Valentino Juro por Dios que, cuando llegué a la oficina de Renata, jamás pensé que esto sucedería. Nunca me lo imaginé. Pero debo admitir que mi corazón late con fuerza al darme cuenta de que no me equivoqué al pensar en la maravillosa mujer que es: una mujer de grandes valores y, sobre todo, con ese inmenso amor que siempre me ha demostrado. ¿Que estoy cansado de todo esto? Por supuesto que sí. ¿Que tengo miedo? Sin dudarlo. Pero tenerla a mi lado me hace sentir que todo estará bien, que todo se solucionará y que saldremos de este bache para gritarle al mundo que estamos juntos y que no queremos separarnos jamás, sin importar las consecuencias. Aún con su rostro entre mis manos, sonrío. Me acerco a sus labios; quisiera tomarla de la cintura, pegarla a mi cuerpo y hacerla mía sin pausa

