Capítulo 1 Parte II El derecho a ser soldados (El soldado caído del cielo)

2965 Palabras
muy agudo aturdiendo los oídos de los hermanos. Ellos se cubrieron con las manos, pero el aullido era tan poderoso que parecía entrar dolorosamente por su canal auditivo. Mientras la bestia emitía ese fuerte sonido, su cuerpo desprendía bolas de energía oscura que caían como bombas por todo el lugar. Sato y Jaheris lograron esquivar algunas. Mientras se cubrían de las explosiones. — ¡Debemos salir de aquí, ¿estás listo?! —Jaheris asienta con la cabeza y ambos comenzaron a correr en dirección contraria de la criatura, quien detuvo su ataque. Usando nuevamente su cráneo como radar, logró ubicar la dirección por donde huyeron, y con tenacidad, retomó la persecución contra los jóvenes. Tanto Jaheris como Sato corrían a gran velocidad por medio del bosque. Sus corazones latían con fuerza, su respiración estaba acelerada por la adrenalina y el temor de lo que estaba ocurriendo, ambos no se percataron del camino que habían tomado y luego de haber recorrido varios metros, llegaron a un punto ciego donde una enorme roca tapaba la vía de escape. Jaheris, con angustia golpea la roca con sus manos mientras menciona: — ¡Maldición, quedamos atrapados! Sato toma aire para calmar sus nervios y se coloca frente a su hermano menor para protegerlo. La criatura, que parecía ser un animal muy veloz, llegó al lugar y se detuvo frente a ellos. Comenzándose a moverse de forma extraña, su cráneo temblaba rápidamente, aunque no era constante, era de forma intermitente, como si fuese una manera de intimidarlos. —Cuando mencionaste venir a este lugar, nunca pensé que esta sería tu manera de relajarnos con el entorno —dice Jaheris de forma irónica y se coloca al lado de su hermano. Luego, bajando su mirada con una sonrisa en los labios agrega: —Supongo que, si nos toca morir hoy, por lo menos lo haremos de pie. Sato se ríe por el comentario sorprendido por la valentía que por primera vez mostraba su hermano. —Al final, no se la pondremos tan fácil, ¿verdad Jaheris? —dice después de adoptar una posición de combate y volviendo a activar sus células broken. La criatura salta con rapidez hacia ellos para embestirlos, pero cuando estos se preparaban para recibir el ataque, de la nada apareció un soldado que con un golpe frontal hizo volar a la misteriosa criatura hacia atrás. Sato y Jaheris veían impresionados al soldado que estaba parado de espalda frente a ellos. El joven Sato se percata de que este era un soldado de la armada élite de exploración y búsqueda de Eternidad, debido al símbolo de la AXBE que este llevaba en el brazo derecho de su armadura, probablemente sería el dueño de la nave caída que dejaron atrás. Su aspecto era de un guerrero joven, su cabello era verde, ojos color marrón, contextura atlética y llevaba puesta la armadura simbiótica de combate de Eternidad. Esta armadura de color n***o es la que usan los guerreros de la élite de exploración, diseñada por la brigada científica de Eternidad para contener y luchar contra cualquier amenaza en el cosmos, era sumamente flexible y ajustada al cuerpo. En su pecho, brillaba en un tono azul, un enorme círculo parecido a una fuente de poder, mientras que, en su cabeza, llevaba una corona que sobresalía hacia atrás. En el centro de la corona había un pequeño triángulo color azul, lo que permitía la conexión mental del usuario, a través de micro sensores cerebrales, para permitir que el guerrero pueda crear cualquier arma u objeto que desee con solo pensarlo. La corona también es diseñada con el código genético del portador, razón por la cual es intransferible. El soldado voltea a ver a los jóvenes broken que lo miraban sorprendidos y les dice: —¡No se preocupen, yo me encargo de esto! A toda velocidad corrió hacia la criatura, pero la misma volvió a realizar el aullido agudo que anteriormente los hermanos habían presenciado. Desprendiendo bolas de energía por todo el lugar. El soldado eterno se frenó con rapidez y girando con mucha agilidad hacia los jóvenes que estaban atrás, con el poder de sus células glorificadas, logró manipular la fuerza de la naturaleza haciendo que las raíces del bosque comenzaran a salir de debajo de la tierra para crear una especie de jaula protectora que envolvía a los hermanos. Los hermanos observaban cómo eran cubiertos por esas raíces que parecía que ahora se hubieran convertido en una jaula muy sólida. Jaheris con asombro pensaba: —“Así que este es el poder de las células glorificadas”. Los eternos, al activar dichas células, pueden manipular y distorsionar cualquier elemento natural en su entorno (tierra, aire, fuego y más). Sato observaba atentamente al soldado, ya que él siempre ha deseado formar parte de la armada de Eternidad. El soldado eterno suspiró de tranquilidad mientras veía cómo las explosiones generadas por las bolas de energía oscura de la criatura no afectaban a los jóvenes. Protegiéndose con el escudo del traje, proyectó un cubo color azul traslúcido que cubría por completo al joven soldado. —Uf, ¡eso sí que estuvo cerca! —suspira y dice dentro del cubo. Las ráfagas de energía ya habían cesado, del humo provocado por las explosiones sale el soldado que poco a poco camina hacia la criatura, mientras que su cuerpo comienza a desprender un aura color dorado, sus ojos también adquieren ese brillo, y mirando fijamente a su oponente dice con firmeza: —Ahora sí me vas a pagar el daño que le provocaste a mi nave. Este se coloca en posición y rápidamente vuela hacia la criatura, mientras que de su traje crea una katana filosa como la de los samuráis que existieron hace muchos eones, y con un golpe preciso y directo al cráneo de la criatura, logra partirlo en dos, haciendo que se derrame sangre por todo el lugar. El soldado, de espalda a la criatura que se retorcía en el suelo sin la mitad de su cráneo, ordenó a las raíces que transformaron la jaula para proteger a los chicos, que volvieran a hundirse en el suelo. Al salir, los jóvenes se acercaron con precaución al extraño espécimen que ya había muerto. —¿Qué rayos era esa cosa? —preguntó Sato con curiosidad, mirando el cadáver, mientras el cuerpo de la criatura comenzaba a desintegrarse poco a poco. Era como si se evaporara al igual que su sangre. El soldado de Eternidad, voltea a verlos y responde: —Se supone que no debería mencionarles esto, pero esa criatura era un gyngar. Para Sato y Jaheris era la primera vez que escuchaban ese nombre. —¿Gyngar? —exclama Jaheris con duda. —Criaturas antiguas muy poderosas que se creían extintas —dijo el soldado. “¿Qué hacia una bestia extinta en una nave federativa?”, pensó. El soldado vuelve su mirada a los chicos y con una sonrisa amable les dice: —Disculpen por tanta conmoción, mi nombre es Lithan Ridius y soy un soldado perteneciente a la armada élite de Eternidad. Ustedes deben vivir cerca de aquí, ¿verdad? Sato, como era costumbre, responde por él y por su hermano: —Es un placer soldado Lithan, mi nombre es Sato Síferi y este es mi hermano Jaheris. Este último levanta su mano en señal de saludo, y con la otra limpiaba su alborotado cabello. —Vivimos cerca de aquí en las afueras del bosque —continúa Sato. El soldado pudo notar por la forma de sus vestimentas que eran jóvenes de casta noble. —El placer es mío, Sato. Luego voltea a ver a Jaheris y sonríe. —Lo que sucedió aquí no debe saberlo nadie, sé que ustedes los broken, se rigen por sus propios códigos, pero resulta que realmente todo esto no debió haber sucedido. ¿Podrían guardarme el secreto de lo que aquí pasó? Ambos jóvenes se miran al rostro con algo de duda, el soldado no logra notar la confusión en la mirada de aquellos jóvenes. —Bueno, no los obligaré si no quieren hacerlo —agregó. Luego de un breve silencio y cambiando un poco el tono de la conversación para que los jóvenes no se sintieran presionados, les menciona: —Hace un momento mostraron gran valentía al tratar de enfrentar esa criatura solos, ¿no les gustaría algún día unirse a nuestra armada? Para el joven Sato esas palabras eran la oportunidad que estaba esperando, y con gran ímpetu responde: —Para mí sería un gran placer poder aprender en su armada. El soldado Lithan es sorprendido por esa respuesta, ya que a pesar de que él les había hecho la propuesta, nunca llegó a imaginar que un joven de la nobleza broken quisiera pertenecer a la armada de Eternidad, ya que los de esta r**a eran muy celosos con sus entrenamientos militares y, aunque las armadas de broken cooperaban en ocasiones con las eternas, ningún ciudadano de esa nación mostraba ese tipo de interés. Lithan sonríe mientras que, mirando al otro hermano, le pregunta: — ¿y tú Jaheris? ¿Te apuntarías? Este saca las manos de su chaqueta mientras las levanta con un gesto de que simplemente le daba igual. —De ser así, ¡yo los apoyaré! —Dijo el soldado— muy pronto comenzará la selección de los nuevos reclutas, me encargaré personalmente de postularlos —continuó. Mientras sonreía amablemente, Sato se para firme como solían hacerlo los soldados del reino y reverenció con respeto. —¡Gracias por considerarnos! Jaheris mete de nuevo sus manos en los bolsillos de su chaqueta con cara despreocupada, mientras escucha el sonido de pasos. Volteando hacia el sonido que parecía venir de dirección contraria al soldado eterno. El soldado Lithan le estrechaba su mano a Sato y en un abrir y cerrar de ojos los oficiales de la armada militar de broken irrumpió en el lugar, rodeándolos y apuntando con sus armas de forma sincronizada al soldado eterno. Los tres se quedaron paralizados por lo repentino del suceso. El soldado a cargo ordena con voz de mando: —¡Ponga las manos donde podamos verla soldado eterno! Lithan, que se encontraba de espalda hacia los soldados broken, obedece a la voz de mando y sin darse la vuelta levanta lentamente sus manos. Tanto Sato como Jaheris observan sorprendidos la llegada de sus fuerzas militares, Lithan se identifica para calmar un poco los ánimos. —Tranquilos, tranquilos, exactamente a ustedes estaba esperando, mi nombre es Lithan Ridius, soy un soldado asignado a la división F del ejército de exploración y búsqueda de Eternidad, me encontraba en misión cerca de el vórtice del espacio Serd, recolectaba piedras adamantio, cuando de regreso, mi nave sufrió un fuerte daño al ser impactada con un asteroide, el cual no pude evitar. El impactó destrozó mis motores principales al igual que mis radios de comunicación. Logré maniobrar con dificultad y terminé cayendo en esta ciudad sin previo aviso, cuando me disponía a buscar ayuda o alguna red de comunicación, me encontré con estos dos ciudadanos de su pueblo. Ellos cálidamente se ofrecieron a llevarme a reportar este incidente en su armada, ya que no conozco muy bien esta zona. Dada su versión alterada de los hechos, este les guiña el ojo a los jóvenes para que aceptaran su cuartada, ambos lo ven y lo aceptan quedándose así en silencio. El soldado de la armada militar, luego de escuchar la versión del eterno, pregunta a los jóvenes, que habían sido usados como testigos de los hechos: —¿Es cierto lo que dice el eterno? —¡Es totalmente real! —dice Sato obviando el suceso de la criatura gyngar, como el soldado Lithan les había propuesto. —Lo que informa el soldado eterno… es la verdad. Lithan cierra sus ojos con alivio al escuchar al joven, ya que habían aceptado su cuartada, el soldado del ejército broken baja su arma mientras levanta su mano y con una seña ordena a todos los soldados presentes que bajen sus armamentos. —Disculpe nuestra forma de operar eterno —dijo el oficial a cargo —solo nos pareció muy extraño su avistamiento a nuestra ciudad sin el característico aviso, no obstante, tanto usted como los dos jóvenes nobles deberán dar cuenta de los hechos en la armada interna, necesitaremos sus testimonios para el reporte de esta novedad, ¡acompáñennos! Lithan baja sus brazos y voltea hacia los soldados, acompañándolos a las unidades cercanas para su traslado a la armada interna de broken. Sato viendo la situación, le dice a su hermano: —No te preocupes, todo saldrá bien. Jaheris se adelanta y avanza detrás del soldado Lithan que era custodiado por los oficiales de broken, Sato los sigue, pero justo al pasar por el lugar donde hace minutos estaba muerta aquella extraña criatura, se percata de algo brillante que está en el césped, con curiosidad se agacha a recoger lo que parecía ser un pendiente. Sato abre con intriga la medalla que llevaba dicho pendiente y observa una imagen en ella, era una mujer junto con dos niños. —“¡¡Pero qué demonios!!”, piensa Sato porque no lograba identificar quiénes eran esas personas. El oficial broken nota que el joven se había quedado atrás. —¿Pasa algo joven? —pregunta el soldado. Sato se coloca de pie con rapidez mientras esconde el pendiente que acababa de encontrar. —¡No!, solo recogía algo que creí haber perdido. El oficial observó lo que el joven acababa de guardar en su bolsillo, pero sin prestar mayor atención le ordena: —¡Vamos, tenemos prisa! Ya en el lugar de los hechos se encontraban soldados de la ciudad, desplegados por toda la zona boscosa, sofocando las llamas provocadas por la nave que se encontraba en dicho espacio. Tanto los hermanos Síferi como el soldado eterno fueron montados en los vehículos militares y llevados al edificio de la armada especial interna. esta división tenía un fiscal, Dogma Tirus, el cual era el encargado de dar las directrices en la unidad, que no eran más que proteger y resolver conflictos internos en los diferentes distritos de la ciudad broken. Llegaron a la división donde estos darían sus declaraciones de los hechos. al entrar, tomaron asiento, mientras observaban cómo el oficial encargado de la operación conversaba con el fiscal. Lithan volteó hacia los jóvenes: —Todo saldrá bien —dice el eterno bostezando— solo tomarán nuestras versiones de los hechos y nos dejarán ir. Sato escuchaba lo que decía Lithan, pero sus pensamientos lo llevaban a su vehículo, el cual quedó abandonado cerca de la entrada al bosque. Velozmente, saca su comunicador portátil para comunicarse con su padre y contarle lo sucedido, pero, producto del enfrentamiento anterior, se había roto. —Si deseas puedes utilizar el mío —menciona Jaheris. Con una sonrisa le entrega su comunicador personal. Sato no pierde tiempo y lo toma, y le envía un mensaje a su padre con el fin de que fuera en busca del vehículo. En ese preciso momento llega el fiscal quien se para en frente de ellos. Llevaba un saco con el emblema de la armada, mostraba cierta frialdad en su rostro. Con sus gafas negras, parecía un poco más intimidante. —Soldado Lithan Ridius, sígame por favor. El soldado eterno estira sus brazos hacia arriba mientras se coloca de pie. —Como ordene señor fiscal —dijo con voz calmada. Se retiran a la sala donde se ofrecían las declaraciones. Luego de varios minutos de ofrecer su testimonio de los hechos (alterados), tanto el soldado eterno como los jóvenes broken, fueron puestos en libertad. En las afuera del edificio, los tres se disponían a volver a sus hogares. —Gracias por ayudarme a guardar este secreto, el hecho de que estas criaturas que se creían extintas hayan aparecido de nuevo, es un tema que se necesita tratar con mucha discreción. El joven Jaheris lo mira y de forma curiosa pregunta: — ¿Exactamente de dónde vienen los gyngar? El soldado eterno baja la mirada con preocupación. —Estas criaturas existieron hace muchos eones, específicamente en la primera era de los dioses. Según se dice, fueron creadas por uno de los dioses antiguos de nombre Atziluth. Sato se sorprende al escuchar ese nombre, al parecer sabía quién era esa deidad antigua. —¿Atziluth? —repite Jaheris. —Es un Dios antiguo que parece haber existido hace muchos eones, se dice que gracias a él los broken existen —dice Sato. El soldado eterno sonríe mientras cierra sus ojos, luego con un fuerte bostezo dice: —En fin, hoy ha sido un día verdaderamente extraño. Luego mira los jóvenes con seriedad. —Ha sido un placer conocerlos hermanos Síferi, recuerden que prometieron unirse a nuestra armada, pronto comenzará la selección de los nuevos reclutas para los diferentes destacamentos eternos, ¡cuento con ustedes! — ¡Muchas gracias soldado Lithan! —dice Sato. Jaheris, con cara de duda, se preguntaba: —“¿en qué momento le mencioné que quería pertenecer a esa armada?”. Luego sonríe y rasca su cabeza. —Supongo que no tengo nada mejor que hacer —dice— y levantando su mano se despide de forma informal mientras observa al soldado Lithan marcharse del lugar. Ya era de noche en la ciudad de Arquis, las dos lunas que iluminaban el cielo de Eternidad brillaban con intensidad. —Deberíamos irnos también —dice Jaheris a su hermano. Comenzando a caminar. Sato, mientras avanzaban, saca de su bolsillo el misterioso pendiente que encontró en el lugar donde se desintegró aquella horrible criatura, y manipulándolo suavemente reflexiona: “¿quiénes eran las personas de la foto? ¿Será posible que de aquella criatura cayera esto?”.
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