ESTEFANÍA Le tenía que hablar a mi papá. No me quedaba más alternativa y era algo que yo consideraba arriesgado. Las manos me sudaban mientras sostenía el teléfono de Misael en mis manos al saber que en los próximos minutos estaría hablando con una de las personas de las cuales había huido hace años atrás. En el fondo no quería hacerlo, pero quería que todo terminara para poder vivir esa vida con la que siempre había soñado. Joshua había enviado una imagen con la tarjeta personal de mi papá. Con los dedos temblorosos marqué el número. Josué y su prometido estaban ahí conmigo, encerrados en la habitación que nos habían prestado para poder estar unos días ahí, ocultos, en lo que todo pasara. Los dos estaban frente a mí dándome ánimos, mientras esperaba que la llamada en altavoz fuer

