- ¡Es mi mamá! – susurró mi reina con pánico. - ¡Tranquila! Toma tu ropa y métete al baño, yo veré qué quiere. – Andrea me hizo caso y yo me hacía caldo de cabeza pensando en que quiere la señora. Abrí la puerta sin permitirle pasar. - ¡Señora! ¿Qué necesita? – los ojos de la señora Magdalena se abrieron muy grandes al verme. - ¡Niño! ¿Qué te pasó en el cuello? – ¡Agh! ¡Reina! tu marca no me ayuda en este momento. - Amh... Me corté cuando me afeitaba. – Ella me miró con escepticismo, pero decidió ignorarlo y me dijo: - Está semana vienen unos familiares míos a quedarse, necesito tu habitación para alojarlos. – ¿Mi pieza? Si viene más de una persona dudo que puedan quedarse. -Ok ¿Y dónde dormiré yo? - Eres joven y supongo que puedes dormir en cualquier lugar. – Ni que fuera un perro

