Salimos de esa ciudad en una carruaje que entregaba cartas y cosas así, habían un montón de cajas envueltas en tela o cocas parecida. Según el hobbit que me acompañaba, nos íbamos a las ciudad de los libros, allí habían más libros que personas, según el. Lo único que no le había preguntado era por su nombre. En el momento en que hable con el no estaba mentalmente bien.
Respire profundo y decidí hablar un poco más.
—Eh…y tu…te llamas?.
—Soy Zac, tenía algunos hermanos, pero ellos, tienen más edad, yo era el menor de todos.
Aunque podría dejarlo con uno de ellos, era incómodo todo estar con otro familiar, lo mejor era que tomara su propio rumbo.
—Y cuántos años tienes?.
—16…
El era muy joven aún, pero por lo menos se veía inquieto por hacer cosas nuevas. Solo esperaba encontrarme con un lugar tranquilo para descansar y olvidar lo que había vivido en esa ciudad. Añoraba estar unos días sin problemas. E investigar en unas semana a ese hombre, fue demasiado raro, y desprevenido.
[…]
Dos días después, yo el pequeño hobbit estábamos en el piso durmiendo casi que entre las cajas. Algunas se desacomodaron, ya que tomamos una ruta diferente por inundaciones y vías desaparecidas. Admiraba al hombre que la manejaba. El recordaba todo ese camino, aunque para mí era estar en la nada porque todo era igual. Árboles por doquier y un montón de piedras.
Estábamos en la puerta de esta ciudad Arch… Yo estaba un poco nerviosa, no sabia con que me encontraría, cuando baje de la carreta. Pensé que están en Bert.
La mayoría de las personas tenían túnicas blancas o ropa clara, me preguntaban que pensaban de mi. Yo estaba vestido como una aventurera, había escuchado de ciudad demasiadas conservadoras y no sabia que está era una de esas.
Saque el dinero y la carta que me dio el gremio. Por si algo mire en la bolsa. Y si estaba todo el dinero.
El hobbit me miraba, tratando de pensar que hacer. El estaba básicamente bajo mis órdenes el era mi compañero desde ahora.
—Eh….primero buscaremos un lugar donde dormir y otro para dejar esto….es más fácil que me lo roben.
—Ah… entiendo.
Está ciudad además de la gente vestida de blanco. Tenían una serie de casas, que en su mayoría eran de piedra, pero tallada casi milimétricamente. Cada una tenía una forma y encajaban con otra. No era como las demás, donde todas tenían la misma forma y las organizaban. Los techos en su mayoría eran de ese mismo material.
Las calles eran angostas, y en otras zonas muy estrechas. La mayoría eran de piedra con el mismo material duro que la que tenían casas.
Solo camine con Zac y los dos nos dirigimos hacía el lugar que parecía ser un hospedaje, tenía dos pisos lo cual lo diferenciaba de las otros lugares.
Entramos al lugar y había un hombre totalmente calvo, al cual le alumbraba la cabeza un poco, no tenía barba, solo los ojos negros y la cabeza redonda además de tener esa ropa blanca tenía un bastón, lo cual me dio desconfianza, podía ni ser el mago con el que tuve el encuentro, pero por si las dudas yo me acerque y pregunte.
—¿Hay habitaciones en este lugar?
—Si, todas en el segundo piso.
—Solo necesito dos.
—Esta bien..cada día equivale a unos gramos de oro, en este caso dos gramos por habitación.
Yo saqué una moneda, todas eran de oro obviamente, el valor de las cosas solo euqivalian a ese metal.
Yo puse dos en la supuesta balanza y dio 12 gramos de oro. Me pareció que estaba mal, pero me daba igual, yo tenía lo suficiente para seguir mi caminó.
—Bueno estaré unos tres días más, por ahora.
El me puso en lo que era la recepción del lugar, las dos llaves.
El hobbits y yo nos miramos mutuamente. Ambos subimos hagas el segundo piso a ver cómo eran las habitaciones. Ese lugar estaba totalmente solitario, y era algo rústico en los pasillos, solo esperaba que la habitaciones valieran la pena.
A mí me tocaba la 30 y a Zac la 31.
Yo abrí la mía, y era muy diferente a como la imagine, ser vía bien, no había nada del otro mundo. Una cama y una mesita de madera, las paredes estaban hechas de un material más pasable y la hacían ver lisas, demás tenía una ventana donde la luz entraba.
Cerré la puerta y ingresé allí. Lo único que pude hacer fue descansar un poco estuve en un mala posición en el viaje y merecía dormir bien.
[…]
Pasaron las horas y Zac tocó la puerta de mi habitación varias veces. Hasta aquel yo me levanté y le fui a abrir.
Estaba medio despierta y el se veía casi sin energía.
—Dime…¿Cómo te sientes?
—Cansada…pero bueno, vamos a ver cómo nos va en este lugar.
—Creo que hay un lugar donde guardan dinero y otro tipo de objetos, ahí puedes dejar tus cosa.
Me pareció curioso que el supiera eso, pero me servía, con eso evitaría recorrer tanto está ciudad.
[…]
Salimos de ese hospedaje y fuimos directamente al lugar donde guardaban todo tipo de objetos. Habían cuatro personas que atendían el lugar, todos humanos, solo había una elfa. Está también era aún ciudad de diversas razas, solo esperaba que no molestaran Zac por ser un hobbits, todas las personas que vimos eran muy altas, incluso más que yo.
La recepción donde atendían era de madera, café oscura, además tenía unos anuncios en otro idioma. Yo no hablaba más idiomas.
Habían mucha gente en ese lugar de diferentes razas, elfos, hobbits, y enanos. La fila estaba muy larga, y llevaban cosa pequeñas. Yo era la persona con el objeto más grande.
El hobbit estaba adelante mío, era mejor estaba bajo mi campo de visión y podia estar pendiente de lo que pasara.
[…]
Estuve casi dos horas allí y me recibió una chica humana, llevaba una tipo de gorro blanco, bueno todas ellas lo tenían. Ella era más alta que yo, tenía gafas y ojos café, además un lunar en la mejilla, rostro algo cuadrado.
—Buenos días, ¿en que te puedo colaborar?.
—Vengo a dejar estás monedas de oro.
Ella se veía algo incómoda. Tal vez por la cantidad que yo llevaba.
—¿Cuánto pesa la bolsa?
—Diez kilos y medio.
Ella empezó a anotar eso y me dijo las últimas palabras.
—Debe pagar un depósito por cuidárselo, además cuando vuelva por ella también. Pueden pasar veinte años y este lugar seguirá funcionando, siempre y cuando la ciudad siga en pie. Debe darnos lo equivalente a 200 gramos de oro, por cada años se le cobrara esa cantidad.
—Como yo tenía solo tenía monedas, le di una.
—Bueno, esto serían 3 años más o menos.
—Ok..solo déjeme la bolsa…a debe firmar aquí y aprenderse este número y después firma. Con esto podrá reclamarlo, si usted muere o algo se le enviará a un familiar o a la persona que usted quiero, solo escriba su nombre.
Cuando ella me dijo eso, no supe en quien darle eso, pero llegue a la conclusión de que una parte debía enviársela a mi familia, y tal vez otra al hobbit aunque no le dije. No tenía a nadie más en la cabeza. Además la mayoría tenían con que vivir, tantito Henry como Saúl.
Firme ese papel como si nada y me prepare para irme con el hobbit, el no se quedó callado mi nada.
—¿Y vas a entregarlo todo?.
—Allí hay unas 300 monedas de oro. Yo saqué 40, todas tienen diferentes tamaños, pero cuando me los dieron en ese reino pesaba 10 kilos y algo más de un medio.
El se quedó en silencio y seguimos caminando, pero rumbo al gremio. Nosotros debíamos entregar está carta. En este ciudad ese sitio era casi que el edificio más grande y amplio, era imposible no verlo. Tenía como símbolos alas.
Y ví salir personas vestidas de diferente forma. Zac se sintió algo intimidado por eso, demasiada gente extraña y daban cierto miedo. Incluso muchos chocaron contra mi de hombro. Yo llevaba mi k armadura y la espada con una vaina roja
La aparencia intimidante parecía ser todo en esta ciudad. Respire hondo y entre al gremio.
Era un lugar muy organizado y grande, parecía más un restaurante. Casi una veinte mesas con decenas de aventureros que parecían discutir.
Yo seguí como si nada y fui hasta la recepción, no había nadie allí, solo un tipo de capa que no dejaba ver el rostro de la persona que estaba allí.
Yo solo le entregué la carta y una voz femenina me habló.
—Esta era una misión en uno de los reinos de los hobbits. Lastima, nadie quiso tomarla, bueno aquí dice que tú la hiciste. Según el riesgo….era…rango A…. increíble… además dice que tú tienes una espada maldita…….espera aquí debo informarle a los superiores.
Me dejó un poco nerviosa eso, el hobbit estaba sentado en una mesa solo esperándome. Preferí no decirle lo que me pasó