Capítulo 2: La Oscuridad Interior

388 Palabras
Elena se movía con cuidado en la cocina, tratando de aprovechar al máximo los pocos ingredientes que quedaban en la despensa. El pan duro y un poco de mantequilla serían suficientes para engañar el hambre de Andrés por un tiempo, pero ella sabía que la comida escaseaba y que la situación era cada vez más desesperada. Sin embargo, no se atrevía a mencionarle a su esposo la preocupante situación, sabiendo que solo provocaría su ira. Cuando Andrés finalmente se levantó, su mal humor era palpable en el aire. Elena trató de mantenerse tranquila mientras preparaba el desayuno, pero las palabras hirientes de su esposo cortaron a través de su fachada de calma. "¿Es esto todo lo que puedes hacer?", preguntó con desprecio. "Ni siquiera puedes preparar una simple comida correctamente. ¿Para qué sirves, Elena? ¡Eres una inútil!" Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Elena mientras su esposo continuaba con su diatriba cruel. Antes de que pudiera decir una palabra en su defensa, Andrés la agarró del cabello con b********d, tirando de ella hacia él. "Solo sirves para abrir las piernas como una puta", gritó en su rostro, antes de golpearla con fuerza en la mejilla. Elena se tambaleó, aturdida por el dolor y la humillación. Trató de retroceder, pero su esposo la empujó hacia la habitación con violencia. "¡Quítate la ropa!", ordenó, su voz Ilena de furia y control. Aterrorizada, Elena balbuceó una súplica, rogándole que se detuviera, pero sus palabras cayeron en oídos sordos. Con manos temblorosas, Elena se despojó de su ropa, sintiendo la vergüenza y el miedo arraigarse en lo más profundo de su ser. Su esposo la miraba con desprecio mientras se quitaba el cinturón, y el sonido de la hebilla resonó en la habitación como un trueno. Los golpes del cinturón llovieron sobre el cuerpo indefenso de Elena, cada uno dejando marcas físicas y emocionales que perdurarían mucho después de que el dolor físico hubiera desaparecido. Lloró en silencio, con la esperanza de que pronto terminara su tortura. Cuando Andrés finalmente se detuvo, dejando a Elena temblando y sollozando en la cama, la oscuridad de su situación pareció envolverla por completo. En el silencio de la habitación, solo quedaba el eco de su dolor y el miedo persistente que amenazaba con consumirla por completo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR