Capítulo 1
ES TRABAJO, SEÑORITA DUBOIS (1/2)
Mr. Meyer: Es una reunión importante, señorita Dubois, procure no utilizar esos harapos habituales.
Resople al ver el mensaje de mi jefe en la pantalla de mi teléfono.
Me vi al espejo contemplando lo que había elegido.
Lleva una camisa de seda blanca de mangas largas y perfectamente alisada, una convencional falda de tuvo negra con una longitud hasta mis rodillas, acompañe mi vestimenta con unos botines cerrados que cubrían hasta mis tobillos.
Acomode perfectamente mi largo cabello n***o, sujetando los pelos de enfrente detrás de mis orejas. Mi maquillaje era impecable.
Diría que era demasiado, pero esta reunión era importante, y el señor Meyer era mucho de mostrar apariencias, ser su secretaria era prácticamente ser una muñeca de exhibición.
Ya lista, tomé mis cosas y salí de mi departamento de "lujo" en Manhattan que podía permitirme gracias al grandioso sueldo que mi jefecito me otorgaba a cambio de exprimirme laboral y personalmente hasta que ya no quedaba nada de mí.
Hoy cumplía tres años desde que empecé a trabajar para M.D. Meyer, una empresa experta en gestiones de Marketing Digital, Diseños Gráficos, Etc. No era un trabajo difícil, eso debía de admitirlo, el complicado era mi jefe.
La empresa estaba ubicada exactamente en New York-Manhattan, mi departamento estaba a tan solo unos cinco minutos de distancia, lo que me permitía ir y venir caminando.
De camino, como de costumbre, hice una breve parada en Starbucks y compré dos cafés, uno para mí y otro para mi querido jefe, mientras, hacía todo lo posible por llegar impecable al trabajo.
Las puertas corredizas se abrieron dejándome entrar al interior del edificio de quince pisos.
Subí al ascensor y marqué el último piso, en cuanto el número quince se reflejó las puertas se abrieron, di el primer paso fuera teniendo a la vista a la rubia radiante de recepción, como siempre me sonrió alegremente; podría decirse que era la cara más bonita de todo este lugar.
— Buenos días, Brenda. — Le sonreí de la misma manera.
— Buenos días, Darcy.
Continue mi camino hacia el fondo, detrás de esta pared y puerta de mármol se encontraba la oficina del señor Meyer, le gustaba la privacidad y el silencio, aunque era un hecho irónico, ya que las paredes de su oficina eran de cristales totalmente transparentes y yo estaba presente.
Mi lugar en este espacio era un escritorio bastante amplio que daba el frente a la entrada, prácticamente todo lo hacía aquí, a excepción de cuando necesitaba alguna copia o imprimir algún documento, en ese caso debía de salir hacia la sala de impresiones que se encontraba al otro extremo del piso.
Deje los cafés en el mostrador para poner mis cosas en puesto.
— «El señor Meyer ya está aquí.»
La voz de Brenda salió del parlante del teléfono fijo; siempre me avisaba cuando él llegaba.
Arreglé mi vestimenta y tomé su café en manos, esperándolo con una expresión agradable.
La puerta se abrió dejando ver al imponente señor Meyer, era de alta estatura, una complexión física mesomorfo y moldeada, cabello oscuro, diría que tanto como el mío, sus facciones eran finas, sus ojos matizados de un color azul profundo, su rostro adornado con unas cejas ni finas ni muy gruesas, tenían el tamaño perfecto, y unos labios gruesos perfectamente delineados, y para finalizar una sutil barba que le daba exactamente el toque del señor Meyer, dueño y señor de este edificio.
Sus cejas se fruncieron levemente al verme, provocando que me recordara a mí misma no babear ante su presencia.
— Buenos días, señor Meyer.
Sus profundos ojos azulados me recorrieron minuciosamente de los pies a la cabeza sin ningún descaro.
— Te esmeraste.
Tomo el café que le ofrecí.
— Usted me lo pidió, señor Mayer. — Mi voz se escuchó robótica, aunque fue algo apropósito.
Aquella leve expresión alegre que empezaba a teñir su semblante fue sustituida por una de completa seriedad.
— ¿Qué te he dicho sobre responderme de esa manera?
— Oh, lo siento señor, no lo volveré hacer. — Continue con el tono.
— Basta, Darcy.
Guio su paso hacia su oficina.
— Sí, señor Meyer. — Le dije aun de la misma manera.
— Si continuas compartirás cubículo con Brenda.
Asentí para mí, esta vez sin decir nada más.
Le hacía falta un poco de humor, no era mi fuerte pero siempre trataba de sacarle una sonrisa o fastidiarlo, cosa que le gusta que hiciera, ya que, si mi jefe está feliz, yo también lo estoy.
Sin más tome mi café para luego sentarme en mi silla y empezar con las labores diarias, tenía mucho trabajo, esperanzada esperaba poder acabar a tiempo, puesto que tenía todas las intenciones de salir con mis amigas, y odiaría quedarme hasta tarde otro día más aquí.
La pantalla de mi teléfono se ilumino, mostrando el nombre de mi novio en un primer plano, rápidamente lo tome, sabiendo que era el mensaje de todos los días, aunque últimamente estaban siendo menos frecuentes de su parte.
Enri♥: Buenos días.
«Que amargo.»
Darcy: Buenos días, amor.
Deje el teléfono de pantalla contra el escritorio para no tener más distracciones, sabía que no recibiría más respuesta de su parte hasta el atardecer.
Primeramente, organice y separe algunos de los documentos que estaríamos utilizando en la próxima reunión para tenerlos listos, y cuando estuve a punto de iniciar con la tarea acumulada que tenía, la voz de Brenda salió del parlante.
— «¿Sí?»
— «El señor Biel y el señor Montgomery ya están aquí, ¿quieres que los pase a la sala de reuniones?»
Mire la hora en mi ordenador. Han llegado quince minutos antes, gire mi silla para echar un vistazo al señor Meyer, quien estaba aparentemente concentrado con la mirada puesta en unos papeles.
— «Sí, diles que el señor Mayer no ha llegado aún.»
— «Entendido.»
Me levante de la silla y me dirigí hacia su oficina, empuje la puerta para adentrarme dentro de esta, levanto su mirada fijándola en la mía, claramente esperando a que hablara.
— Perdone que lo interrumpa, señor, pero los señores Biel y Montgomery ya han llegado y esperan en la sala de reuniones.
Su mirada fue de pocos amigos como ya esperaba.
— Aun no es hora.
— Lo sé, les dije que avisaran que usted aún no ha llegado.
Hizo una expresión molesta. Al señor Meyer no le agradaban esta clase de acciones, siempre que decía una hora acordada él esperaba que se cumpliera esa palabra, ni más ni menos.
— Gracias, Darcy, prepárate para en diez minutos.
Asentí y salí de su oficina.
Revise la diapositiva en la tableta y los documentos una vez más cerciorándome de que nada faltara para que el señor Mayer no me aniquilara en la sala de reuniones
Pocos minutos después lo tuve en frente de mi toqueteándose la corbata, sabía lo que iba a pedir, por lo que me levanté y cuidadosamente le hice el nudo.
¿Sí sabía atarse la corbata? No lo sé, pero tampoco pedía mucha explicación a ciertas cosas que me ordenaba hacer por él.
— Listo — murmure.
— ¿Que tal luzco?
«Perfecto. »
— Presentable, señor Meyer.
Tome las cosas y nos aproximamos a salir, aunque me abrió la puerta y espero a que saliera primero.