ESTEFANÍA Eran las diez de la noche cuando Misael tocó a mi puerta junto con Josué. Les abría la puerta y mi amigo entró despavorido en mi habitación. — ¿Qué pasa? —le pregunté a Josué confundida. — Pasa que nos tenemos que ir de inmediato de aquí. Ponte unos zapatos cómodos —. Josué entró a para tomar una bolsa y echar dentro lo primero que vio mío a su paso. Misael traía el altavoz de su teléfono, y pude escuchar una conversación. Mientras buscaba mis zapatos deportivos, pude distinguir la voz de Joshua. Al principio me sentí tranquila de que se trataba de él y que tal vez él nos estaba pidiendo salir de ahí, pero una vez que escuché la otra voz masculina, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al saber que se trataba de Abadón. Los vi con cierto terror. Terminé de ponerme los zapat

