Capítulo 6

834 Palabras
TÚ HICISTE ESTO (1/2) — «Señor Russell... Señor...» Respire agobiada debido a que el señor del otro lado de la línea no me dejaba hablar, y la expresión chistosa de mi jefe no ayudaba mucho a la situación. — «Señor Russell...» — «¿Es solo una hora? No lo sé, no lo recuerdo...» — «Señor...» — «¡Ah! Darcy querida, dime.» Me aclare la garganta agradeciendo mentalmente. — «Es su cena, es su evento, usted decide, si quiere posponerla esta bien, el señor Meyer no tendría ningún problema en reagendar hasta que usted solucione sus asuntos personales, así que no se preocupe por eso.» — «Es que no quería quedar mal, le tengo mucho aprecio al joven Nathaniel.» — «Y él lo aprecia por igual, señor Russell, le tiene mucho respeto y cariño, y por eso le aseguro de que no habrá ningún problema con él en reagendar.» El señor Meyer asintió muy atento sin apartar la mirada de la mía. — «Bueno, confió en tu palabra querida, Margot te enviara la nueva fecha en esta semana.» — «Perfecto señor Russell, lo esperare, y que tenga un excelente día, recuerde tomar sus medicamentos y saludos a su hija de mi parte.» — «Igual para ti querida.» Colgué la llamada y me recosté en mi asiento mientras resoplaba, no entiendo como lo dejaban tomar un teléfono si apenas sabia como usarlo, a pesar de que era una persona más que agradable, de vez en cuando solía estresarte, y todo sin querer, eso lo comprendía viniendo de un señor entrado en edad. — Necesito unas vacaciones después de esto — dije dramáticamente. — "¿Tome sus medicamento y saludos a su hija de mi parte?" — Repitió mis palabras con una ceja alzada. — El señor Russell y yo tenemos una excelente amistad, recuerde que siempre lo llama y yo soy la que termino teniendo conversaciones extensas con él, de hecho, a principios de la semana pasada me llamo en la noche por accidente, y pasamos horas charlando. Torció sus labios como si no pudiese creerlo. — Claro, pero a él le recuerdas tomarse sus medicinas, y eso conmigo no lo haces, y yo soy el que te pago el sueldo, y ni siquiera le mandas saludos a mis novias. Rodé los ojos. — Señor Meyer, usted no toma medicamentos, y sí me paga el sueldo, pero no para enviarle los buenos días a cada mujer que se cruza por su cama. Hizo un ademan con su mano. — Estoy bromeando, no tengo novias. — Se que no las tiene, señor. Dio unos pequeños toques en la superficie del mostrador con su dedo antes de darse la vuelta y retirarse en dirección a su oficina, yo por otro lado continue revisando documentos; tenia toda la mañana en esto. A pesar de la distancia sentía su mirada sobre mí, a lo que la levante y pude verlo en el marco de la puerta, efectivamente, mirándome fijamente como si tratara de ver a través de mí. Luego de vernos fijamente por unos segundos se atrevió a hablar. Puede que en otra ocasión hubiera dicho algo con gracias, sin embargo, no tenía ánimos ni siquiera de verle el rostro al hombre para el cual trabajo. — Espero que no te estes enfermando. Sus cejas se fruncieron levemente, al igual que las mías por su comentario. — ¿Disculpe? — No te ves bien, espero no te estes enfermando. Moví mi cabeza de un lado a otro en negación. — No se preocupe, no es nada físico. Estaba segura de que me veía del asco, ya que me sentía de esa manera, este fin de semana no pudo haber sido más caótico para mi cabeza, justamente ayer Sasha me envió una captura de pantalla de un perfil recién creado en Tinder, nada mas y nada menos que el señor Enrique Moral. No sabia como actuar y mucho menos tenía las ganas de reclamarle por nada, pero me hacía cuestionarme sobre qué clase de "tiempo fuera" habia pedido en nuestra relación, y si solo quería espacio para poder acostarse y ligar con alguien más, justo lo que se me paso por la cabeza ese día y decidí ignorar para no parecer una paranoica o toxica. Claramente quería hablar con él y que me explicara sobre eso, y puede que esta noche tome la iniciativa de llamarlo. — Darcy... — Volví a enfocar la vista en mi jefe. — El teléfono. Entonces lo escuche sonar. Despeje mi mente y tome la llamada, el señor Meyer volvió a marcharse hacia su oficina dejando la puerta abierta. — «M.D Meyer, ¿cómo puedo servirle?» — «Tu voz siegue siendo igual de sexy como la recuerdo, ¿me has extrañado?» Suspire con agobio. — «Sinceramente, no.» — «Auch.» Respire pesadamente y silencie la llamada. — ¡Es Gael señor Meyer! Hizo un ademan con su mano, dirigí la llamada hacia el señor Meyer y volví a poner el teléfono en su sitio.
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