JOSHUA Nunca en mi vida me habían puesto las doctoras, pero si se trataba de Estefanía sí que me ponía bastante. Dicen que al mal tiempo buena cara, y lo cierto era que en ese momento necesitaba de ella. Necesitaba su calor, sus abrazos, sus caricias. Estar dentro de ella y hacerla mía. — ¿Te ponen las doctoras? —Me preguntó con esa voz traviesa que tanto había amado desde el momento en que la hice mía por primera vez. — No tienes idea de cuánto. Sobre todo sí se llaman Estefanía —. Me habló con la voz ronca. Mi mujer se retorció en mis brazos a medida que mi boca estaba en la tarea de conquistar su cuello. — Josh. . . De verdad. . . Dios. . . Necesitas puntos —Me volvió a repetir echando la cabeza hacia atrás para que tuviera mejor acceso. Dejó escapar un sensual gruñido al mismo ti

