Traición

1611 Palabras
Llegamos a esa casa, no había camas ni nada, solo parecía ser un lugar para cierto tipo de reuniones. Tanto Henry como nos acomodamos en una esquina como si nada, en el frío suelo. Los dos estábamos sentados como si nada. Ambos llevábamos túnicas y el algo más abajo. El frío empezó a ser más intenso. Hasta cierto punto que el decidió abrazarme por la espalda y yo lo tomaba de las manos. Era el momento indicado para hablar de lo que había pasado así que yo dije las primeras palabras. —¿Qué crees que está pasando? —Yo creo ciegamente que Saúl es el chico de la historia. Cómo va vivido tanto Es el gran misterio. No sé pero es lo más lógico que veo. Ambos pensábamos lo mismo lastimosamente, pero no había una prueba además del nombre para decir que era la misma persona. Mientras me movía podía verla musculatura de Henry, de había vuelto más acuerpado por su entrenamiento, pero le faltaba mucha experiencia. Yo veía en el tal vez algo más que una pareja, pero no podía decírselo todavía, solo faltaban dos meses para nuestra boda. Lo mejor era esperara un poco después de eso, podríamos compartir mucho más, y no estar lejos como ahora, por las normas de los elfos. Mientras el me tenía abrazada, yo lo tome de la mano y le empecé a hablar de nosotros. —Iremos ha hacer misiones después de nuestra boda o no iremos a pasear. —No los se, pero creo que lo mejor es que los dos nos alejemos de el grupo. Es lo adecuado, y más ahora que por fin podemos estar más tranquilos. El y yo solo esperábamos que pasaron los meses para consumar nuestro compromisos, pese al distancia que tuvimos que padecer para mejor, ambos queríamos que llegara ese día. […] Regresamos a la mañana siguiente, Henry llevaba mi armadura, y estaba muy tranquilo, me daba la impresión que se había escapado de su entrenamiento y le llevo a mi. De cierta manera me sorprendí su caballerosidad, no tenía dobles intensiones al salir conmigo. Le hizo bien haber sido instruido por los elfos. Donde yo vivía habían muchos problemas por los casamientos y esa cultura conservadora era demasiado exigente, a pesar de ser un lugar desordenado y grosero. Llegue con le a la ciudad de los árboles y para nuestra sorpresa había un grupo de hombres y entre ellos estaba Arnold, por lo que pasó hace meses yo me hice detrás de Henry. El también estaba algo alterado, evitamos cruzar miradas con el, tuvimos que irnos a otro lugar. Fuimos hasta el lugar a donde yo me hospedaba. Los dos íbamos juntos hasta allá. Y nos encontramos con el Saúl. El se veía algo molesto y no espero que diéramos un paso para comenzar a hablar. —Vaya, vaya…llegaron los tortolitos.. no se que modales de elfos te enseñe yo, actúas como un pueblerino sin educación. Sabes cómo son las tradiciones de aquí y aún así continuas con eso. Los dos agachamos la cara, el empezó a pensar que habíamos hecho eso, pero yo trate de explicarle las cosas. —Estas equivocado, solo salimos y fuimos a ver un sitio de este lugar…la montaña donde está el cementerio de héroes. Allí estuvimos buscando pistas. —Y….¿Que hacían allá? —Bueno… queríamos ver si había algo que nos pudiera ayudar. Solo eso, nada má. El bajo un poco la ceja y no parecía creerme. Henry no quiso decir nada, pero al final termino reclamándole por la presencia de Arnold. —Que hace ese sujeto aquí, sabes el interés que tiene en Sara… ¿Por qué lo dejaron entrar?. El elfo se puso la mano en cara y empezó a hablar. —El ha sido uno de los aspirantes a héroes que ha aparecido. Ya se ha ganado un buen reconocimiento en esta parte del mundo. Fue llamado por el rey de los elfos para que limpiara una mazmorra que está en esta montaña. Lleva años así, solo es por precaución. —Desde ahora yo dormiré con Sara, no puedes oponerte. Saúl estaba serio, se vio en un encrucijada, no podía interferir en esto. —Debes saber, el motivo por el cual la quiere, bueno la espada que tiene Sara en estos momentos, esta maldita pertenecía a Gabriela, hay tal vez 100 de ellas, pero solo funcionan unas 30. Con la muerte de sus dueños, todas quedaron inservibles y casi que totalmente dañinas pueden matar a los que las quieran usar. Aunque hay casos dónde un primogénito pudo heredarlo. Por algún motivo la espada te eligió sobre Henry. Arnold no quiere que el sea un héroe, ya que un vínculo entre ustedes dos los haría una pareja muy fuerte. Alguien que porta una espada maldita y un descendiente de héroes. Mas o menos capte sus palabras, pero pude entender las intenciones de ese chico conmigo. Henry me puso las manos en el hombro dándole a entender a Saúl, que no están dispuesto a perderme no nada por el estilo. […] Horas después nos fuimos a cenar a un restaurante. Empezamos a comer la habitual comida de los elfos frutas y legumbres. Estos serían los últimos para mí comiendo así, ya podía saborear los manjares de las otras ciudades. Los restaurantes de los elfos por lo general todos tenían mesas y sillas de madera bien pulida y suave, además no se servía alcohol, solo jugos de frutas. Habían pocas personas a ciertas horas. Siempre terminábamos de comer temprano, usualmente desayunábamos manzanas, uvas y bananos, con un jugo de naranja. Henry al igual que yo parecía harto de esto, aunque todo nos lo daban gratis. El reino pagaba todo esto. Mientras comíamos un guardia nos interrumpió. —Henry…te necesitan en el reino… Solo ven tu.. El parecía no quererse ir sin el. —Solo, espérame aquí, no te vayas, tal vez envié a Saúl o a Annie. —Esta bien yo te espero. El se levantó de la silla y se puso la capa azul que usualmente tenía. Lo ví irse, y yo me tuve que quedar, la última vez me fue mal por ese supuesto nuevo héroe. Me dedique a ver la gente ir y venir. Y entre decenas de elfos, apareció ese chico de cabello n***o y esos ojos azules. Me dio algo de fastidio verlo sentarse al frente mío —Veo que el te dejo solo…. Increíble, como puede dejar solo a su prometida, que cobarde. —Dime, ¿Qué quieres conmigo?. —Quiero que te unas a mi grupo, me haría bien tener alguien con una espada así, cortan cualquier cosas en el mundo, menos otra arma de la misma calidad. El se veía serio y mostró una sonrisa extraña de pronto. —En serio estás loco, ¿Crees que lo dejaré para irme contigo?. —Soy mucho más apuesto que el, y más interesante. Mientras hablábamos todo se empezó a poner n***o. Me levanté de la silla y le lance una bandeja en la cara. El siguió con su juego. Era una mala persona después de todo. […] Desperté en una casa de los elfos en medio de una discusión de dos hombres, era Henry y Arnold. Los dos se estaban peleando de un momento a otro. Todavía no sentía bien el cuerpo, era algo extraño no podía ni caminar bien. Me dirigí hacia allá, casi que tomándome de las paredes de madera para evitar caerme. Los ví pelear, pero el chico de cabello n***o tenía una daga igual a la espada maldita que me dieron. Me asuste un poco, por fuerza su por experiencia el podía matar a Henry. Además era evidente que iba a perder, era un poco más lento. Ambos se detuvieron al verme. —Sara vámonos de aquí… Por el encanto que tenía era imposible para mí hacerle caso, mi cuerpo no reacciono, solo cuando ese supuesto héroe dijo mi nombre. —Sara quédate aquí y mostrémosle como se hace, a este elfito. El golpeó a Henry en el rostro, y se dirigió hacia mi. Me besó empezó a besar en la boca y me empezó a tocar. El descendiente de los héroes solo agacho la cabeza al ver que yo no hacía nada como para negarme y salió corriendo como si nada. Lo vi derrotado y vencido anímicamente. Arnold me dejó en paz y se puso a reír. —Después de todo solo el es un tonto elfo, yo soy un hombre de verdad, lo mejor para ti. Puedes descansar, mañana nos iremos de aquí. El se fue y me dejó en esa casa. Yo no sabía que hacer. Estaría bajo las órdenes de esa persona, y tal vez los otros hombres que estaban con él, también estaban contra su voluntad. Apreté las manos de rabia y me golpeé contra la pared. Hasta que empezaron a caer las gotas de sangre. Poco a poco empecé a tener de nuevo la movilidad de mi cuerpo, pero no podía ir por Henry, debía desaparecer de esta ciudad. Para mí sorpresa hasta mi espada estaba aquí. Ese hombre la había traído. La tomé y baje de esa casa que estaba casi en la parte más transitada de la ciudad. Los elfos que me vieron estaban aterrados por la sangre que emaba de mi cabeza, las calles eran de madera, así que esas manchas serían la prueba para que algún día Henry supiera que yo nunca le falle. En medio de la mirada de todos me fui de allí, aturdida pero dispuesta a no ser una muñeca de Arnold, me fui hasta el río donde alguna vez estuve con Henry
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