La casa estaba arreglada como tanto nos gustaba, para recibir a las visitas. Habíamos decorado la mesa y puesto los lugares “extra”, para esta noche. Este invierno había sido particularmente frío, así que Nathan estaba abajo encendiendo la chimenea, mientras termino de secarme el cabello para peinarlo y vestirme. Había escogido una blusa de cuello alto, con botones en la espalda y unos jeans ajustados con unas botas altas. Estoy sentada en mi tocador, con el jeans y la ropa puesta, sólo me falta terminar de abotonar la blusa. Nathan abre la puerta de la habitación y se me queda mirando con la misma cara de enamorado de siempre. —Te ves hermosa, mi panquequita —dice con voz coqueta, lo que me hace sonreír. —Gracias mi amor —respondo, mientras termino de afirmar mis aretes—. ¿Me ayud
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


