EL CLUB DE LAS LOBAS
Esme y Olivia.
Esme miró el cielo a través de la ventanilla de su coche con preocupación. Había mirado por milésima vez en los últimos tres días la aplicación del tiempo en su móvil antes de comenzar el viaje y siempre había visto que ese fin de semana iba a haber buen tiempo en Cádiz, ahora, contemplando las negras nubes que había sobre su cabeza, no estaba tan segura de ello.
—No te preocupes, estoy segura que para cuando lleguemos al camping habremos dejado esas nubes atrás.— Esme miró con dudas y preocupación a su amiga sentada a su lado de copiloto en el coche y volvió a concentrarse en la carretera. Olivia supo por la mirada que le había dirigido, que su comentario no la había tranquilizado y la verdad era que ni ella misma se creía sus palabras. Tan solo les quedaban cuarenta kilómetros por llegar a su destino y los nubarrones negros se extendían por el cielo delante de ellas hasta donde les alcanzaba la vista. Era muy difícil que lo que acababa de decirle se cumpliera. —Bueno, aunque llueva, tampoco sería una calamidad, así le daría al ritual ese toque fantástico y misterioso que casi siempre está presente en las películas y novelas de hombres lobos que tantos nos gusta— pensó en voz alta Olivia, mirando el cielo n***o que oscurecía la carretera por delante de ellas. La risa de Esme la sacó de su contemplación del clima e hizo que la mirara curiosa, dispuesta a saber que había dicho que hiciera gracia a su amiga.
Esme notó sobre ella la mirada interrogatoria de Olivia y no le quedó más remedio que explicarse, mientras aún mantenía la sonrisa en su rostro.
—Mientras hablabas, me ha venido a la cabeza la imagen de nosotras bailando bajo la lluvia. ¡ Imagínatelo, las ocho moviéndonos en círculo e intentando cantar y llevar el ritmo a la vez, si alguien nos viera seguro que llamaría a la policía asustado!— Olivia rompió a reír ante la imagen que había aparecido en su cabeza descrita por Esme.
El intento de Olivia para tranquilizarla había hecho efecto, sus palabras le habían quitado parte del peso que sentía en su mente, dándole un poco de tregua, aliviándole por un tiempo de su preocupaciones con respecto a ese tan esperado fin de semana. Desde que había descubierto la hoja del ritual entre las páginas del libro ”Lobo”, no había parado de fantasear con la llegada del día en que lo realizaría. Había tenido que esperar veinte días para que fuera luna llena y por fin esa noche era la última. Olivia tenía razón, que lloviera no iba a impedir que ellas realizaran el ritual mágico, tan solo que lo realizarían con el inconveniente de estar completamente empapadas y muertas de frío. Posiblemente cogieran todas un buen resfriado por ello, pero si todo resultaba ser real y la magia les traía ha todas ellas a su hombre soñado, sería un daño insignificante que se habían buscado por permanecer bajo la lluvia tanto tiempo.
Pasados unos minutos, ambas mujeres se calmaron y cada uno de ellas volvió a meterse en sus pensamientos, aquellos que más les preocupaban.
—¿Estamos locas por creer en ese ritual y llevarlo acabo? —se atrevió a preguntar pasado cinco minutos por primera vez Olivia a Esme, con una media sonrisa en su rostro de disculpa por ponerse a dudar de la cordura de todas en ese momento. Esme echó una breve mirada al rostro de su amiga con empatía, entendía perfectamente sus sentimientos, estaba segura que todas ellas en algún momento de los veinte días de espera … o en muchos de ellos, se habría cuestionado la cordura. No podía culparlas de pensar así, pero el hecho de que ninguna de ellas hasta ese momento, lo hubiera expresado en voz alta, daba a entender lo desesperada que todas se sentían.
—Somos “EL CLUB DE LAS LOBAS” y tenemos en nuestro poder un ritual que si se cumple, nos dará a cada una de nosotras un hombre poderoso, fuerte y dócil con nosotras, que nos amará y querrá sin importarle nuestro aspecto. Será parecido a los protagonistas de los libros de hombres lobos que tantos nos gustan leer. —Esme sonrió mirando a Olivia —Si no lo intentamos, si que estaríamos loca. Si resulta, que es lo más seguro, que no hay magia y no pasa nada, será una anécdota más para el CLUB que contaremos a las chicas nuevas que se vayan incorporando, pero si hay aunque sea una mínima posibilidad de que la magia exista y el hechizo se haga realidad, quiero intentarlo y llevarlo a cabo.— Olivia asintió con la cabeza, estando de acuerdo con lo que había dicho Esme. Estuvieran locas o no por creer y llevar a cabo un ritual o hechizo mágico, ahora le daba igual, lo haría por su amiga, porque podía ver cuanto necesitaba Esme tener una nueva ilusión en su vida, algo que la distrajera de su vida diaria y del recuerdo de lo que le había hecho su ex. Hacía ya dos años que le habían roto su corazón, dejándola mal herida emocional y físicamente.
“¡Maldito hijo de puta!, ¡¿cómo pudo hacerle eso?!” Olivia apartó la mirada de su amiga y miró los campos que pasaban con velocidad a través de su ventanilla. Como siempre que pensaba en esa noche, dos años atrás, los ojos de Olivia se nublaron de lágrimas ante el recuerdo del sufrimiento de su amiga.
Acababa de acostar a su padre y darle la medicación, tenía pensado hacerse palomitas, coger un lata de refresco cero calorías y sentarse en su sofá a ver una película romántica. Esa hora de la noche era su preferida, podía por fin descansar y dedicarse tiempo a ella misma, al menos durante cinco horas, si su padre no la llamaba antes. A las cuatros de la madrugada su tiempo acababa, daba igual si había dormido o no, su padre se despertaba y la tranquilidad en la casa se acababa.
El microondas sonó, señal de que las palomitas estaban hechas, al mismo tiempo alguien llamó a la puerta de su casa. Curiosa miró por la mirilla y lo que vio la asustó, haciendo que abriera la puerta con ligereza. En el umbral se encontraba su amiga Esme, llorando desconsoladamente y con tan sólo un bata echada sobre su voluminoso cuerpo desnudo. Aún recordaba el frío intenso que hacía esa noche en la calle. Su amiga había recorrido en ese estado los casi cien metros que separaban su casa de la de ella.
Le costó casi una hora tranquilizar un poco a su amiga y media más para lograr que le contara lo que le había ocurrido.
Esme es virgen…todas en el Club lo somos, no porque queramos permanecer en ese estado, sino porque ninguna ha encontrado un hombre que nos quiera tal como somos, con nuestros kilitos de más. No es que no exista hombres con los que podamos acostarnos, es que aún no hemos hallado a uno con el que además de sexo quiera compartir con nosotras su amor. Esme creyó haberlo encontrado, incluso yo pensé que ella lo había conseguido y la envidie por ello, sanamente por supuesto, pero todo resultó ser una mentira. El muy asqueroso se había apostado con sus colegas del trabajo que se tiraría a la gorda de la bibliotecaria en menos de un mes, y casi lo consiguió, se arrepintió en el último momento, cuando ya Esme estaba completamente desnuda, tumbada en la cama y con él entre sus piernas. El hijo de la gran puta comenzó a reírse mientras recorría con la mirada los grandes pechos de Esme, su torso y después la entrepierna de ambos, mientras frotaba su flácido pene contra el sexo de su amiga.
—¡Es imposible empalmarme con este cuerpo, ni siquiera sé si podría metértela con tanta carne sobresaliendo por todos lados!—
“¡¿Cómo pudo el muy cabrón decirle eso a su amiga?! ¿Cuánto de cruel tiene que ser una persona para burlarse así de una mujer tan buena y noble como es Esme?! La respuesta a esa pregunta tiene que ser, mucho”.
Esme le contó que sintió como si le hubieran tirado un cubo de agua fría al escucharlo, se quedó paralizada en la cama sin ser capaz de reaccionar, mirandolo con los ojos como plato, sin creer aún lo que estaba escuchando. Él era el hombre más maravilloso de todos ellos, era su primer amor, le resultaba imposible de creer que el que estaba de pie delante suya, siendo tan cruel fuera el mismo hombre.
—No pienso seguir con esto— se retiró y levantó, mirando a Esme con burla. De sus pantalones, tirado en el suelo donde se los había quitado momentos antes, sacó su móvil y fotografió a Esme, que seguía paralizada y desnuda en la cama. Fue en ese momento que por fin su amiga le contó que reaccionó y protestó entre indignada, confusa y dolida, a la toma de la fotografía de su cuerpo desnudo.
—Tranquila amor, tan solo es para tener una prueba de que te he follado.—
“¡En ese momento si hubiera sido Esme me habría levantado, arrancado el móvil de sus asquerosas manos y se lo hubiera estrellado en su cabeza!”
Pero Esme tan solo lloró al escucharlo, y lo vio vestirse y marcharse de su casa con actitud chulesca, sin tan siquiera haberle gritado su furia, ni una sola vez. Lo único aceptado que hizo esa noche fue ir a su casa y contarle lo que le había sucedido.
Al día siguiente lo denunciaron por la toma de la fotografía sin consentimiento y posible difusión entre sus amigos, pero el abogado de Esme no logró obtener pruebas de que la foto se hubiera difundido por Internet y la ley no podía ejecutarse sin ellas, incluso el muy canalla borró la foto de su móvil antes de que la policía se lo revisara, pero para cuando eso sucedió ya se había cansado de enseñar a sus colegas la foto desnuda de Esme.
Su amiga, humillada y avergonzada, había tenido que dejar de desayunar en la cafetería cerca de su trabajo, lugar donde también desayunaba su ex y colegas del trabajo y el sitio dónde lo había conocido, debido a las continuas burlas de ellos hacia su cuerpo, dejándole bastante claro que todos habían visto su foto desnuda.
De repente, gordos goterones comenzaron a caer sobre la luna del coche, sacando a Olivia de sus pensamientos.
–Pararemos en el próximo pueblo y compraremos ocho chubasqueros baratos en alguna tienda de los chinos, al menos algo de lluvia nos quitará si nos llueve esta noche —anunció Esme presionando la palanca del parabrisas para que se movieran y limpiaran las gotas de lluvia del cristal delantero.
CAPÍTULO II
Veinte días antes, Planeta Lobo.
Por última vez, Nirud volvió la cabeza y levantó su mano en señal de despedida hacia su enferma madre. No sabía si la fortuna le concedería la gracia de verla en el futuro una vez más, pero dudaba de ello. Su madre era una Lomu pequeña y morena, de constitución débil y enfermiza desde su nacimiento, estado que empeoró aún más después de parir a su único hijo. El Cuman de su Clan le había asegurado a su padre ese día, después de tener a una sana y fuerte cría, que si su compañera volvía a quedarse embarazada, está no podría sobrevivir a un segundo parto. Desde ese día, su padre, un Lobre de pelos caoba, alto y bastante fuerte, se había cuidado mucho de volver a dejar a su compañera embarazada. Todos en el Clan n***o sabían lo mucho que su líder amaba a su pareja y que jamás la pondría en peligro, ni siquiera por tener a una nueva cría. Desgraciadamente, su padre había muerto cazando hacía ya un año, tiempo de luto que se le concedía a una Lomu al perder a su compañero, ahora por ley del Clan n***o, se había vuelto a casar con otro Lobre, un macho joven y vigoroso, hijo del nuevo líder del Clan. Por desgracia, este joven no amaba a su madre y una advertencia echa por el anterior y difunto Cuman hace veintiocho años no iba a privarle de buscar su ansiada cría con una Lomu que había demostrado ser fértil y capaz de parir crías sanas y fuertes.
Nirud había intentado razonar con él y hacerle ver que su madre ya no era la joven Lomu de once años que lo parió, ahora tenía treinta y nueve, mala salud y estaba físicamente muy débil, no sobreviviría al parto si lograba quedarse en cinta. Nada de lo que le dijo lo hizo cambiar de parecer, este le aseguró que él la cuidaría amorosamente durante los seis largos meses del embarazo sin permitirle moverse apenas del lecho de ambos, para que nada pudiera perjudicarla.
—Yo cuidaré de ella igual que nuestro antiguo líder, si pensara que corre peligro con un nuevo parto, jamás la dejaría preñada, nunca pondría conscientemente la vida de una Lomu en peligro, sabes que el Clan n***o condena con la muerte al que lo haga. Para tu tranquilidad te diré que el Cuman también piensa como yo después de haber visto a mi compañera, por lo que puedes estar tranquilo.— Terminó de comunicarle el joven compañero de su madre. A Nirud no le extrañaba que el nuevo Cuman y amigo íntimo del joven compañero de su madre, estuviera a favor del nuevo embarazo, ambos jóvenes se habían criado juntos, eran los últimos miembros nacidos vivos del Clan n***o desde hacía veinte años.
Al intentar señalar al joven ese hecho, su madre había intervenido y se había puesto a favor de su nuevo compañero, dejándole claro con su actitud, que obedecería a su pareja como una buena compañera, aún sabiendo que podría morir a causa de ello. No le quedó más remedio que desistir de su petición y dejar tranquila a la pareja con las decisiones que habían tomado.
“Tan solo puedo desearte que si vuelves a quedar embarazada, tanto padre, como el antiguo Cuman y yo, estemos equivocados y sea tu joven compañero quién lleve la razón. Adiós madre, siempre estarás en mis pensamientos. ”
Con esas palabras dichas en el interior de su cabeza, Nirud dio la orden de marchar a los siete Lobres que habían decidido marcharse con él para formar su propio Clan en otras tierras.
CAPÍTULO III
CLUB DE LAS LOBAS
—Seguro que se han entretenido en la tienda de los chinos mirando las cosas —se quejó Irene al grupo.
Mar miró con una sonrisa pícara a Irene creyendo saber lo que de verdad molestaba a su amiga. Todas sabían que Irene era una compradora empedernida de las tiendas de chinos o moras, siempre que entraba en una, que podía ser a diario, salía con algún objeto, que después regalaba o pasaba a formar parte de su colección de objetos que acababan en un cajón olvidado o rincón de la casa de adorno.
—Podían haberte avisado y te hubieras parado con ellas también en el pueblo.— Le señaló Mar.
—¡Claro, a mi también me hubiera gustado comprar algunas cosas que me harán falta estos días!— Mar sonrió ampliamente cuando sus sospechas se confirmaron.
Carolina miró a ambas sonriendo ante la familiaridad que le resultaba ese escena. Esas dos siempre estaban igual, una quejándose por casi todo y la otra tomándole el pelo siempre que podía.
—¡Chicas, ¿a qué no sabéis que me ha pasado?! ¡ Por Dios que vergüenza he pasado!—
Carolina miró en dirección de donde venía la voz y vio acercarse al grupo a su amiga Dana, que quince minutos antes se habia ido en busca de un cuarto baño para hacer pis.
—¡Me he metido sin querer en el vestuario de los trabajadores del parque y había tres hombres cambiándose de ropa! —soltó al detenerse delante del grupo, con los ojos brillante de alegría y los mofletes colorados, señal de que no hacía mucho que acababa de sufrir una emoción intensa.
Carolina no pudo contenerse y soltó una carcajada al saber que su amiga no estaba para nada avergonzada, más bien parecía excitada por lo que acababa de ver en el vestuario de los operarios.
Lis miró con el ceño fruncido a Carolina por reírse de Dana. Todas sabían que la pobre tenía una pésima orientación y por culpa de ello solía meterse en muchos problemas. También se había dado cuenta que esta vez su falta de orientación la estaba disfrutando, pero solo de pensar que podía haberse visto en otro tipo de situación más desagradable, le quitaba la gracia a la situación que acababa de vivir.
—¡Vamos Lis, no me mires así, se ve perfectamente que Dana está muy feliz con lo que le ha ocurrido! —se defendió con risa Carolina.
—No es para reírse, podía haberse buscado un problema con ello. ¿Y si esos hombres la hubieran insultado o dicho cosas soeces? —la regañó.
—Gracias a Dios eso no ha pasado ¿verdad Dana?— Intervino Paloma mediando entre las dos amigas.
Dana se apresuró a contestar al ver que su pequeña aventura había puesto a dos de sus amigas en desacuerdo.
—¡No, que va, si a los pobres no le han dado tiempo ni de abrir las bocas! Solo entré por equivocación pensando que era el cuarto baño de mujeres y los vi allí en medio, en calzoncillos, poniéndose los pantalones. Dije que lo sentía y salí súper ligera de allí.—
—¡Entonces es peor de lo que pensaba, seguramente cuando se vistan te buscarán enfadados!— Soltó Lis llevándose una mano al pecho con susto y mirando alterada en dirección por donde había aparecido Dana.
Por inercia, el resto de las mujeres miraron en la misma dirección.
Lis observó atentamente el lugar con temor, en su mente la imagen de varios hombres vestidos con uniformes azules de trabajo, saldrían en cualquier momento de entre las cabañas del parque en dirección a ellas, tendrían aspecto de estar bastante enfadados. Su corazón comenzó a latir muy deprisa por el miedo.
Dana observó con curiosidad la misma dirección por la que había venido y que ahora miraban todas. En su mente apareció la imagen del joven trabajador que había pillado subiéndose los pantalones de trabajo y que había sido el primero en verla. Lo que más había llamado su atención de él había sido su cara, era un muchacho de unos veinte años bastante guapo, de pelo castaño y piel morena, lo segundo había sido su torso bien marcado, aunque para su gusto demasiado delgado, le gustaban más anchos y fuertes, lo tercero su entrepierna, marcada por unos boxes azules. Por lo que pudo observa, tamaño normalito. No es que ella tuviera mucha experiencia con los tamaños de la entrepierna de los hombres, pero si no la había sorprendido al verla ni para bien ni para mal, es que debía de ser normalita, según su opinión.
El ruido de un coche acercándose hizo que automáticamente las seis mujeres miraran hacia la izquierda, por donde efectivamente se acercaba uno, precisamente el de Esme.
—¡Por fin, ya es la hora! —exclamó Irene feliz de ver el coche.
Aunque el resto de amigas no habló, todas pensaron lo mismo y suspiraron de alivio. Con Esme y Olivia ya allí, cualquier cosa que surgiera sería resuelta sin problemas por ellas. Sin haber un acuerdo verbal, todas en su interior respetaban a Esme como la líder del grupo y a Olivia como su segunda. Ambas eran las fundadoras del CLUB DE LAS LOBAS, y a la vez se podía decir que también las salvadoras de todas ellas. El Club les había dado amistad, comprensión, algo por lo que ilusionarse cada mes cuando se reunían. Les permitía hablar de los Hombres lobos, pasión que todas compartían y fantasear con ser cada una de ella una heroína, a pesar de no cumplir con los estándar de belleza de las mujeres protagonista de los libros que leían. En definitiva, el Club le había dado color a la triste vida que habían llevado cada una de ellas antes de que Esme le propusiera unirse a su grupo de mujeres rellenitas y amantes de los hombres lobos.
CAPÍTULO IV
Presente, Planeta Lobo.
Nirud contempló el magnífico bosque que se extendía delante de él. Los árboles del alcornoque y roble parecían ser los que más abundaban por esa zona. En un claro, a su derecha, tres ciervos pasaban tranquilamente cerca de un río que parecía cruzar el bosque diagonalmente. El canto de muchísimos pájaros llenaba el aire y el olor que desprendía el bosque era el aroma de muchas vidas que vivían en él.
Algo moviéndose en el cielo llamó su atención. Una gran ave de presa caía en picado hacia la tierra, justo en cima de una cabra montesa que pasta tranquilamente en la ladera de la montaña más cercana a ellos.
—Esto es magnífico, está lleno de caza —murmuró Han contemplando el bosque junto a él.
Nirud asintió sin decir palabra, con el cuerpo en tensión, sin apartar su mirada de la lucha a vida o muerte entre el cazador y su presa que se estaba llevando a cabo delante de ellos en la otra montaña. El ave estaba intentando remontar el vuelo con las garras bien clavadas sobre el lomo de la cabra, mientras esta se retorcía de dolor e intentaba escapar. A pocos metros de ellos, la tierra se acababa abruptamente y comenzaba el precipicio. La gran distancia que había hasta el suelo era tan grande que si ambos combatientes caían por él, ninguno sobreviviría. Apretó inconscientemente la mandíbula.
Poco a poco, escuchó que el resto de sus lobres alcanzaban la cima. No le hizo falta mirarlos para saber que la belleza y abundancia de comida del lugar los había impresionado como a él.
La cabra se resistía al ave con todas sus fuerzas y la lucha de ambos los estaba acercando cada vez más al precipicio. En uno de esos intentos por librarse de las garras del ave, Nirud vio como la cabra tropezaba y caía sobre el cuerpo de su captor. Ambos rodaron ladera abajo sin control y Nirud observó que el ave seguía sin soltar a su presa. Estaba segada por el instinto de la caza y no se daba cuenta que su vida estaba en peligro si no soltaba a la cabra. Desgraciadamente, ninguno pudo detenerse y ambos cayeron al vacío. En ningún momento de la caída el ave aflojó sus garras.
Hasta sus oídos llegó el ruido del impacto que hicieron los dos cuerpos al estrellarse contra el suelo, los árboles le impidieron ver el final de la caída.
“Estúpida ave” pensó Nirud relajándose al fin. Como depredador no podía evitar sentir afinidad con el resto de cazadores aunque fueran de otra especie y excitarse ante la visión de una cacería, pero no sentía ninguna pena por la muerte de un rival en la caza. Aquel bosque en ese mismo instante se había convertido en el territorio de caza de su nuevo Clan, la muerte de esa ave rival tan solo era otro motivo de felicidad para ellos y de que la suerte les sonreía.
—¿Hacia dónde tenemos que ir ahora? —le preguntó Han, sacándolo de sus pensamientos.
La mirada de Nirud se fijó a lo lejos, donde las copas de los árboles se unían a la del cielo azul.
—Debemos cruzar el bosque, según mi padre, el castillo de nuestros antepasados está a corta distancia de la linde de este, —le contestó —pero antes debemos detenernos aquí esta noche, tenemos que celebrar la fiesta lunar.
Los sietes lobres lo miraron como si se hubiera vuelto loco de repente.
—¿Cómo vamos a celebrarla si no tenemos ninguna lomu en nuestro Clan, Nirud? —le preguntó Dulfo confuso.
—Porque no vamos a celebrar un rito de emparejamiento —les explicó Nirud recorriendo con su mirada al pequeño grupo, que ahora lo miraban confundido sin saber que se proponía hacer su Alfa.—Está noche, quiero que nuestros aullidos sean para la primera Lomu.—
—¡Pero eso va contra la ley Nirud, no podemos hacer ese ritual, somos lobres! ¿Y si la primera se enfada y nos castiga?— Protestó Gonsal, único hijo del difunto Cuman del Clan n***o y el nuevo Cuman de ese Clan.
—Precisamente por eso lo haremos —explicó con calma Nirud al resto de Lobres. —No tenemos ninguna Lomu en nuestro Clan para que realice el ritual por nosotros y es casi imposible que se nos una alguna. Las pocas que hay las tienen cada Clan bien protegidas y emparejadas desde antes de su nacimiento. Por otro lado somos un Clan nuevo, nuestro estatus es el último de los tres clanes que ya hay y no tenemos ninguna estabilidad por ahora, ¿qué lomu arriesgaría su segura vida para venirse a nuestro Clan, sin no tenemos ni siquiera un techo aún donde protegernos del frío o calor?— les preguntó Nirud a sus lobres, que lo miraban ahora con abatimiento al saber que eran ciertas las palabras de su líder. —Ninguna, eso lo sabemos todos. Son criaturas débiles y enfermiza que necesitan muchos cuidados para que no se enfermen y mueran, ninguna de ellas arriesgaría su vida por nosotros —sentenció Nirud. —Lo único que podemos hacer es llamar a la primera lomu con nuestro canto esta noche. Tenemos que hacerle saber nuestra situación y lo desesperado que estamos por encontrar una pareja, tanto como para vernos obligados a realizar el ritual contradiciendo la ley. También debemos transmitirle con cada uno de nuestros aullidos, que somos dignos de tenerlas y que si nos las conceden, la protegeremos con nuestras vidas si hiciera falta.
—¿Crees que nos escuchará?— preguntó esperanzado Gudo, el m*****o más joven del pequeño grupo.
Nirud fue a contestarle afirmativamente, pero se contuvo antes de hacerlo. Palabras de su padre dichas hace muchos tiempo regresaron a su mente en ese momento.
“Nunca mientas a aquellos que creen en ti, si te descubren aunque sea solo una vez, perderás para siempre su confianza.”
Nirud miró al grupo para evaluar sus caras y lo que observó en sus expresiones era lo que él había querido ver al terminar su charla anterior, esperanza, pero ahora se temía que esa emoción iba a terminar demasiado pronto.
—La verdad es que no lo sé si nos escuchará la primera lomu —nada más decir eso, la esperanza desapareció de la cara de sus lobres, por lo que se apresuró a continuar, —pero lo que si os puedo asegurar es que esta noche aullaremos tan fuerte, que le será muy difícil no oírnos desde allá arriba —dijo señalando el cielo azul lleno de nubes blancas. —Si hace falta, lo haremos toda la noche hasta quedarnos roncos, de esa manera no habrá forma de que no nos escuche.—
Nada, sus últimas palabras no habían conseguido devolver al grupo la esperanza que les había visto en sus rostros tan solo unos minutos antes. Gudo y Tares habían apartado su mirada de él y contemplaban el bosque pensativos, Aslan, el m*****o más temperamental del grupo, miraba al cielo con el ceño fruncido, enfadado de antemano por un posible rechazo, Kai, el lobre más alto de todo el Clan n***o, miraba al suelo para evitar mirar a los ojos a su Alfa y que este pudiera leer en ellos sus dudas. Dulfo y Gonsal, los gemelos, se cruzaban las miradas con disimulo, señal de que entre ellos se estaba llevando una muda conversación tan solo entendible por ellos. Por último y buscando su apoyo, Nirud miró a Han, su amigo y más leal compañero de infancia, este lo miraba con confianza y e indudable lealtad.
—Pienso aullar tan fuerte que la primera le será difícil dormirse sin escucharnos y ya sabéis lo mal que lo hago —soltó Han al grupo con algo de humor. Los rostros se volvieron para mirarlo entre sorprendidos y alegres. Han jamás había bromeado con respecto a su aullido, era un tabú hablar sobre eso delante de él, por lo que todo el Clan evitaba mencionar su falta de cualidad en ello, que él mismo hiciera una broma sobre su aullido, demostraba cuánto quería animar al grupo y a su Alfa, por lo que todos le agradecieron su gesto animándose.
—¡Si Han aulla estoy seguro que la primera nos concederá a nuestras parejas esta noche, aunque sea solo para que él se calle! —exclamó Dulfo riendo, uniéndose a la causa para levantar el ánimo.
—¡Si él canta, hasta yo sería capaz de buscar por todo el planeta a una lomu para él!— soltó con una carcajada Gudo el joven.
Todos rieron estando de acuerdos con las palabras que se habían dicho, el ánimo del grupo se levantó de nuevo.
—Muy bien lobres, bajemos de esta montaña y busquemos el lugar para la celebración de esta noche.— Ordenó Nirud, sintiéndose con gratitud hacia Han por apoyarlo y subir el ánimo al grupo, incluso utilizándose el mismo para ese fin. Sabía lo difícil que había sido para él crecer sin un hermoso aullido y la de humillaciones que había recibido por parte de su padre por ello. Que hubiera utilizado su carencia en beneficio de él, le demostraba cuánto lo quería y confiaba en sus decisiones.
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