—A la cuenta de tres, preciosa —ordena Jeff, mientras le aprieto la mano a Nathan, que me sonríe entusiasmado—. 1… 2… 3… ¡Pujaaaa! —exclama, por lo que pujo con todas mis fuerzas, dando un grito desgarrador. —Lo estás haciendo increíblemente bien, panquequita —Me halaga Nate, a quién le estoy reventando los dedos, por apretarlos con tanta fuerza. —Respira y vuelves a pujar, Danielle, ya puedo verle la cabeza —dice Jeff, mientras se vuelve a perder entre mis piernas. Tomo una gran bocanada de aire y Nathan hace las respiraciones conmigo—. 1… 2… 3… ¡Pujaaa! —Pujo tanto, que creo que se me saldrán todos los órganos por allá abajo. —¡AAAHHHHHHH! —gritamos Nathan y yo. Mi grito es por el dolor que me genera el pujar y seguro Nate lo hace por lo fuerte que le he apretado la mano, ya qu

