ahora en cómo diablos me desharé de este idiota. ¿Quién diablos le dijo que lo quería de vuelta en mi vida?