Arturo se encontraba cenando con la familia de Amaya, disfrutando de la compañía, aunque no dejaba de estar atento a cada movimiento en la mesa. Había logrado ganarse la confianza de la tía Cecilia, quien no paraba de hablar sobre el futuro de Amaya y de él. En sus ojos brillaba la esperanza de que su sobrina y Arturo finalmente se casaran, como si eso resolviera todo. Cecilia no dejaba de mencionar lo que consideraba era lo mejor para Amaya, en su mente, ese matrimonio sería la solución a todos los problemas de la familia. —Deberían casarse, Amaya, este hombre te puede dar estabilidad... —comentó Cecilia, con una sonrisa satisfactoria mientras tomaba un sorbo de vino. Amaya, sentada al lado de Arturo, apenas levantó la mirada. Su rostro mostraba el cansancio de días interminables, su me

