CAPITULO V

1995 Palabras
CAPÍTULO V El Club de las lobas Esme salió al porche de su cabaña y fue recibida por un helado viento proveniente del Este. Se subió la cremallera de su chaquetón verde hasta debajo de su barbilla y se acomodó el chubasquero a la altura del pecho. Después se puso el gorro de lana n***o que se había comprado en la tienda de los chinos y suspiró para tranquilizarse. Levantó su mirada hacia el oscuro cielo en busca de la luna llena. Allí estaba, justo delante de ella en el cielo, redonda y plateada asomándose entre la copa de los alcornoques que tenía más cerca. —¡Por favor, no me falles esta noche, entrégame a alguien que me ame tal como soy! —le rogó en un susurro. —¿Qué murmuras? —le preguntó Olivia colocándose a su lado y mirándola curiosa. —Nada, cosas mías —se apresuró a contestarle, avergonzada por ser pillada infraganti rogándole a la luna. Había estado tan concentrada en sus pensamientos que no había escuchado abrirse la puerta de la cabaña cuando su amiga salió. Esta volvió abrirse y por ella comenzó a salir el resto de las integrantes del Club de las lobas, hasta que todas estuvieron reunidas en el porche de la cabaña —¡Estamos listas! —Informó en voz baja Lis que iba en cabeza del pequeño grupo. —¿Habéis cogido el carbón y las pastillas para encender el fuego?—preguntó Esme en el mismo tono mirando al grupo, buscando con la mirada esas dos cosas. Irene levantó con esfuerzo un brazo para mostrar el saco n***o de dos kilos que llevaba. —Yo llevo el carbón y Mar las pastillas —contestó también en voz baja. —Estupendo. Yo llevo el mechero. Podemos irnos entonces —anunció Esme en un susurro.—Que nadie hable hasta que entremos en el bosque, no quiero que nos vea un empleado del parque y nos prohíba adentrarnos en él a estas horas de la noche —les informó preocupada por esa posibilidad. Dicho eso, bajó los tres escalones que separaban la cabaña del suelo y se alejó seguida del resto de mujeres, en dirección a un sendero que comenzaba a unos veinte metros de ellas y que se adentraba entre los árboles del bosque. Pronto la oscuridad las envolvió a todas, haciéndoles muy difícil avanzar por la falta de visión. —¿Alguna se ha acordado de comprar linternas?—preguntó Carolina con humor al grupo que se había detenido en la oscuridad sin poder andar más. Clan Lobo Nirud contempló las enormes llamas de su hoguera con orgullo y fascinación, la esperanza brillaba ahora con fuerza en su pecho. Era casi imposible que la primera no los viera con la cantidad de luz que desprendía el fuego. Con solo que mirara una vez hacia abajo desde su morada en el cielo, tendría que verla. El siguiente paso era que escuchara sus aullidos, de esa manera sabría que la llamaban. —¡Estamos listos Nirud! —gritó Han desde su posición en el círculo que habían formado el resto de lobres alrededor de la hoguera. Nirud los contempló a todos con ojos críticos y volvió a recorrer el círculo de lobres para comprobar que todos estuvieran en la posición y distancia correcta con respecto al de delante y al de atrás. —¡Todos sabemos como tenemos que movernos en este ritual, hacerlo lo mejor que podéis, la primera debe de sentirse fascinada por nosotros si queremos que nos preste atención! —gritó satisfecho con lo que había visto y colocándose en el hueco designado a él como Alfa. En respuesta, con entusiasmos todos sus Lobres comenzaron a golpear con sus pies simultáneamente la tierra. —¡Ahora! —Ordenó Nirud lleno de excitación. Un hermoso aullido se escuchó por todo el bosque, ningún ser consciente podía adivinar que ese sonido era emitido por ocho voces diferentes, de lo casi perfecto que sonaba. Tan solo el ser que tuviera un oído más fino que el resto de los mortales, podía notar que dentro de ese hermoso sonido, había otro que desentonaba por su aspereza con el resto más dulce. Club de las lobas Esme se colocó en su lugar junto a la pequeña hoguera y miró por encima de ella a las demás mujeres colocadas también en círculo alrededor del fuego, a unos dos metros de distancia de este. El hechizo no especificaba las dimensiones de la hoguera ni la distancia de las bailarinas, tan solo que hubiera una que proporcionara luz y que las que realizarán el ritual fueran las mujeres que deseaban encontrar a sus parejas. Con ojos críticos contempló los móviles con la linterna encendidas que todas llevaban en sus manos y que aportaban algo de más claridad al círculo de mujeres y pensó que si para realizar el hechizo se necesitaba luz, con suerte los móviles cumplían esa función. Con nervios, levantó su mirada al cielo y miró fijamente a la luna llena, las demás mujeres la imitaron, comprendiendo que el ritual acababa de comenzar. Todas sabían perfectamente lo que tenían que hacer, llevaban días ensayando los movimientos en sus casas, y en la cabaña Esme les había vuelto a mostrar como tenían que moverse esa noche, por lo que no hizo falta que les avisara de cuando sería el comienzo del ritual, todas sabían como sería sus inicios. Esme cogió aire y con fuerza lanzó un agudo aullido, las demás la imitaron en el acto. Sin dejar de aullar, las ocho mujeres comenzaron a danzar y moverse alrededor de la hoguera. Sus brazos se estiraban hacia la luna con sus palmas extendidas hacia arriba para a continuación doblarlos y llevar las manos hasta sus corazones. Ese gesto tenía que ser repetido durante todo el tiempo que durase el ritual. Planeta Lobo La luna comenzó a teñirse de rojo y el círculo que formaban los Lobres se detuvo por la sorpresa, dejando de danzar y aullar. En medio del silencio que se hizo en el bosque, empezó a escucharse débilmente otro aullido más agudo que el que habían lanzado ellos. Todos miraron a su alrededor asombrados, intentando identificar la dirección por dónde procedía la llamada. Nirud miró fijamente la hoguera, fue el primero en identificar el origen del aullido. En la parte más baja, cerca del suelo donde la madera se quemaba, comenzó a formarse una imagen. Sin poder apartar sus asombrados ojos del fuego, vio como delante suya se formaba la imagen de una hermosa hembra de pelo castaño largo, cara redonda y llena como la misma luna en ese momento. La piel de su rostro carecía de bello y su frente era alta y lisa, sin rastro del nacimiento de pelo en forma de pico que caracterizaba a su r**a. Su cara miraba hacia arriba y estaba aullando. Poco a poco el sonido de su voz se fue haciendo más fuerte mientras los otros iban desapareciendo, hasta que Nirud solo fue capaz de escucharla solo a ella. Algo en su estómago se encogió y retorció produciéndole dolor. Las piernas se le debilitaron hasta el punto de tener que arrodillarse ante la imagen y su corazón comenzó a golpear con frenesí su pecho. Una mirada a su alrededor le hizo ver que todos padecían la misma dolencia. Acababan de contemplar a su legítima compañera, la que todo Lobre estaba destinado a tener pero que se había convertido a lo largo de los años en un imposible debido a la falta de nacimientos y la alta mortalidad de los bebés hembras que morían en la barriga o en sus primeros años de vida. Poco a poco, la imagen del fuego comenzó a desaparecer ante la discontinuidad del hechizo y asustados, los lobres se levantaron del suelo como pudieron y comenzaron a aullar y danzar de nuevo desesperado. Cada uno había contemplado en las llamas a su hembra predestinada y ahora sabían de verdad lo que perdían si el hechizo no se cumplía. El Club de las Lobas La luna se había teñido de rojo y alrededor de las mujeres había aparecido una niebla blanca y espesa que les estaba haciendo difícil el seguir danzando debido a la falta de visibilidad que les estaba ocasionando. —¡No paréis, seguí con la danza!— gritó Esme exaltada al grupo. —¡El hechizo se está cumpliendo! —ella lo sabía, podía sentir en su pecho que la aparición repentina de esa niebla se debía a su canto. —¡No veo nada!— se quejó Lis. —¡ Tú sigue mi voz Lis ! —le pidió Olivia, que iba justo delante suya. —¡ Esto no me gusta Esme, tengo miedo de tropezar con la hoguera !— exclamó asustada Dana. Con su mala orientación estaba segura de que eso era lo que le iba a ocurrir. Clan Lobo —¡Tan solo seguir la voz de la que tenéis delante….. ¡¡¡Aaaa!! — Esme lanzó un involuntario quejido cuando su cuerpo chocó contra algo duro que se había puesto en su camino. —¡¡Ostia!!— Escuchó exclamar a Carolina. —¡¡Aaaa— —¡¡Uuuff!!— Hasta Esme llegó las exclamaciones de dolor o sorpresa de sus compañeras antes de que fijara su ojos en el objeto con el que había chocado. Al separar un poco su cuerpo para poder contemplarlo con mayor claridad, dos fuertes brazos enfundado en una vestimenta de cuero n***o parecieron salir de la niebla para agarrarla de los hombros. Asustada Esme retrocedió involuntariamente arrastrando con ella al cuerpo que estaban unidos los brazos y haciéndolo salir de la niebla, quedando ante ella por fin visible. Su cuerpo de miedo se paralizó en el acto al contemplar al ser que tenía delante que la miraba intensamente y creyó ver también en su mirada, asombro. —¡¡Aaaaaaaa!!— —¡¡Aaaaaaaaaaa!!— —¡¡Aaaaaaaa!!— Los chillidos de terror de sus compañeras sacaron a Esme de su parálisis que sin pensárselo, se dio la vuelta y se lanzó a correr, adentrándose en la niebla. Su mente aterrorizada no era capaz de pensar con claridad, su instinto había tomado control de su cuerpo y éste tan sólo quería huir de allí y del ser que la había aparecido delante de ella y la había agarrado. Nirud la vio desaparecer en la niebla y sacudió su cabeza para salir de la conmoción que le había ocasionado la aparición de ella delante suya. Un momento antes había aparecido una niebla espesa que había cubierto a sus lobres y a él por completo y cuando aún estaba intentado averiguar que ocurría, había sentido como su cuerpo era golpeado por otro. Instintivamente había levantado sus brazos para agarrar al que creía que era uno de sus lobres, pero para su sorpresa, el cuerpo que agarró había resultado ser al tacto más blando y pequeño que lo que había esperado. Un estirón lo había sacado de la niebla para quedar ante su asombro frente a su hembra predestinada. Su belleza y olor lo habían dejado paralizado, por lo que aún después de verla huir de él no había logrado reaccionar para ir a buscarla. Chillidos, gritos y el ruido de pies corriendo, le hicieron comprender que no sólo su hembra había aparecido delante de él y huido, por lo que escuchaba, las hembras de sus lobres habían actuado igual que la suya. Sin esperar más, se lanzó a la caza de su hembra con la mente puesta en que tenía que ser muy cuidadoso al atraparla para no lastimarla. Esperaba que esta huida a ella no le hiciera daño físicamente. Por muy bien cuidada que hubiera estado con anterioridad, a juzgar por su saludable físico, la condición enfermiza con la que las hembras solían nacer, no se curaba con la comida o cuidados, tan solo se retrasaba las enfermedades.
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