—Su identificación por favor — pide el policía a través de la pequeña ventana que los separaba a el de los policías metidos en su oficina aceptándole el documento de identidad donde se observa claramente el nombre y el apellido de la persona, fecha de nacimiento, edad y número de registro civil que comienza a ser registrado a la corta edad de los nueve años —José Fernando Castillo santana. ¿Tiene con usted su licencia de conducir? —
—Si — dijo simple sacando de su cartera lo solicitado —necesita algo mas—
—Solo nos hace falta preguntarle si quiere que alguien venga por acá. Un abogado o familiar de confianza—
—Sí, tengo una persona— anoto en su libreta el nombre de su guardaespaldas junto a su número telefónico y descripción de su apariencia para que pueda ser recibido en la entrada y lo dejen entrar.
El hombre que lo atiende en la ventanilla recibe el papel que arranco el hombre de su libreta —para terminar; se necesita que usted me diga la relación que tiene con la señorita Laura carolina Ferrer —
—Es compañera de trabajo— dijo con tranquilidad — trabajo con ella desde hace años y tuvimos una cita ayer—
—Está bien— escribe el hombre en su computadora —Ahora necesito que me diga la relación que tiene con el señor Gustavo Rodríguez—
—Nada en especial — respondió sin interés.
El hombre detrás de la ventanilla sonríe un poco sarcástico —¿nada especial? Señor castillo. Deben conocerse por que según los datos dados por el oficial Ezequiel. Ustedes estaban golpeándose hasta el límite que el oficial dio la orden de separarlos. Sea más Serio en esto por favor—
El hombre de ojos grises resoplo un poco volteando lo ojos fastidiado por la situación —realmente no es nada. Es un conocido. Estudie con él hace años —
—¿En que estudiaban? —
—Nuestros padres pertenecen al mismo club. Es un club privado en los que hay muchas actividades y hacían varios cursos personalizados— explico breve —así que siempre concordamos y nos volvimos amigos, pero luego nos distanciamos. De hecho, hoy es que lo veo luego de tres años —
—Entiendo. Siéntese en la sala hasta que su familiar venga. Espere mientras en la sala de espera—
Coloco una mano en su bolsillo de su pantalón caminando perezosamente a la sala de espera en donde había varias personas con distintos motivos por lo cual estar allí. Lo primero que hizo el hombre fue visualizar toda la sala buscando a la chica de pelo marrón rojizo por toda esta. Estaba a punto de preguntar en recepción, pero sus ojos la ven en una esquina apartada de todos los demás asientos recostada de la pared mirando al suelo como si fuera lo más interesante del mundo. Sin mucha prisa se acercó a ella tomando asiento a su lado. Esta vez consciente del silencio incomodo que hay en el lugar y sobre todo entre ellos —Laura — la llamo con voz imperceptible.
—¿Qué quieres Fernando? No tengo muchos ánimos de hablar —
El suspiro un poco culpable del estado de voz de desánimo de ella —solo quiero saber cómo estas. En cuanto te fuiste corriendo te fue a buscar con el carro, pero no te encontré por ninguna parte—
— Lo sé. Te vi pasar con el carro—
—Si me viste — arrugo un poco el ceño fastidiado —¿Por qué Laura? No entiendo. A mí no se me costaba nada llevarte al centro e incluso a tu casa. ¡Por qué tienes que ser tan testaruda y orgullosa! —
La chica apretó su brazo un poco fuerte fastidiada por la actitud regaño de Fernando. No estaba de humor para sopórtalo ahora—vete Fernando. No te quiero cerca —
—No Laura. Dime porque no querías que te llevara hasta el centro— insiste en que le conteste con un tono de irritabilidad presente —Eres tan inocente Laura. ¡Preferiste irte con un completo desconocido que tragarte tu orgullo! —
La chica suspiro fuertemente —es tan difícil entender que no quería estar con la persona que me chantajeo y propuso ser su amante—
—Vamos Laura. Me creíste. No fue enserio—
— ¿No fue enserio? — pregunto incrédula y reseca. En ese momento la chica volteo a darle una mirada gélida que lo paralizo en el acto — ¿esa es tu excusa? ¡Que fue una broma! todo es culpa tuya Fernando. ¡Si no fuera sido por ti yo no estuviera aquí y tampoco me fuera pasado esto! —
—Laura, mi intención nunca fue que…—
— ¡Déjame tranquila! —se acurruco más en su asiento dándole la espalda por completo volviendo a recostarse en la pared.
El hombre se cruzó de brazos agarrándose el puente de la nariz. Se le olvido el pequeño detalle de la propuesta y el chantaje que le hizo. Intento verle el rostro, pero se le hacía difícil por la posición en la que ella se encontraba sentada. Se giró un poco para verla, pero ella ocultaba su rostro de él. Solo es capaz de verla del tronco de su cuerpo para abajo. Fue allí en donde se fijó en sus piernas justamente un poco debajo de su falda en donde ve con claridad un moretón rojo dando a un tono morado y otro parecido en su muñeca. En ese instante él se sintió la persona más culpable y más mala del mundo. Ella tiene razón. Lo que estuvo a punto de pasarle fue por culpa suya. Si no le fuera echo esa propuesta… si no la hubiera dejado sola ese imbécil no le hubiera pasado por la cabeza usarla como cebo para su venganza personal contra él. Y todo por su egoísmo. Las ganas y la curiosidad enfermiza que siente en demostrar lo fácil que puede ser una mujer y la poca fidelidad que pueden demostrar.
Se siente más confundido. Es una mezcla entre rabia, curiosidad y pocas expectativas. — ¿Qué me estás haciendo Laura? ¿Eres una mujer… rara? ¿Por qué no eres como las demás? —
Sintió como ella tembló de frío acurrucándose más en su lugar. Sin pensarlo mucho se levantó quitándose el saco colocándoselo en sus hombros. De inmediato ella lo se quitó de los hombros —póntelo Laura—
—No tengo frío —tembló una vez más delatándola.
— ¿Por qué tienes que ser siempre tan terca? —
La chica le sorprendió el tono de voz de él. Pero eso no es suficiente para deshacer el tenso nudo que siente en su estómago. Aún está molesta con él y tardara mucho en no estarlo — que puedo hacer. Siempre he sido así. Cualquiera diría que me conoce desde hace mucho— resoplo con un sarcasmo seco.
—El poco tiempo que he estado contigo me lo dice. Supongo que también te lo ha dicho Manuel —el ve como ella niega con la cabeza cualquier palabra que diga ignorándolo olímpicamente. Una vez más agarra su saco que yace sobre sus piernas y se lo coloca en los hombros —por favor, abrígate. Deja el orgullo. Hazlo por ti. Debes tener mucho frio —el la observa deslizar su brazo hacia el saco y contrario a lo que piensa lo desliza hacia arriba despegándose un poco de la pared para colocar sus brazos por dentro del saco abrazándose a la prenda sintiendo algo de calor y un poco de tranquilidad. el hombre de ojos grises sintió algo de alivio de que lo haya aceptado y retomo su posición sentándose al lado de ella, aunque esta le diera la espalda —Laura. Perdóname— dijo breve pero claro para que ella lo escuchara.
—¿Perdón? Perdón porque Fernando —
—Por todo lo que te paso el día de hoy; por lo que te dije en la cafetería y sobre todo… por no haber llegado mucho antes, mucho antes de que ese imbécil se ofreciera a llevarte —prenso el puño recordando al imbécil de Gustavo que ahora está en una celda no muy lejos de ellos en donde los policías esperan a que se le pase los efectos del alcohol para poder llevar acabo la denuncia —me siento culpable y peor me siento cuando pienso en lo que pudo haber pasado por culpa mía— hablo sin detenerse a pensar en la profundidad de sus palabras apoyando la mano en su rodillas mirando al suelo apenado.
La chica de pelo marrón rojizo se acomoda un poco los lentes mirando por el rabillo del ojo a su jefe. Se ve culpable y… arrepentido. Su corazón se aceleró haciéndola suspirar sorprendiéndola. Era como... como si el antiguo Fernando estuviera con ella. Como si fuera el mismo de antes… —tienes razón Fernando. Es culpa tuya todo lo que me ha pasado el día de hoy. Pero… agradezco que no haya pasado a peores — en cuanto dijo eso el levanto la cabeza mirándola con algo de tristeza en sus ojos lo que hizo que prensara un puño sobre su corazón tratando de calmar sus acelerados latidos — Tú me salvaste. Llegaste justo a tiempo y cuando más lo necesitaba y por eso voy estar agradecida contigo— se volteo de frente a él acariciando un poco su cabellera negra sonriéndole con alegría junto al alivio de que no haya pasado nada —no hay nada que disculpar. Olvidare todo lo de este día. Licenciado Fernando —dijo apropósito quitando un poco el aire sentimental del momento.
Le sonrió cálidamente. Agarro la mano que esta sobre su pelo manteniéndola sujetada entre su mano —señorita Laura. Sabe de sobra que no me gusta que me diga así —bromeo amigable dándole continuas caricias a la mano de Laura haciendo que ella se sintiera un poco nerviosa cosa que el no noto ya que lo hacía inconscientemente —entonces Laura… ¿comenzamos de nuevo? Esta vez quiero ser diferente contigo—
—Eso espero. No sé qué es lo que quiere demostrar o saber —mantiene el contacto visual con él con la mano sujeta por el pero ya sin ningún movimiento sobre la suya —pero no quiero ser su experimento. Que dice…— quita su mano que él tiene entre la suya ofreciéndosela como si fueran a saludarse dando a entender un nuevo inicio entre ellos — ¿amigos? —
—Claro que si — agarra su mano estrechándola delicadamente y con algo de cariño —amigos—
Antes de poder apretar su mano dando por cerrado el trato ve como él se agacha quedando casi a su altura y la abraza levemente acariciando su cabeza.
No sabe qué razón lo impulso hacer eso. Pero por alguna razón se sintió cómodo y esa sensación se incrementó al oler el olor de su cabello. Un olor frutal y extrañamente conocido —Laura… ¿siempre has usado este champú? —
—Si ¿Por qué? —
— Nada. Me gustan los olores frutales. Me gusta tu champú —dice acariciando su cabeza oliendo su cabello. Ese olor... le es muy conocido y no sabe por qué.