Me llevaron hasta donde estaban los hospedajes de ese lugar. Yo estaba el primer piso. Un una habitación algo grande, pero demasiado confundida. Si tomaba las misiones que me encomendaron yo tenía que hacer todo prácticamente sola. Además era muy peligroso. Yo jamás había ido a una mazmorra, solo estuve en una misión con Henry.
No sabia en que momento me había metido en esto. Solo me recosté en la cama y me puse a pensar en eso.
Alguien toco la puerta de pronto y entro a la habitación
—Hola, señorita aventurera, solo queríamos saber si necesitaba algo..
Habían más personas y prefería dejarla pasar para hablar con un poco más de confianza con ella.
Aquella mujer entro, estaba un poco asustada, no sabia lo que yo quería.
—¿Qué tipo de monstruos tiene este lugar?
Ella cruzo los brazos y estaba algo asustada, pero poco a poco empezó a hablar de lo que pasaba.
—Son como unas ratas gigantes, como el tamaño de humano, algunos aventureros trataron de liberarnos, pero murieron. Han pasado dos años viviendo desde que vivíamos así. Incluso hemos dejado morir a varias personas que vivían en la calle para alimentar a esos animales, en tres ocasiones ingresaron a este lugar.
Hasta mi me dio miedo eso, yo era una novata. Lo único que podía hacer era intentarlo, aunque me fuera de aquí. Me encontraría con esos seres.
—Entonces…¿aquí hay un gremio?.
—No, nadie quiso ser más aventurero, todos murieron y los otros gremios decidieron no darle la misión a nadie.
Esto complicaba más este asunto, pero no podía irme. Me daba un poco de lastima por ellos. Así que empuñe mi espada y me levanté.
—Eh…esta apunto de anochecer…yo me voy a caminar. Bueno, trataré de ver cómo me va con eso.
—Espere, esta ciudad le dará una armadura como regalo, es peligroso ir así , son criaturas muy peligrosas.
Ella salió de nuevo del lugar y dos hombres trajeron una armadura de metal. Se veía muy pesada, así que pensé en utilizar el casco y la parte de los pechos y algo más. Ni serviría de nada tenerla y no poder moverme tranquilamente.
[…]
Salí del reino cuando el sol ya estaba apunto de esconderse, solo llevaba una espada y una antorcha. Estaba algo cansada, pero hoy debía estar lo más preparado posible.
Las manos me temblaban sabia que me encontraría con esos animales, pero se sentía preparada.
Camine hasta cierto lugar muy empinado y vi a varias ratas gigantes salir de una cueva grande. Los ojos de esas criaturas eran rojos, además todas emitían unos chillidos muy molestos. Subí hasta allá y empuñe mi espada.
Esas criaturas me vieron y bajo una decena de ellas. Yo clave la antorcha en la tierra y empecé a cortar una a una todas las ratas que vi. Quede algo sorprendida con el filo de mi espada, era como cortar carne. No necesitaba mucha fuerza. Solo un pequeño impulso, ya entendí el poder de esta espada, pero no podía cantar victoria por eso. Habían cientos de animales más en esa cueva. Y mi responsabilidad era matarlos a todos como fuera.
Subí hasta la cueva, pero lleve mi antorcha y varias ramas para hacer otras antorchas ya que iba a estar en un lugar muy oscuro.
[…]
Ingresé a la cueva. Para mí sorpresa, no parecía a ver sido hecha por animales, sino por personas con un tipo de inteligencia alta. Pues habían lugares que se podían encender con antorchas, además el lugar se veía construido de una manera muy elaborada. Los pasadizos era de una piedra Lisa y con formas extrañas.
Deje de mirar tanto ese lugar y solo me dedique a prender las antorchas que encontré en cada sitio. Para mí mala suerte cientos de ratas salieron de la nada por una puerta. Eran tantas que yo no podría con todas a la vez. Ahora entendía porque nadie había vuelto con vida de este lugar.
No te que una de las antorchas tenía un líquido extrañamente vivido que hacía que la luz continuara encendida y no se apagara. Tomé la decisión de tomarla y lanzarla a la entrada, no era mucha pero me ayudaría matar y dejar con problemas a varias. Así que tome otras tres y hice lo mismo.
Cuando ya estaban muy cerca de salir puse la antorcha que llevaba frente a ese líquido. No me di las consecuencias que vendrían después. Esa vaina me exploto en el brazo y me mandó casi que volando hacia atrás. Una buena parte de las rata se habían hecho puré, el resto estaban quemándose frente a mis ojos.
Me dolía la espalda y tarde de levantarme, no pude procesar lo que me había pasado con tranquilidad. Me dolía la cabeza y la espada un poco. Veía todo borroso, pero me tuve que levantar y tomar mi espada de nuevo para acabar con las que aún estaban vivas.
[…]
Dure horas tratando de acabar con todas esas ratas. Algunas me aruñaron y otras me alcanzaron a morder, pero aún debía seguir. Tenía que acabar con todas hoy. Esto no daba espera así que me levanté de el lugar donde yo descansaba.
Camine por todo el pasillo en busca de las últimas ratas, eso me tomo algo de tiempo, pues este lugar era muy grande. Ya quería irme, faltaban tal vez dos o tres horas para que amaneciera, y no volvería mañana. Descansaría dos días y seguiría con otra mazmorra..
Me demore media hora para encontrar el sitio donde se encontraba la rata más grande. Estaba en una cámara muy grande. Tal vez era la madre de todas esas que yo había matado, porque a su lado habían unas recién nacidas. Solo había que matarlas y ya, pero ese era el problema principal. Era muy grande, tal vez 5 metros y gorda, su pelo era color café, además tenía una que otra herida. Un corte no la mataría, tenía que darle en la cabeza o apuñalarlo en el corazón.
En medio de uno de su movimientos, ella me vio con esos ojos rojos y empezó a hacer sonidos amenazantes. No era como esos chillidos de hace rato que hacían las otras. Rayaba en suelo y me miraba con odio.
Esas garras podían matar a cualquier persona, pero no tenía tiempo para pensar mucho, ya me dolía mucho el cuerpo y debía buscar ayuda para curarme de este problema.
Corrí hasta la criatura y está me ataco con sus garras y me logro dar en uno de los brazos. Fue increíble, no pude reaccionar a tiempo. En aleje un poco, pero esta vez. Ya sabia que no era como las demás, poseía una inteligencia y rapidez superior al resto de monstruos.
De nuevo corrí hacia la rata, pero no precisamente a cortarla. Estaba a un metro de distancia de mi y yo le lance la espada, mientras ella solo se había enfocado en mi.
La criatura, no pudo ni siquiera reaccionar, ni comprender que pasaba, me miraba y tocó su pecho. Ahí estaba mi espada, la cual tenía incrustada en el corazón. Cayó a la suelo y empezó a emanar sangre. Yo me acerque a ella y se la quite, pero ahora debía matar a las pequeñas crías que recién salían. Yo no podía dejar viva a ninguna, eran un peligro para la gente si llegaban a tamaño de la más grande.
[…]
Salí dos horas después de allí, recorrí todas la zona hasta que no ni a más ratas en esa mazmorra. Con esta me quedaban tal vez diecinueve, si el rey estaba en lo cierto. Ahora solo debía volver al pueblo y descansar un poco, para retomar esta misión, pero lo primero era quitarme este olor a sangre de esa criatura, eso era muy asqueroso.
Vi a unos dos kilómetros un río. Me dirigí allí para lavar mi espada y la armadura que me dieron que quedó con abolladuras, cortes y manchas. Servía aun, pero había que llevarla de forma presentable, y no demostrar todo esas heridas de batalla.
Cuando llegue al río, empecé a lavar el Yelmo y el casco, allí mire mi reflejo, yo me veía muy cansada por todo lo que hice. Tenía hasta un ratón en la mejilla derecha, a pesar de tener el casco, yo recuerdo recibí un arañazo de esa criatura.
Mis brazos estaban igual. Hasta me faltaba una parte de la armadura en en el lado izquierdo.
[…]
Llegue de nuevo al reino, unos guardias me recibieron, al principio pensaron que no me había costado nada esa batalla, pero vieron las heridas que yo tenía en los brazos y entendieron poco a poco lo difícil que fue esas batalla.
Yo no podía ver su rostro, pues los cascos, los cubrían casi que completamente.
Ellos me llevaron hacia el hospedaje dónde yo estaba, algunos habitantes de ese lugar se asomaron a ver qué pasaba. Todos eran hobbits, al aparecer permanecían ocultos por ser tan pequeño y frágiles.
Ahora entendía un poco el porque la ciudad estaba construida de esta forma. Era para proteger a los habitantes de este lugar.
[…]
Los guardias me dejaron en mi habitación, y yo estaba a la espera de alguien que me ayudara a curará las heridas de mi cuerpo. Tenía mordidas en la espalda, y el la brazos solo que la túnica me la cubría completamente así que no se notaba tanto, yo solo quería dormir, no tenía ganas de comer ni nada por el estilo, solo cerrar los ojos era suficiente.
Sentí que alguien toco la puerta y la abrió. Era una medio elfo, tal vez una mezcla entre elfo y hobbit. Solo que era alta y no tenía esas orejas puntiagudas. Cabello n***o y ojos verdes, además tenía esa nobleza común en ellos.
Ella se acerco a mi y se sentó a mi lado y me miró.
—Tienes esa enfermedad de esos roedores, por suerte hace un tiempo encontramos la cura. Solo recuéstate, tal vez te demores un día en recuperarte.
Yo le hice caso, pero no me quedé en silencio y empecé a preguntarle.
—Y…¿usted es?.
—Una sobrina del rey, nada más…
Los problemas de esta ciudad, era tal vez esa falta de amor propio por ser hobbit, y buscaban fuerza de otros, se entendía este tipo de prácticas, pero se veía complicado, pues algunos saldrían heridos por ser hobbits y salir de este país.
Ella me dio a tomar algo. Al principio tenía miedo, probar cosas extrañas era algo peligroso, pero la mordida de una animal así, era mucho peor. Yo solo era una humana, y era probable que estuviera enferma.
Eso olía a una revoltura de plantas y carne vieja.
Yo mire ese vaso y no quería tomarlo, ni nada por el estilo. La elfq me observaba y me tuve que tomar eso, por no despreciarlo.
[…]
No sé cuánto tiempo había pasado desde que me dormir, pero tenía el cuerpo frío. Me trate de levantar y allí estaba ella dormido al lado de la cama, fue extraño, pensé que se había ido. Yo tenía mucha hambre, sentía que hace días no comía.
Me levanté de la cama y salí a mirar por la ventana, era de noche y varios habitantes montaban guardia por la ciudad, desde donde estaba ví a seres moverse alrededor de esta ciudad, eran cientos de ojos rojos. Era increíble, yo empecé a pensar entrenarlos para que me ayudaran y hiciéramos planes para acabar con ellos. Sentí que era imposible para mí acabar con tantos. Por poco me matan a mi.
Sentía que algo no estaba bien, según los habitantes de esa ciudad, todo empezó hace dos años. Debían buscar la causa de esto. Tal vez eran ratas con las cuales algún mago experimento, como paso con los habitantes que se convirtieron en monstruos.
Lo malo para este lugar. Es que ellos eran vistos como inútiles por el resto de razas, era triste, pero está sería su realidad si no se preparaban para la batalla, debían aprovechar sus características, eran pequeños y eso los hacia más rápidos, podrían aprovechar eso para atacar en masa. Además de todo eran listos. Ellos me dieron todo para que los ayudará a ver qué hacía. Me vi obligada a meterme en esta misión por eso. Además las casas parecía tener un tipo de mecanismo de defensa contra monstruos. Tenían un tipo de malla extraña que no se veía, preferí no tocarla. Eso parecía muy peligroso.
[…]
Cuando amaneció tuve que ir a hablar con el rey. Me sentía mejor para de terminar esta misión en menos de dos semanas.
El rey se veía nervioso, parecía que no creía que yo iba a limpiar esa mazmorra. El me había mandado a morir en ese lugar.
—Eh…bueno, estamos agradecidos, según reporte ya no se ven tantas criaturas por ese lugar. De allí provenían la mayor parte de ratas que molestaban a esta ciudad. Solo que te queremos pedir que limpies está ciudad totalmente, nosotros de pagaremos y te daremos propiedades de aquí. Hasta casarte con un noble si tú lo deseas.
Así eran los nobles en todas partes. Ellos querían buscar lazos con un héroe o aventurero famoso, pero yo no venía a eso. El rumbo que iba a tomar en este lugar era totalmente incierto.