Giro la llave de su carro para apagar el motor. Apenas se vio fuera del auto giro su muñeca para confirmar la hora. ¡Iban a ser Casi las cuatro de la mañana! Ok. No le pregunto nada a Laura respecto a la hora en la que por fin respondía sus mensajes, pero... es muy diferente el que no le haya podido explicar acerca del lugar que le dijo que la tendría que ir a buscar.
¿Una estación de policía? ¿Para qué? Se pregunta extrañado a la vez que giraba sobre su dedo índice la llave de su vehículo hasta que ve pasar un carro que según ve piensa estacionarse. Afino el oído escuchando el motor de otro carro cerca del suyo y que de este se baja un hombre moreno de buena estatura que le paso por al lado y le saludo con asentimiento de cabeza antes de entrar. Ese era el guardaespaldas de Fernando. ¿Qué estará buscando aquí, y a esta hora de la mañana? —Que habrá pasado— murmura dirigiéndose a la puerta de la estación y que estas se abrieran automáticamente dándole el acceso directo a la gaceta de información en donde le preguntaron quién era y de parte de quien viene. Ah, no sin antes pedirle su identificación personal. Agradeció en cuanto se la devolvieron después de una breve ojeada. —Gracias—
—No se preocupe— le dijo con buena actitud la mujer con el traje de policía a cargo del recibidor —puede esperar en la sala de espera—
—Está bien. Que pase buen día— se despidió.
—Igualmente. Buenos días ¿en qué le ayudo? —
—Vengo de parte de joven Gustavo rodríguez—
Apenas escucho ese nombre el castaño detuvo su andar ¿Gustavo? ¡Ahora en que problema se habrá metido Fernando, y en que ha metido el a Laura!
Ese hombre que conversa con la señorita dice que es el abogado Gustavo. Le da mala espina oír el nombre de ese tipo. Se puso en marcha otra vez en dirección a la sala de espera recorriendo con la mirada a todos los que allí se encontraban divisando entre un pasillo y el otro una cabellera conocida para él en unos asientos escondidos sentada de lado recostada en una pared con un saco de color n***o sobre los hombros. Tenía que ser ella —¡Laura! ¡Laura! —grito esperando que fuera quien piensa.
La mencionada Se dio la vuelta buscando con interés la voz que la llamaba hasta que dio con él castaño parado a una distancia considerable de ella. No pudo evitar Sonreír cuando cruzaron sus miradas —¡Manuel, amigo ven! —le indico enderezando en el asiento palmeando un puesto libre para que él se siente cosa que el hizo sin pensarlo mucho —lamento no haber contestado los mensajes. Se me olvido que dejé el teléfono en modo vibrador—
El castaño la ve desaprobatoriamente —Tienes esa mala costumbre. Nos vas a dar un buen susto un día de estos ¿en dónde estabas ayer? —
— ¿Te acuerdas que el viernes me tocaba hacer el informe? —
—Sí. Por supuesto. De hecho, me dijiste que habías adelantado parte del informe ¿Qué hay con eso? —
—Que Fernando se empeñó en llevarme a un lugar privado. Si te digo la verdad: realmente no sé en qué lugar estaba metida — le explica sincera de una buena vez viendo como el castaño la escuchaba atento a cualquier novedad —la cosa es que el me invito a comer algo con él porque me quería hacer una propuesta de negocios—
—¿Propuesta de negocios? Qué propuesta de negocios estás hablando Laura. ¡No entiendo que tiene que ver eso con que hayas amanecido aquí en la estación de policías! — le dijo arrugando el entrecejo y los brazos curioso intentando entender lo que le explicaba. Noto de inmediato el saco que tiene en sus hombros. Sin duda Fernando esta con ella —no será que te paso algo Laura… dime la verdad ¿Fernando te hizo algo? —
En ese momento la chica dudo en mencionar o no la propuesta que le hizo Fernando de ser su amante. Ella es consciente de que él es amigo de Manuel mucho antes que ella misma así que no quiere ser culpable de que allá una enemistad entre ellos. No tiene importancia mencionarle eso ahora que decidió olvidar este asunto y empezar de nuevo dejando atrás este mal episodio de su vida. —Fernando y yo tuvimos un desacuerdo — ella ve como el castaño gira los ojos cansado a lo que ella negó rápidamente con una buena sonrisa fingida —tranquilo. Terminamos en buenos términos. Él me dijo que lamenta mucho la manera en la que se expresó conmigo y me dijo que no volvería a pasar—
—¿Enserio? — pregunto no creyéndole. Hace unos días Fernando era un hombre desagradable para ella —entonces quiere decir que ya todo va a volver a ser como antes —exclamo con una sonrisa… sonrisa que se desvaneció al ver el rostro serio de Laura —¿por qué esa cara de seriedad? —
Laura no cambio su expresión de seriedad. Le da cosa con Manuel. Él no sabe que a lo ella se refiere es un malentendido del ahora. Eso no involucra lo que haya pasado en el pasado —escucha Manuel. Fernando y yo quedamos en intentar ser amigos. Estuve pensando y realmente el no merece que yo lo siga condenando por lo que quizás… él siempre fue—
—Pero Laura. Tu sabes que él no siempre fue así— le acaricio el cabello cariñosamente —tu y yo sabemos que él fue diferente—
—No Manuel. Si sé que fue diferente. Por un corto periodo, pero lo fue. Pero eso no viene al tema— le sujeto las manos con una sonrisa —tal y como tu dijiste. Hay que dejar el pasado en el pasado— explico a la vez que levantaba un dedo como un sabio recitando refrán popular —pasan cosas malas. No puedes poner el remedio. ¿Cierto? —
—Falso! —dijo Manuel siguiendo al pie de la letra la parte de la película del rey león a la que se refería Laura arruinando así el momento de reflexión por uno de carcajadas.
—¡Manuel! ¡no tenías que seguir con esa parte del guion— le pego en el hombro con falso enojo —echaste a perder el momento—
—Jajaja lo lamento Laura. Pero... no te miento al decirte que no estoy del todo contento. — realmente él se esperaba a que Fernando la reconociera o al menos que él le diera una disculpa por lo ocurrido en el pasado. Pero el patán de su amigo nada que reaccionaba.
Al menos era un progreso el hecho de que Laura ya quisiera intentar tratar mejor Fernando. Ahora: lo que a él lo tiene pensando es si Fernando realmente iba a darse por vencido respecto a poner a Laura en el mismo paquete que las mismas mujeres. Tiene que averiguar qué es lo que lo hizo cambiar de opinión tan rápidamente —bueno Laura… si al menos vas intentar tratar de olvidar el pasado deberías empezar por decirle que lo conoces—
— ¡Eso no Manuel! ¿Para qué decirle eso a él? ¿Para qué me tenga lastima? Deja eso así. Lo importante es que ya no me enfrascare en lo que fue y no es. Te dije que me concentrare en el presente— a pesar de que dijo eso. Laura siente que esas palabras le serían muy difícil de cumplir después del abrazo que le dio hace dos horas antes de quedarse dormida.
—Está bien Laura. No te presionare. ¿Dónde está Fernando? Pensé que estaría contigo, pero desde que estoy aquí sentado contigo no se ha hecho presente —pregunta encogiéndose un poco dentro de su saco intentando calentarse.
—El salió hace rato con un hombre moreno—
—sí. Acabo de ver a su guardaespaldas hace rato— se estiro un poco tapándose la boca por el bostezo que le surgió en el momento. Van a ser casi las seis de la mañana y ya empezaba a rugirle el estómago —ojalá que Fernando llegara con un buen desayuno Laura— fantaseo un poco recostándose en las piernas de Laura que lo ve con cara póker.
—Aquí estoy— se hizo presente en la conversación el hombre de ojos grisáceos acompañado de su guardaespaldas que cargaba varias bolsas transparentes que de lejos cualquiera puede ver que es comida.
— ¡Fernando! ¡Mi salvador! — Dijo el castaño con los ojos puestos en las bolsas que este cargaba —llevo rato que llegue. Fernando ¿crees que le puedas decir al señor castillo que me omita de ir a trabajar hoy? Estoy desvelado—
—Tranquilo Manuel. No hace falta que asistas hoy —se sentó al lado de Manuel haciéndole señas a su guardaespaldas que se acercara a ellos. le susurro algo en el oído y este se alejó de ellos por unos minutos para volver con una mesa pequeña en donde coloco el contenido de las bolsas.
—¡wooh! — exclamo el castaño levantándose del regazo de Laura enderezándose en el asiento viendo la comida que trajo el hombre de ojos grises. Había varias hamburguesas, un sprite de un litro, unos cuantos snacks dulces de varios tipos y formas —por donde debería de empezar—
—No tan rápido —lo detuvo antes de que Manuel se llevara una hamburguesa a la boca —Laura. ¿Vas a comer algo de aquí? Decide rápido antes de que este goloso escoja —
— ¡Oye! No soy goloso— se quejó refunfuñón, pero dejando la mesa libre para que Laura pueda escoger a gusto.
—Muchas gracias. Pero no se me antoja nada— rechazo amablemente.
— ¡Ya está dicho! Así que escogeré primero—
—Espérate Manuel —detuvo otra vez Fernando al castaño de estirar la mano a la mesa — ¿no te gusta nada de lo que traje? Puedo decirle a mi guardaespaldas que te compre algo si quieres—
—Tranquilo. No tengo hambre. Quizás más tarde—
Manuel se quedó observando las expresiones de Laura para después ver a Fernando un poco serio, pero con algo de preocupación en su rostro.
—Está bien. Cualquier cosa me dices —dijo dándole luz verde a Manuel para poder comer lo que él quiera de esa mesa.
El castaño aprovecho muy bien esa mesa que tiene a su disposición; Laura no tiene ganas de comer y en el caso de Fernando él tampoco había estirado la mano para comer algo tampoco. Esto esta raro. Termino de comerse la hamburguesa y se sirvió un poco de refresco en un vaso. Ve a Fernando un poco intranquilo moviendo el pie derecho repetidas veces mientras tecleaba algo en su teléfono con una mirada de frialdad ya acostumbrado a ver en él desde que empezó a hacerse cargo de la empresa —Fernando— dijo su nombre logrando que levantara la cabeza de su teléfono para verlo. Ya con su atención sobre si el castaño le hizo señas con la mano hacia uno asientos alejados para poder hablar con más tranquilidad.
El hombre de ojos grises giro su cabeza en dirección a Laura. Estaba dormida. Se levantó colocando las manos en ambos bolsillos con Manuel detrás de él que lo sigue a unos asientos algo alejados de la chica que duerme, supone que Manuel no quiere que la posible conversación la despierte. —dime Manuel ¿Qué me quieres preguntar? —
—Todo Fernando. Quiero que me digas todo —lo ve seriamente dejando el vaso ahora vacío de refresco a un lado — ¿Por qué Laura está aquí contigo? ¿Qué propuesta de trabajo le propusiste? Y sobre todo ¡qué demonios hace aquí un hombre, que según oí hace media hora dice que es el abogado de Gustavo Rodríguez! —remarco el nombre de ese hombre con algo rabia a la vez que cruzaba sobre su pecho ambos brazos esperando una respuesta coherente de parte de él. Laura pudo haberlo barajeado bien para que no pregunte. Pero él no es tan iluso ni tonto. Un pequeño “desacuerdo” jajaja eso no se lo cree nadie.